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Halloween: Una actividad mala disfrazada de buena

Octubre es un mes que se caracteriza por un festival llamado HALLOWEEN. Muchas personas lo celebran, sin embargo, ¿saben todos que significa Halloween? ¿Sabes tú que ocurre en esa fecha?

Esta festividad parece ser algo de niños, inofensivo. ¿Es en realidad inofensivo? ¿Dejarías a tu hijo o niño salir solo esa noche…? ¿Le permitirías comer los caramelos y golosinas que le da un extraño? Hermano, no nos engañemos, Halloween no es una fiesta tan inofensiva y a continuación le explicamos el por qué.

ORIGEN

El origen de Halloween se remonta a un festival religioso de origen pagano, celebrado por los Celtas antes del Cristianismo. En sus creencias, ellos pensaban que en la noche del 31 de Octubre el dios Samhain liberaba a los espíritus de los muertos haciendo que fueran de casa en casa a visitar a los parientes. Si estos no le presentaban ofrendas, eran hechizados y castigados por los espíritus. Más tarde, los sacerdotes de este dios eran los que recogían las ofrendas y si eran satisfactorias, les dejaban una luz, o linterna, en la puerta que le llamaban la «Jack-o-Lantern». Durante estas fiestas sacrificaban muchas personas al dios Celta por medio del fuego, y de acuerdo a la forma en que resultaban quemadas, pronosticaban la buena y la mala suerte.

Con la llegada del Cristianismo, todas estas fiestas paganas de muerte y destrucción fueron abolidas. Los primeros cristianos, y la misma Iglesia, hicieron frente a estas celebraciones, aunque subsistieron en las montañas del norte de Escocia.

Desde el siglo VII, el Papa Bonifacio IV trasladó la Fiesta de todos los Santos para el primero de Noviembre con la idea de Cristianizar esta tradición y darle un sentido de luz a una fiesta satánica. En este día se celebran todos aquellos que desde los primeros días del Cristianismo dieron su vida por proclamar que JESÚS es el SEÑOR y no ningún otro. Este es un día para meditar en que nosotros no somos diferentes de ellos, y tenemos la obligación de proclamar el SEÑORÍO de JESÚS sobre toda la creación.

Con la llegada de los emigrantes ingleses descendientes de los Celtas a los Estados Unidos, a comienzos del Siglo XV, se introdujeron estas costumbres paganas en varios países y fueron duramente reprimidas por los primeros padres de la nación. No fue hasta el siglo pasado cuando ciertos comerciantes en la ciudad de New York idearon reavivar la antigua tradición pagana con el fin de incrementar sus ventas en esta época del año.

 SIGNIFICADO ACTUAL

Los símbolos de Halloween son símbolos de muerte y de horror. El ambiente que rodea esta fiesta es de temor. Ese día grandes contingentes de policías tienen que patrullar las calles mientras escuchamos las restantes semanas, noticias de terribles dramas ocurridos ese día.

Las iglesias satánicas celebran grandes cultos de sacrificios ese día, ya que es la fiesta más grande e importante de todo el año para ellos. Inclusive por televisión y radio, conocidos astrólogos hablan de la fecha.

Hermanos, esto no es de DIOS. El mismo nombre original de día ha cambiado de «All Hallows Eve» (Víspera de todos los Santos) A «Halloween», un nombre de terror. En las instituciones educativas, donde no se permite orar ni darle sentido Cristiano a las Navidades, fiestas verdaderamente Cristianas, si se celebra Halloween con gran publicidad y entusiasmo. ¿No los hace esto pensar?

La Palabra de DIOS nos habla claramente cuando no dice en Deuteronomio 18,9: «Cuando hayas entrado en la tierra que Yahvé Dios te de, no imites las abominaciones de esas naciones.» Halloween no es una fiesta Cristiana.
La Iglesia Católica la trató de suprimir desde el siglo VII. Diferentes denominaciones la han condenado. La Iglesia no celebra esta fiesta en ningún país del mundo. Escuchemos la voz del profeta guiado por DIOS: «No adoptes las malas costumbres de la tierra donde llegues.» En 2 Reyes 17,15 dice: «Fueron tras dioses vanos y se volvieron vanos ellos mismos.»

Es cierto que hay excusas. Siempre hay excusas. «Hermano, yo no participo de nada satánico, solamente me disfrazo y me divierto.» «A los niños le gusta, y ellos no entienden.» Es nuestra obligación delante de DIOS como cristianos enseñar a nuestros hijos desde temprano a no participar de la maldición y la maldad y a no comprometer la Palabra de DIOS.

¿Qué significa Halloween?

Halloween significa «All hallow’s eve», palabra que proviene del inglés antiguo, y que significa «víspera de todos los santos», ya que se refiere a la noche del 31 de octubre, víspera de la Fiesta de Todos los Santos. Sin embargo, la antigua costumbre anglosajona le ha robado su estricto sentido religioso para celebrar en su lugar la noche del terror, de las brujas y los fantasmas. Halloween marca un retorno al antiguo paganismo, tendencia que se ha propagado también entre los pueblos hispanos.

