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Fe 

Jonás y la cuaresma

Cada año la Iglesia se prepara para celebrar la fiesta de la Pascua con un corazón renovado. Para ello instituyó el tiempo de cuaresma que inicia con el miércoles de ceniza. Prácticas como la oración, el ayuno, la penitencia y la ceniza tienen su fundamento en la Sagrada Escritura, como es el caso del libro de Jonás, Judit o Isaías:

“Cuando Mardoqueo se enteró de lo que había pasado, rasgó sus vestiduras, se puso un sayal, se cubrió de ceniza y salió por la ciudad dando gritos de amargura. Había un gran duelo entre los judíos, con ayunos, lágrimas y lamentaciones. Y el sayal y la ceniza sirvieron de lecho para muchos”.

Gracias a esos elementos la ciudad de Nínive se convirtió y evitó su destrucción. Cada cuaresma nos invita a la conversión. En la Sagrada Escritura el número 40 significa tiempo de preparación. Del número 40 se derivó el nombre cuaresma. La Pascua no tiene fecha fija y, por lo tanto, la cuaresma tampoco. La Pascua se celebra el primer domingo de luna llena de primavera. Para calcular el inicio de la cuaresma se buscan las condiciones mencionadas y se cuentan cuarenta días hacia atrás (sin contar los domingos) y así se fija la fecha del miércoles de ceniza.

Las principales características de la cuaresma son:

  • Gracia Divina. Es un tiempo en que Dios se manifiesta más cercano a nosotros y nos da su gracia para acercarnos a Él.
  • Oración. Mediante la oración el espíritu crece y se transforma. El Vía Crucis de los viernes es una práctica de la cuaresma.
  • Reflexión. A través de los llamados “ejercicios espirituales”, meditaciones o actos penitenciales, se invita a los fieles a una reflexión, profunda, a un análisis de la propia vida y a un examen de conciencia.
  • Arrepentimiento, Penitencia y Perdón. Se invita a los fieles al sacramento de la Reconciliación. Durante este tiempo, el señor Arzobispo concede una gracia especial a todos los sacerdotes por la que pueden absolver los pecados que ordinariamente solo puede absolver el señor Obispo o los sacerdotes penitenciarios (ejemplo: el aborto).
  • Caridad. La cuaresma es tiempo de sencillez y austeridad que permite compartir. El cristiano, mediante el ayuno y la vigilia, se alimenta en forma sencilla y austera. Esto le permite ahorrar un poco para poder ayudar a los más necesitados (con alimento o en forma económica). El ayuno o abstinencia no tienen sentido en sí mismos, adquieren sentido cuando la persona se sirve de ellos para crecer en la caridad y para acercarse a Dios.
  • Ayuno y Abstinencia. El ayuno se entiende como una comida fuerte al día. Se debe ayunar el miércoles de ceniza y viernes santo. Obliga a personas mayores de 18 años y hasta los 59. La iglesia invita a los fieles a alimentarse en forma austera y abstenerse de carnes, especialmente el viernes, por ser el día de la muerte de Cristo. El pescado se consideraba alimento de vigilia porque era el alimento de los pobres que vivían cerca de mares, ríos y lagos. No es obligatorio comer pescado, sino alimentarse en forma sencilla. La abstinencia, además de enseñarnos a dominar a la voluntad, nos ayuda a compartir en caridad con los necesitados. La abstinencia obliga a partir de los 14 años, aunque es conveniente invitar a los niños a participar de ella. La cuaresma bien vivida puede ayudarnos a celebrar mejor la Pascua: “A consolar a todos los que están de duelo, a cambiar su ceniza por una corona, su ropa de luto por el óleo de la alegría, y su abatimiento por un canto de alabanza”.

No debemos esperar que la destrucción sea inminente para transformar el corazón. Cuarenta días al año pueden hacer la gran diferencia.

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