Evangelio 

Evangelio del día Viernes 12 de Octubre

Viernes de la vigésima séptima semana del tiempo ordinario.
Nuestra Señora del Pilar.

 

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 11,15-26.

Habiendo Jesús expulsado un demonio, algunos de entre la muchedumbre decían: “Este expulsa a los demonios por el poder de Belzebul, el Príncipe de los demonios”.
Otros, para ponerlo a prueba, exigían de él un signo que viniera del cielo.
Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: “Un reino donde hay luchas internas va a la ruina y sus casas caen una sobre otra.
Si Satanás lucha contra sí mismo, ¿cómo podrá subsistir su reino? Porque -como ustedes dicen- yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul.
Si yo expulso a los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los expulsan los discípulos de ustedes? Por eso, ustedes los tendrán a ellos como jueces.
Pero si yo expulso a los demonios con la fuerza del dedo de Dios, quiere decir que el Reino de Dios ha llegado a ustedes.
Cuando un hombre fuerte y bien armado hace guardia en su palacio, todas sus posesiones están seguras,
pero si viene otro más fuerte que él y lo domina, le quita el arma en la que confiaba y reparte sus bienes.
El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.
Cuando el espíritu impuro sale de un hombre, vaga por lugares desiertos en busca de reposo, y al no encontrarlo, piensa: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’.
Cuando llega, la encuentra barrida y ordenada.
Entonces va a buscar a otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí. Y al final, ese hombre se encuentra peor que al principio”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

La presencia del demonio está en la primera página de la Biblia y la Biblia termina también con la presencia del demonio, con la victoria de Dios sobre el demonio.

Por esta razón, no debemos ser ingenuos. El Señor nos da algunos criterios para discernir la presencia del mal y para seguir el camino cristiano cuando hay tentaciones.

Uno de los criterios es no seguir la victoria de Jesús sobre el mal sólo a medias. O estás conmigo – dice el Señor – o estás contra mí.

Jesús ha venido para destruir al demonio, a liberarnos de la esclavitud del demonio sobre nosotros… En este tema no hay matices. Es una lucha donde se juega la salud, la salud eterna, la salvación eterna de todos nosotros.

Luego está el criterio de la vigilancia. Siempre debemos vigilar contra el engaño, contra la seducción del maligno.

Podemos hacernos la pregunta: “¿vigilo sobre mí, sobre mi corazón, sobre mis sentimientos, sobre mis pensamientos’? ¿Custodio el tesoro de la gracia? ¿Custodio la presencia del Espíritu Santo en mí? ¿O dejo las cosas así, seguro, creyendo que todo está bien?”… Tres criterios, eh… No hay que confundir la verdad.

  • Primer criterio: Jesús lucha contra el demonio.
     
  • Segundo criterio: quien no está con Jesús, está en contra de Jesús. No hay posiciones a medias.
     
  • Tercer criterio: la vigilancia sobre nuestro corazón, porque el demonio es astuto. Jamás ha sido expulsado para siempre. Sólo el último día lo será.

Cuando el espíritu impuro sale del hombre, deambula por lugares desiertos, buscando reposo, y no encontrándolo, dice:

“Volveré a mi casa, de donde salí”

Y cuando la encuentra barrida y ordenada, va toma otros siete espíritus peores que él, entran y se instalan ahí. Y, de esta manera, la última condición de aquel hombre resulta peor que la primera.

Vigilancia, porque la estrategia del demonio es ésta:

“Te has convertido en cristiano, va adelante en la fe, te dejo, te dejo tranquilo. Pero luego, cuando te has acostumbrado, y no vigilas tanto, y te sientes seguro, yo regreso”.

“Pero, Padre, ¡usted es un poco anticuado! Nos asusta con estas cosas”… No, yo no… Es el Evangelio. Y no son mentiras: es la Palabra del Señor.

Pidamos al Señor la gracia de tomar en serio estas cosas. Él ha venido a luchar por nuestra salvación. Él ha vencido al demonio. Por favor, no negociemos con el demonio. Él trata de volver a la casa, de tomar posesión de nosotros… No relativizar, vigilar… Y siempre con Jesús” (Homilía en Santa Marta, 11 de octubre de 2013)

Oración de sanación

Señor mío, quiero encomendarme hoy a tu santísima divinidad para que, con tu presencia amorosa, toques mi corazón y lo hagas libre de temores, para que todo cuánto haga, piense y actúe, esté completamente lleno de Ti.

Lo que yo más quiero, es estar contigo, disfrutar de esa paz que irradias y que envuelve el alma en una esperanza de una vida mejor. Fuera de Ti: nada, solo abunda el pecado y la astucia del demonio por hacerme caer. A tu lado, siento la felicidad cercana a mi corazón

Requiero de tu ayuda, estoy lleno de dificultades y problemas, tengo muchas debilidades y me asechan muchas tentaciones. A veces hago el mal que no debo, intentando hacer el bien que quiero, digo cosas que no están bien y lastimo a los demás.

Dame de tu gracia para saber discernir lo que más me conviene. Aparta de mí vida todo sentimiento de miedo. Dame de tu sabiduría para querer siempre perseguir el bien, desechar toda situación de división y enemistad que el demonio quiera sembrar en mi familia.

Ayúdame a ser claro, honesto, sincero, transparente. Conociéndote mejor, me ayudará a evitar los peligros, las hostilidades de los que buscan hacerme daño y a reconocer las obras que realiza el maligno a mi alrededor en sus intentos por desviarme de tu Santo Amor.

No me dejes, Señor mío, no me dejes nunca caer en la tentación y líbrame de todo mal. Sé que contigo puedo tener nuevos comienzos cargados de fuerzas, y puedo vivir con la seguridad de que, a cada problema, encontraré soluciones que me muestren el camino hacia mi felicidad y la de los de los míos.

Te amo Señor, confío en que, con la fuerza de tu Espíritu Santo, me impulsas para lograr todos mis sueños y no quedar abatido en el camino debido a las distintas oscuridades de este mundo que me acechan y me quieren ver derrotado.

Confío en tu amor y en tu poder, amado mío. Toca mi alma y acaríciala con tu bondad. Cuídame y hazme feliz. Dame esos abrazos de ternura que en algunas ocasiones me hacen falta. Gracias por no dejarme solo y por ayudarme a vencer mis propias limitaciones.

Eres un Dios de amor, te reconozco como mi Padre, mi amigo, el dueño de mi vida y de mi corazón. Te amo Señor.

Amén

Propósito para hoy

Presentarme ante los demás como realmente soy, evitando cualquier tipo de hipocresía por insignificante que pueda parecer

Frase de reflexión

La vida se vuelve más bella cuando descubrimos que nuestra alma descansa solamente en Dios. Papa Francisco.

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