El 31 de octubre por la noche, en los países de cultura anglosajona o de herencia celta, se celebra la víspera de la fiesta de Todos los Santos, con toda una escenografía que antes recordaba a los muertos, luego con la llegada del Cristianismo a las ánimas del Purgatorio, y que ahora se han convertido en una ensalada mental en la que no faltan creencias en brujas, fantasmas y cosas similares.

En cambio, en los países de cultura mediterránea, el recuerdo de los difuntos y la atención a la muerte se centra en el 2 de noviembre, el día siguiente a la celebración de la resurrección y la alegría del paraíso que espera a la comunidad cristiana, una familia de «santos» como la entendía San Pablo.
Diversas tradiciones se unen, se mezclan y se influyen mutuamente en este comienzo de noviembre en las culturas de los países occidentales. En Asia y África, el culto a los antepasados y a los muertos tiene fuertes raíces pero no está tan ligado a una fecha concreta como en nuestra cultura.

En Hallowe’en (de All hallow’s eve), literalmente la Víspera de Todos los Santos, la leyenda anglosajona dice que es fácil ver brujas y fantasmas. Los niños se disfrazan y van -con una vela introducida en una calabaza vaciada en la que se hacen incisiones para formar una calavera- de casa en casa. Cuando se abre la puerta gritan: «trick or treat» (broma o regalo) para indicar que gastarán una broma a quien no les de una especie de propina o aguinaldo en golosinas o dinero.

Una antigua leyenda irlandesa narra que la calabaza iluminada sería la cara de un tal Jack O’Lantern que, en la noche de Todos los Santos, invitó al diablo a beber en su casa, fingiéndose un buen cristiano. Como era un hombre disoluto, acabó en el infierno.

Los Disfraces

Europa sufrió durante un largo período de tiempo la plaga bubónica o «peste bubónica» (también conocida como la «muerte negra») la cual aniquiló a casi la mitad de la población. Esto creó un gran temor a la muerte y una enorme preocupación por ésta. Se multiplicaron las misas en la fiesta de los Fieles Difuntos y nacieron muchas representaciones satíricas que le recordaban a la gente su propia mortalidad.

Estas representaciones eran conocidas como la Danza de la Muerte. Dado el espíritu burlesco de los franceses, en la víspera de la fiesta de los Fieles Difuntos, se adornaban los muros de los cementerios con imágenes en las que se representaba al diablo guiando una cadena de gente: Papas, reyes, damas, caballeros, monjes, campesinos, leprosos, etc…, y los conducía hacia la tumba. Estas representaciones eran hechas también a base de cuadros plásticos, con gente disfrazada de personalidades famosas y en distintas etapas de la vida, incluida la muerte a la que todos debían de llegar. De estas representaciones con disfraces, se fue estableciendo la costumbre de caracterizarse durante estas fechas.

Sin embargo, para los creyentes es la fiesta de todos los Santos la que verdaderamente tiene relevancia y refleja la fe en el futuro para quienes esperan y viven según el Evangelio predicado por Jesús. El respeto a los restos mortales de quienes murieron en la fe y su recuerdo, se inscribe en la veneración de quienes han sido «templos del Espíritu Santo».

Como asegura Bruno Forte, profesor de la Facultad teológica de Nápoles, al contrario de quienes no creen en la dignidad personal y desvalorizan la vida presente creyendo en futuras reencarnaciones, el cristiano tiene «una visión en las antípodas» ya que «el valor de la persona humana es absoluto». Es ajena también al dualismo heredero de Platón que separa el cuerpo y el alma. «Este dualismo y el consiguiente desprecio del cuerpo y de la sexualidad no forma parte del Nuevo Testamento para el que la persona después de la muerte sigue viviendo en tanto en cuanto es amada por Dios». Dios, añade el teólogo, «no tiene necesidad de los huesos y de un poco de polvo para hacernos resucitar. Quiero subrayar que en una época de «pensamiento débil» en la que se mantiene que todo cae siempre en la nada, es significativo afirmar la dignidad del fragmento que es cada vida humana y su destino eterno».

La fiesta de Todos los Fieles Difuntos fue instituido por San Odilón, monje benedictino y quinto Abad de Cluny en Francia el 31 de octubre del año 998. Al cumplirse el milenario de esta festividad, el Papa Juan Pablo II recordó que «San Odilón deseó exhortar a sus monjes a rezar de modo especial por los difuntos. A partir del Abad de Cluny comenzó a extenderse la costumbre de interceder solemnemente por los difuntos, y llegó a convertirse en lo que San Odilón llamó la Fiesta de los Muertos, práctica todavía hoy en vigor en la Iglesia universal».

«Al rezar por los muertos -dice el Santo Padre-, la Iglesia contempla sobre todo el misterio de la Resurrección de Cristo que por su Cruz nos obtiene la salvación y la vida eterna. La Iglesia espera en la salvación eterna de todos sus hijos y de todos los hombres».

