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Editorial 

La familia: un camino para la paz

Por Sherman Calvo | Director.

El domingo que sigue a la Navidad nos lleva a la intimidad de aquella santa familia en que se desarrolló el Hijo de Dios hecho hombre; es una fiesta que tiene como finalidad evocar las virtudes que reinaban en el hogar de Jesús.  La familia es el lugar donde los miembros nacen, aprenden, se educan y desarrollan. Debe ser refugio, orgullo y felicidad de todos sus integrantes. Cuando la familia tiene problemas, alegrías o tristezas internas, repercuten en todos los familiares, sufriéndolos o disfrutándolos, debido a su interrelación.

Todas las legislaciones del mundo deben tener leyes que protejan el concepto de la familia y facilitar lo más posible su unión y continuidad. La familia es como un castillo, además de servir de refugio de sus integrantes, tienen que salir a defenderla de todos los ataques que le hagan. No pueden permitir que lo dañino pase sus puertas. Todos tienen que formar un solo cuerpo para preservar su propia vida presente y futura.

La familia está fundada en el matrimonio, exclusivamente la unión por amor ante Dios, del hombre y de la mujer, para complementarse mutuamente y transmitir la vida y la educación a los hijos. El matrimonio es un trabajo de todos los días, se puede decir que artesanal, un trabajo de orfebrería porque el marido tiene la tarea de hacer más mujer a la mujer y la mujer tiene la tarea de hacer más hombre al marido. Un matrimonio no tiene éxito sólo si dura, es importante su calidad. Estar juntos y saberse amar para siempre es el desafío de los esposos cristianos. Todos sabemos que no existe la familia perfecta, ni el marido o la mujer perfectos. No digamos los suegros perfectos… La familia es la fuente de toda fraternidad, y por eso es también el fundamento y el camino primordial para la paz.PUBLICIDAD

El matrimonio es mucho más que una unidad legal, social o económica. Es una comunidad de amor y solidaridad, para transferir e instalar en las mentes las virtudes y valores humanos, culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, así como los principios de convivencia, tanto internos como externos, que tan esenciales son para el desarrollo y el bienestar de sus miembros y de la sociedad. La educación y conocimientos que se adquieren en la familia, perduran para siempre. Tener una buena familia es  una bendición, un privilegio. Sentirla como refugio en las angustias, peligros o incertidumbres y percibirla como receptora, para compartir las alegrías y logros alcanzados.

La familia es una unidad de destino religioso, social y político. Tiene que defenderse de los ataques de sus innumerables enemigos, algunas veces incluso de los que tiene dentro. Muchas veces sus enemigos están fuera, llegando hasta los espíritus malignos, intentando que la familia no tenga la unidad necesaria para sobrevivir. Estos enemigos lo hacen a través de varias maneras y por eso tenemos la obligación, de la mano de Dios, de intentar que la familia sea una realidad de unión y perfecta convivencia, empezando por la propia. Los padres tienen que inculcar a sus hijos la grandeza de la familia, que es la base que sostiene unida a la sociedad. Donde todos los familiares, hombro con hombro, han empujado en la misma dirección hacia solventar los problemas, ellos tendrán muchas probabilidades de éxito.   Donde no  importan  los sacrificios individuales, por conseguir los objetivos comunes. Donde cada uno pone lo mejor de sí, en beneficio de los demás. Donde todos forman un escudo humano, ante los problemas que llegan del exterior. Donde se unen todos los miembros de la familia, para defender o proteger a cada uno de los integrantes. Es preferible una famila con rostros cansados, a una familia con rostros maquillados, que no han sabido de ternura y compasión.

Los padres tenemos que enseñar a los hijos con nuestro ejemplo y nuestras palabras, la importancia de una familia bien unida, las ventajas de mantenerse juntos asimismo, a sentir un sano y enorme orgullo por ser miembros de la familia. “Tener un lugar adonde ir, se llama hogar. Tener personas a quien amar, se llama familia, y tener ambas se llama bendición”.

Demos gracias a Dios por este año que hemos vivido, pero también digámosle: Bendícenos, Señor, durante este nuevo año que iniciamos y como la fecha es propìcia para fijarse metas, tengamos en cuenta este objetivo: Trabajar en el 2019 por dignificarnos nosotros y a nuestras familias.

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