Editorial 

Netflix y “La primera tentación de Cristo”: ¿Libertad o libertinaje de expresión?

Por Sherman Calvo | Director.

Después del estreno en Netflix de la cinta cristianofóbica “La primera tentación de Cristo”, de la productora brasileña Porta Dos Fundos, en la que se presenta a Jesucristo como un hombre gay, Twitter se convulsionó con miles de usuarios cristianos que volvieron tendencia el hashtag #ChaoNetflix, con el que expusieron públicamente su descontento por dicha producción, lo cual llevó a que bajaran las acciones de la empresa después de cancelaciones masivas del servicio; más de 3 millones de firmas solicitaron a Netflix eliminar de su catálogo la película. 

La conmoción sigue en esta red social y la petición continúa recibiendo firmas de personas de todo el mundo, aunque la película permanece disponible en el catálogo de Netflix en la plataforma de streaming, que presenta a Jesús como homosexual, retrata a la Virgen María como prostituta y a los apóstoles como un grupo de alcohólicos. Este tipo de producciones utilizan la “libertad de expresión” como una táctica para atacar, criticar y desensibilizar al público, sobre la blasfemia y la burla de la fe.

Esta producción es “absolutamente inaceptable”, ya que nadie tiene derecho a ofender y atacar la fe de miles de millones de personas en todo el mundo. “Netflix abofeteó la cara de todos los cristianos burlándose de nuestra fe”, escriben en sus mensajes muchos católicos… Con la excusa de la “libertad de expresión”, se permite toda la basura, se alaba el sarcasmo a la fe de los demás. “¿Adónde va una sociedad que no respeta la religión y la sensibilidad de las personas? ¿Es bueno burlarse de los valores religiosos queridos por la gran mayoría de una sociedad, divertirse mofándose de realidades que son sagradas para muchos? ¿Netflix tenía el derecho moral de hacerlo?”… Y siguen subiendo comentarios muchos cristianos. 

Netflix no se ha pronunciado públicamente, pero recurrió a la Corte Suprema de Justicia de Brasil, misma que anuló la medida impuesta por un juez de Río de Janeiro, que obligaba a Netflix a retirar la polémica película. El argumento usado por el alto tribunal es que “la libertad de expresión es un derecho humano universal”. En mi opinión, la libertad de expresión es una cosa y el libertinaje de expresión algo muy diferente.

En primer lugar, por “libertad de expresión” no debemos entender sólo las simples opiniones o manifestación de pensamientos e ideas, sino que incluye la crítica, aún hiriente o molesta. Ahora bien, esto es muy distinto del “derecho al insulto”, que en ningún caso está amparado legalmente. Libertinaje es una actitud de abuso de la libertad dada, en el que el sujeto no asume las consecuencias de sus propios actos. Libertinaje viene de libertino, que deriva de la palabra en latín libertinus, que se refiere al individuo que trasgrede las barreras sociales sin control, ni obstáculos. El libertinaje es asociado al abuso o irrespeto de una determinada conducta como, por ejemplo, el abuso de alcohol, drogas o sexo que lleva a consecuencias inmorales, antiéticas o ilegales. Como casi todo, hay veces que esta libertad se lleva al extremo y se traduce en calumnias o mensajes injuriosos contra los demás.

Cada persona puede expresar sus opiniones libremente, es más, es un derecho de todos, y además constitucionalmente reconocido. Entonces, es cuando nos preguntamos: ¿La libertad de expresión no tiene límites? La respuesta es sí, y de hecho es más frecuente de lo que nos gustaría la colisión de la libertad de expresión con otros derechos fundamentales, como son el derecho al honor, a la intimidad personal y familiar. Esto es muy distinto del “derecho al insulto”, que en ningún caso está amparado legalmente. Quedan fuera del ámbito de la libertad de expresión las opiniones que sean tan vejatorias como innecesarias para la expresión de nuestras manifestaciones.

Aquí es donde la libertad de expresión entra en conflicto con el derecho al honor, entendido éste como la dignidad inherente a la condición de persona, es un derecho que tenemos todas las personas por el mero hecho de serlo. Si bien es cierto, libertad y libertinaje están dentro del contexto social y del código moral y ético de cada persona, cultura y sociedad, se diferencian básicamente en el respeto por la otra persona. La frase: “La libertad de uno termina cuando empieza la libertad del otro”, define la diferencia con el libertinaje, en otras palabras, es usar y abusar de la libertad sin tener en cuenta a los demás, ni a las consecuencias provocadas asociadas generalmente a los valores éticos y morales de cada sociedad. 

La libertad es un derecho y un valor que es acompañado con el respeto y la responsabilidad. Todos tienen la libertad de actuar, pensar y decir lo que uno quiere siempre y cuando no afecte a los otros, porque sería imposible distinguir dónde termina y empieza la libertad del otro.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos afirma que todo ser humano nace igual y libre, especificando los diferentes tipos de libertades, como lo son: la libertad de expresión, la libertad de prensa y la libertad de religiosa, por ejemplo. Que la libertad de expresión está en peligro es una realidad que no puede, ni debe ignorarse. El concepto es muy bonito, idílico, me atrevería a decir que casi romántico, pero como cualquier idea inocente, corre el riesgo de terminar siendo pervertida. La libertad es un derecho y un valor que es acompañado con el respeto y la responsabilidad.

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