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Fe 

Amén

Cuando la oración me resulte difícil, sin inspiración y vacía, tomaré mi cabeza entre mis dos manos y trataré de repetir un simple Amén desde el fondo de mi corazón.
El Amén es perentorio como una conclusión, como un tratado que se firma, como un proceso que se cierra, como un muerto que se entierra. Con el Amén cae la resistencia.

No es menester más que esa palabrita para hacer brotar en mí las virtudes que me faltan, y para que mi vida sea como una respuesta completa y simple a la gracia que vino a mi encuentro antes que yo tuviese conciencia de existir.
A lo largo de este día, en cualquier circunstancia, agradable o desagradable, repetiré mi Amén; que equivale al contenido de la otra palabra «Hágase»

Por Ignacio Larrañaga.

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