Tras subrayar la importancia de las oraciones por los difuntos, el Pontífice afirma que las «oraciones de intercesión y de súplica que la Iglesia no cesa de dirigir a Dios tienen un gran valor. El Señor siempre se conmueve por las súplicas de sus hijos, porque es Dios de vivos. La Iglesia cree que las almas del purgatorio «son ayudadas por la intercesión de los fieles, y sobre todo, por el sacrificio propiciatorio del altar», así como «por la caridad y otras obras de piedad».

En razón a ello, el Papa a los católicos «a rezar con fervor por los difuntos, por sus familias y por todos nuestros hermanos y hermanas que han fallecido, para que reciban la remisión de las penas debidas a sus pecados y escuchen la llamada del Señor».

Una cultura de consumo que propicia y aprovecha las oportunidades para hacer negocios, sin importar cómo. Hollywood ha contribuido a la difusión del Halloween con una serie de películas en las cuales la violencia gráfica y los asesinatos crean en el espectador un estado morboso de angustia y ansiedad. Estas películas son vistas por adultos y niños, creando en estos últimos miedo y una idea errónea de la realidad. El Halloween hoy es, sobre todo, un gran negocio. Máscaras, disfraces, dulces, maquillaje y demás artículos necesarios son un motor más que suficiente para que algunos empresarios fomenten el «consumo del terror». Se busca además favorecer la imitación de las costumbres norteamericanas por considerarse que esto está bien porque este país tiene chapa de «superior».

Ante todos estos elementos que componen hoy el Halloween, vale la pena reflexionar y hacerse las siguientes preguntas:

¿Qué experiencia religiosa o moral queda después de la fiesta del halloween?

¿No es Halloween otra forma de relativismo religioso con la cual vamos permitiendo que nuestra fe y nuestra vida cristianas se vean debilitadas?

Si aceptamos todas estas ideas y las tomamos a la ligera en «aras de la diversión de los niños» ¿Qué diremos a los jóvenes (a quienes durante su infancia les permitimos jugar al Halloween) cuando acudan a los brujos, hechiceros, médiums, y los que leen las cartas y todas esas actividades contrarias a lo que nos enseña la Biblia?

Es que nosotros, como cristianos, mensajeros de la paz, el amor, la justicia, portadores de la luz para el mundo ¿podemos identificarnos con una actividad en donde todos sus elementos hablan de temor, injusticia, miedo y oscuridad? Sobre el tema de la paz podemos leer Fil. 4,9  Gál. 5,22. Ver qué dice Jesús sobre esto en Mt. 5,14  Jn. 8,12

Si somos sinceros con nosotros mismos y buscamos ser fieles a los valores de la Iglesia Católica, llegaremos a la conclusión de que el Halloween no tiene nada que ver con nuestro recuerdo cristiano de los Fieles Difuntos, y que todas sus connotaciones son nocivas y contrarias a los principios elementales de nuestra fe.

¿Cómo darle a los hijos una enseñanza auténtica de la fe católica en estas fechas? ¿Cómo hacer que se diviertan con un propósito verdaderamente católico y cristiano? ¿Qué podemos enseñarles a los niños sobre esta fiesta?

Ante la realidad que inunda nuestro medio y que es promovida sin medida por el consumismo nos preguntamos ¿qué hacer? ¿Taparnos los ojos para no ver la realidad? ¿Buscar buenas excusas para justificar su presencia y no darle mayor importancia a este «juego»? ¿Debemos prohibirles a nuestros hijos participar en el halloween mientras que sus vecinos y amigos se «divierten»? ¿Serían capaces los niños de entender todos los peligros que corren y por qué de nuestra negativa a participar en esto?

Los cristianos debemos no solo desenmascarar el mal sino ser además luz en las tinieblas. Debemos abogar por el retorno a la verdadera celebración de la Fiesta de Todos los Santos que comienza en la noche del 31 de octubreEn la liturgia de esa noche, San Pablo nos enseña que los santos están con nosotros:

Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad de Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, reunión solemne y asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos, y a Dios, juez universal, y a los espíritus de los justos llegados ya a su consumación. 
-Hebreos 12,22-24

Debemos celebrar gozosamente esta realidad. Se pueden hacer muchas celebraciones en torno a los santos. Los niños se pueden disfrazar de un santo favorito y aprenderse su vida, especialmente sus virtudes, con el fin de imitarlas.  Los mayores pueden leer sobre los santos, tener una fiesta en honor a un santo favorito de la comunidad o de la familia.

La Fiesta de Todos los Santos es una invitación a ser nosotros también santos. Las vidas maravillosas de los santos nos ayudan a vivir más perfectamente el Evangelio. Encontramos en ellos grandes amigos que intercederán desde el cielo por nuestra salvación.

Por Comunidad Católica El Salvador del Mundo.

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