Evangelio 

Evangelio del día Miércoles 24 de Abril

Miércoles de la Octava de Pascua.

Santo del día:
Santa Elizabeth Hesselblad, San Fidel de Sigmaringa.


† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 24,13-35.

Ese mismo día, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén.
En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.
Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos.
Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
El les dijo: “¿Qué comentaban por el camino?”. Ellos se detuvieron, con el semblante triste,
y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!”.
“¿Qué cosa?”, les preguntó. Ellos respondieron: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo,
y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas.
Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro
y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que él está vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo vieron”.
Jesús les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!
¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?”
Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él.
Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante.
Pero ellos le insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba”. El entró y se quedó con ellos.
Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio.
Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.
Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”.
En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos,
y estos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!”.
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

El camino de Emaús se transforma así en símbolo de nuestro camino de fe: las Escrituras y la Eucaristía son los elementos indispensables para el encuentro con el Señor.

También nosotros llegamos a menudo a la Misa dominical con nuestras preocupaciones, nuestras dificultades y desilusiones.

La vida a veces nos hiere y nos vamos tristes hacia nuestra “Emaús”, dando la espalda al designio de Dios. Nos alejamos de Dios. Pero nos acoge la Liturgia de la Palabra: Jesús nos explica las Escrituras y reenciende en nuestros corazones el fuego de la fe y de la esperanza y en la comunión nos da fuerza.

Palabra de Dios y Eucaristía: leer cada día una parte del Evangelio, recuérdenlo bien, leer cada día una parte del Evangelio y los domingos ir a hacer la comunión, a recibir a Jesús.

Así sucedió con los discípulos de Emaús, han recibido la Palabra, han compartido la fracción del pan, y de tristes y derrotados que se sentían, se sintieron alegres.

Siempre, queridos hermanos y hermanas, la Palabra de Dios y la Eucaristía nos llenan de alegría.

Recuérdenlo bien. Cuando tu estas triste o algo así, toma la Palabra de Dios. Cuando tú estás desanimado, toma la Palabra de Dios y va a la Misa del domingo a hacer la Comunión, a participar del misterio de Jesús. Palabra de Dios, Eucaristía: nos llenan de alegría.

Por intercesión de María Santísima, roguemos para que todo cristiano, reviviendo la experiencia de los discípulos de Emaús, especialmente en la Misa dominical, redescubra la gracia del encuentro transformante con el Señor, con el Señor resucitado, que está con nosotros siempre.

Hay siempre una Palabra de Dios que nos guía en nuestra desorientación; y a través de nuestros cansancios y desilusiones, hay siempre un Pan partido que nos hace seguir adelante en el camino. (Homilía. Reflexión antes de la oración del Regina Coeli, 05 de mayo de 2014)

Oración de Sanación

Señor, quiero dedicarte mis primeros pensamientos, agradeciendo por todos los favores, por el don del amor, por hacerme sentir vivo y redimido por Ti.

Sé que me amas con todas las fuerzas de tu ser, esperando por mi conversión y con gran regocijo para hacerme renacer en tu fuego sagrado.

Dame las fuerzas que requiero para continuar mis luchas y avivar la fe en mí, para que nunca se apague esa llama con la que pones a arder mi corazón.

Quiero guardarte en lo profundo de mi corazón como el Tesoro más valioso de mi vida, como mi perla preciosa. Quédate a mi lado, sáname y sálvame.

Te quedaste en una frágil pieza de pan para darnos todo lo que necesitamos para vivir la vida feliz, llenándonos de paz que alivia y le da descanso al alma.

Eres Eucaristía, Pan vivo bajado del Cielo, el más delicioso Vino que exulta a mi alma, uniendo mi corazón al tuyo en una llama inextinguible de amor.

Ven, amado mío, fuego sagrado inagotable, deja caer tu bendición sobre mí y hazme sentir vivo para siempre y así, nunca más sentirme abandonado.

Dame fuerzas, que arda mi corazón para repetir como el salmista: “Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu”. Amén.

Propósito para hoy

En tu próxima Eucaristía, recuerda tus fallas y pide a Dios que ponga a arder tu corazón con el fuego del amor.

Frase de reflexión

“Murió, fue sepultado, resucitó y se apareció. Es decir, Jesús está vivo. Este es el núcleo del mensaje cristiano”. Papa Francisco


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