Evangelio 

Evangelio del día Lunes 15 de Octubre

Lunes de la vigésima octava semana del tiempo ordinario.

Santo del día: Santa Teresa de Ávila.

 

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 11, 29-32.

Al ver Jesús que la multitud se apretujaba, comenzó a decir: “Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás.
Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación.
El día del Juicio, la Reina del Sur se levantará contra los hombres de esta generación y los condenará, porque ella vino de los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón y aquí hay alguien que es más que Salomón.
El día del Juicio, los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás y aquí hay alguien que es más que Jonás.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco:

Jesús habla de una “generación perversa”. Su palabra es muy dura. Pero no se refiere a las personas que lo seguían con mucho amor, sino a los doctores de la ley que trataban de probarlo y hacerlo caer en una trampa. Estas personas, por cierto, le pedían signos y Jesús les responde que sólo se les dará la señal de Jonás.

Existe sin embargo, el síndrome de Jonás. El Señor le pidió que fuera a Nínive, y él huye a España. Jonás se dijo:

“…Tengo las cosas claras: la doctrina es ésta, se debe hacer esto, y los pecadores que se las arreglen, yo me voy”.

Los que viven de acuerdo con este síndrome de Jonás, Jesús los llama hipócritas , porque ellos no quieren la salvación de la pobre gente, de los ignorantes y pecadores.

El signo que Jesús promete por su perdón, a través de su muerte y su resurrección, es su misericordia: “Misericordia quiero y no sacrificio”.

El signo de Jonás, el verdadero, es lo que nos da la confianza para ser salvados por la sangre de Cristo. ¿Cuántos cristianos, cuántos son los que piensan que van a ser salvados solamente gracias a lo que hacen, por sus obras.

Las obras son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta al amor misericordioso que nos salva. Sin embargo, las mismas obras, sin este amor misericordioso no sirven. En cambio, el síndrome de Jonás tiene confianza solo en su justicia personal, en sus obras.

Es así que el Síndrome de Jonás nos lleva a la hipocresía, a aquella suficiencia, a ser cristianos limpios, perfectos, porque hacemos estas obras: cumplimos los mandamientos, todo. Es una gran enfermedad.

Y está la señal de Jonás, que es la misericordia de Dios en Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros, por nuestra salvación. (Holimía en Santa Marta, 14 de octubre de 2013)

Oración de Sanación

Señor mío, Tú eres el Dios del amor y de las transformaciones, el que es Todo compasivo y todo misericordioso. Sáname con tu perdón y el poder de tu amor.

Ven y lléname de Ti. No hay persona en este mundo que sea tan pecadora al que Tú no le niegues experimentar tu bondad en tu abrazo reconciliador.

Al igual que, aquellas personas que buscaban sentir tu cercanía, yo también me quiero contar entre ellas y recibir tu fuerza perdonadora y sanadora.

Quiero reflejar tu amor a aquellos a los que tanta falta le hace sentir tu abrumadora fuerza que restaura toda herida y que hace sentirnos amados y valiosos.

Tú no desprecias a un corazón humillado, por eso hoy te pido que me hagas libre de toda atadura, sentir tu plena libertad y poner toda mi confianza en Ti.

Me sostengo en tu Palabra y en tus promesas. Ven y hazme experimentar toda tu gracia y que mi corazón jamás se sienta distante y solitario.

Tú eres la fuente de mi alegría, la luz de mi vida, mi norte y mi escudo. Tu Palabra es esperanza que me invita a la conversión y a la penitencia.

Ayúdame, oh Señor mío, a vivir en tu presencia y entregado a todo acto de caridad que me conduzca por el sendero de tu misericordia. Amén.

Propósito para hoy

Haré un acto pequeño acto de caridad con alguien que no tolero mucho sin que nadie se dé cuenta.

Frase de reflexión

“Jesús, ayúdanos a amar a Dios como Padre y a nuestro prójimo como a un hermano”. Papa Francisco.

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