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Editorial 

Todos los Santos, “Halloween vs. Holywins” y Conmemoración de los Fieles Difuntos

Por P. Fernando Gioia, EP | Colaborador Editorial

En pocos días, precisamente el 1º de noviembre, viviremos la solemnidad de Todos los Santos y al día siguiente la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Ambos momentos han sufrido la penetración – en las naciones hispanas – de la costumbre anglosajona de celebrar, en la tarde noche del 31 de este mes, Halloween –“All hallow’s eve”, que significa: “Víspera de Todos los Santos”. Víspera, como veremos, no muy “santa”.

Noche de brujas, fantasmas, terror, reflejando antigua costumbre pagana, que quita el sentido religioso de tan especiales circunstancias. Introducción detrás de él, escondida, la acción preternatural del demonio.

Esta pseudo celebración de los antiguos Celtas, que eran pobladores de Europa Central y Occidental por el siglo VI a.C., que practicaban rituales oscuros, adoraban la naturaleza, que le atribuían cualidades sobrenaturales y ejercían la práctica de sacrificios. No todos los celtas, al recibir la religión cristiana, tuvieron una auténtica conversión, conservaron costumbres, manteniendo supersticiones.  Entre ellas la adoración al “señor de la muerte” o “Samhain”, invocado para pedir prosperidad, salud, saber del futuro. Influencia que ha degenerado en una celebración que mantiene la fiesta de la muerte. Los sacerdotes celtas, los “druidas”, de gran influencia, eran hechiceros, magos, videntes. El festival al dios de la muerte se realizaba el 31 de octubre, con sacrificios de animales y, en ocasiones especiales, de humanos, para poder adivinar el futuro. Tenebroso, como podemos ver, es el origen de los Halloween.

Inmigrantes irlandeses fueron los que introdujeron la grotesca costumbre en los Estados Unidos, hoy en día festivo no religioso más grande. Difundida en algunos países de Hispanoamérica, en México llega a realizarse un mega desfile de los muertos, con altares y comidas típicas, día de los fieles difuntos.

No podía dejar de estar presente el consumismo, y no pocos colegios obligan a celebrarlo, involucrando a los niños a ir de casa en casa cantando rimas, disfrazados de diablos, muertos, monstruos y vampiros van de casa en casa gritando “Trick or treat” (broma o regalo). Hollywood ha contribuido mucho a su difusión, a través de películas, con violencia y asesinatos, y promoviendo el negocio de la venta de disfraces, máscaras, maquillajes, dulces y demás.

Anton LaVey, fundador de la primera iglesia satánica en los EUA, dijo que una de las fiestas más importantes para ellos es el 31 de octubre. Noche por excelencia para lo oculto, para los brujos, lo califican como el “cumpleaños” de Satanás.

Como vemos, es una fiesta que surge bañada de algo tenebroso, y como algo que no exalta a Dios. Días antes se reportan en partes del mundo la desaparición de niños, también gatos que los matan en los rituales. Fiesta en la cual, podemos decir, se abren las puertas para la entrada del demonio.

En sentido opuesto, en la Diócesis de Alcalá de Henares, de España -así como en numerosos lugares- se incentiva a los niños a vestirse de santos, recordando sus vidas a través de testimonios y canciones. Es lo que llaman de “Holywins”, juego de palabras que significa “la santidad vence”. En el decir del comunicado de la Diócesis: “pretende ayudar a la fiesta cristiana de Todos los Santos, frente al eclipse cada vez mayor que está sufriendo por la potente implantación de la fiesta pagana del Halloween”. Singular controversia que nos muestra el entrechoque, cada vez más intenso, entre el Bien y el mal.

Volvamos ahora nuestras miradas hacia Todos los Santos y nuestros Fieles Difuntos. El culto a todos los Santos abarca el culto a todas las almas que están en el Cielo, mismo las que no están canonizadas, rezando a ellas para pedir protección, lógicamente a las que tengan una relación más especial con nosotros. Es la oportunidad de encomendarnos a ellas en este día. Recordamos también a los Patriarcas, que fueron semilla; a los Profetas que rasgaron inspirados el velo misterioso del porvenir; a las Almas Inocentes, que aumentan el coro de los ángeles; a los Apóstoles que echaron los cimientos de la Santa Iglesia; a los Mártires, que ganaron la palma derramando su sangre; a los Monjes que combatieron en claustros silenciosos; a los Doctores cuyas plumas legaron ricos tesoros del saber; a los Soldados del Ejército de Cristo; a todos las santas y santos. ¡Qué cantidad maravillosa de intercesores a los cuales podremos pedir en la solemnidad de Todos los Santos!

Al día siguiente la Iglesia conmemora a los Fieles Difuntos, a las Santas Almas del Purgatorio, aquellos que, habiendo fallecido en estado de gracia, tienen que cumplir la pena temporal, esta purificación final que es completamente distinta del castigo de los condenados.  Terrible sufrimiento, con la esperanza del Cielo. “Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del Cielo” (Catecismo de la Iglesia, 1030).

En este día, estas almas se benefician con las santas Misas que se celebran en todo lugar, especialmente en los cementerios, y por nuestras oraciones. Cuenta San Agustín que su madre, Santa Mónica, lo único que les pidió al morir fue: «No se olviden de ofrecer oraciones por mi alma». ¡Qué agrado de parte de nuestros difuntos, fallecidos en gracia de Dios, de recibir nuestras oraciones! Llegando al Cielo, intercederán por nosotros.

 “Si reducimos al hombre exclusivamente a su dimensión horizontal -nos decía el Papa Emérito Benedicto XVI-, a lo que se puede percibir empíricamente, la propia vida pierde su sentido profundo. El hombre necesita de la eternidad, y cualquier otra esperanza para él es demasiado breve, demasiado limitada. El hombre puede explicarse sólo si existe un Amor que supera todo aislamiento, también el de la muerte, en una totalidad que trascienda también el espacio y el tiempo. El hombre se puede explicar, encuentra su sentido más profundo, sólo si existe Dios” (2-11-2011).

Recemos por nuestros difuntos, hagámoslo también por las almas de purgatorio que estén más abandonadas y por las cuales nadie reza.

P. Fernando Gioia, EP | Heraldos del Evangelio
www.reflexionando.com

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