Evangelio 

Evangelio del día Miércoles 20 de Marzo

Miércoles de la segunda semana de Cuaresma

Santo del día: Santa María Josefa del Corazón de Jesús, San Martín Dumiense.


† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 20,17-28.

Cuando Jesús se dispuso a subir a Jerusalén, llevó consigo sólo a los Doce, y en el camino les dijo:
“Ahora subimos a Jerusalén, donde el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas. Ellos lo condenarán a muerte
y lo entregarán a los paganos para que sea maltratado, azotado y crucificado, pero al tercer día resucitará”.
Entonces la madre de los hijos de Zebedeo se acercó a Jesús, junto con sus hijos, y se postró ante él para pedirle algo.
“¿Qué quieres?”, le preguntó Jesús. Ella le dijo: “Manda que mis dos hijos se sienten en tu Reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda”.
“No saben lo que piden”, respondió Jesús. “¿Pueden beber el cáliz que yo beberé?”. “Podemos”, le respondieron.
“Está bien, les dijo Jesús, ustedes beberán mi cáliz. En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes se los ha destinado mi Padre”.
Al oír esto, los otros diez se indignaron contra los dos hermanos.
Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;
y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo:
como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

Juan y Santiago, le piden a Jesús sentarse, en su gloria, uno a su derecha y el otro a su izquierda, lo que provoca una discusión entre los otros sobre quién era el más importante en la Iglesia.

La tentación de los discípulos es la misma que la de Jesús en el desierto, cuando el demonio le propone otro camino:

“Hazlo todo rápidamente, haz un milagro, algo que todo el mundo vea. Ve al templo y haz el paracaidista sin dispositivo, así todo el mundo verá el milagro y así se hará la redención”.

Es la misma tentación de Pedro cuando en un primer momento no acepta la pasión de Jesús. Es la tentación de un cristianismo sin la cruz, un cristianismo a medio camino.

La tentación del cristianismo sin la cruz, una iglesia a medio camino, que no quiere llegar a donde el Padre quiere, es la tentación del triunfalismo. Queremos el triunfo de hoy, sin ir a la cruz, un triunfo mundano, un triunfo razonable

[…] El triunfalismo en los cristianos, frena a los cristianos. Una Iglesia triunfalista, es una Iglesia a mitad de camino, una Iglesia que es feliz así, bien equipada – ¡bien arreglada! – con todas las oficinas, todo muy bien, todo bonito ¿eh? Eficiente.

Pero una Iglesia que reniega a los mártires, porque no sabe que los mártires son necesarios a la Iglesia para el camino de la Cruz.

Una Iglesia que sólo piensa en los triunfos, los éxitos, que no sabe aquella regla de Jesús: la regla del triunfo a través del fracaso, el fracaso humano, el fracaso de la Cruz. Y ésta es una tentación que todos tenemos”.

Recuerdo que una vez, en que atravesaba un momento oscuro de mi vida espiritual y le pedía una gracia al Señor, fui a predicar los ejercicios espirituales a unas monjas. Y el último día se confesaron.

Vino a confesarse una religiosa anciana, de más de 80 años, pero con los ojos claros y muy luminosos: era una mujer de Dios. Al final de la confesión viendo que era una verdadera mujer de Dios, le dije: “oiga, como penitencia, rece por mí, porque necesito una gracia, ¿eh? Si usted se la pide al Señor, seguro que me la dará”.

Se detuvo un momento, como si rezara, y luego me dijo:

“Claro que el Señor le dará la gracia, pero no se engañe: se la dará a su manera divina”.

Esto me hizo muy bien. Sentir que el Señor siempre nos da lo que pedimos, pero a su manera divina. Y el modo divino es esto hasta el final. La forma divina consiste en la Cruz, no por masoquismo: no, no! Por amor. Por amor hasta el extremo

Pidamos al Señor la gracia de no ser una Iglesia a mitad de camino, una Iglesia triunfalista, de grandes éxitos, sino de ser una Iglesia humilde, que camina con decisión, como Jesús. Adelante, adelante, adelante.

Con el corazón abierto a la voluntad del Padre, como Jesús. Pidamos esta gracia” (Homilía en Santa Marta, 29 de Mayo de 2013)

Oración de Sanación

Señor, quiero tener hoy la capacidad de escuchar tus inspiraciones, dejarme instruir por tu Palabra pues Ella me conduce por caminos seguros y alegres.

Analizar y comprender lo que sucede en mi interior, a la luz de tu Verdad, me hará crecer en sentido pleno, abriendo mi corazón a tus consejos.

Ayúdame a no buscar la fama, a desprenderme de ese deseo obstinado por ser apreciado, a procurar el último lugar y ser aquel que sólo vive para servir.

Tú no desprecias un corazón humillado, por eso, acudo a tu compasión para que restaures en mí todo aquello que perdí debido mis actitudes equivocadas.

El peor enemigo lo tengo en mi corazón, cuando dejo que me gobiernen los malos deseos y la inclinación terrena de destacarme y brillar entre los demás.

Oh Señor, dame un corazón lleno de un amor. Libérame de rencores y odios que dañan mi corazón y no me permiten alcanzar la grandeza ante tus ojos.

Tú eres el Dios del perdón, por eso, declaro mis miserias y te confieso todos mis pecados, confiado en la promesa de que me restaures y me sanes.

Ayúdame ahora, con tu Gracia y tu Poder, a no desviarme del proyecto de salvación que me tienes guardado y a actuar según tu voluntad. Amén

Propósito para hoy

Haré un acto de caridad con alguien que pase necesidad, sin que alguien conocido se de cuenta.

Frase de reflexión

“Que el Señor nos dé la sabiduría de buscar lo que cuenta verdaderamente y el valor de amar, no con palabras sino con hechos”. Papa Francisco.

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