Evangelio 

Evangelio del día Martes 18 de Septiembre

Martes de la vigésima cuarta semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San José Cupertino.

 

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 7, 11-17.

Jesús se dirigió a una ciudad llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud.
Justamente cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, llevaban a enterrar al hijo único de una mujer viuda, y mucha gente del lugar la acompañaba.
Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: “No llores”.
Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo: “Joven, yo te lo ordeno, levántate”.
El muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo”.
El rumor de lo que Jesús acababa de hacer se difundió por toda la Judea y en toda la región vecina.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

La muerte es una experiencia que concierne a todas las familias, sin ninguna excepción. Es parte de la vida; sin embargo, cuando toca a los afectos familiares, la muerte no nos parece jamás natural.

Para los padres, sobrevivir a los propios hijos es algo particularmente desgarrador, que contradice la naturaleza elemental de las relaciones que dan sentido a la familia misma.

La pérdida de un hijo o de una hija es como si detuviera el tiempo: se abre un abismo que traga el pasado y también el futuro. La muerte, que se lleva el hijo pequeño o joven, es una bofetada a las promesas, a los dones y sacrificios de amor alegremente entregados a la vida que hemos hecho nacer.

Tantas veces vienen a misa en Santa Marta padres con la foto de un hijo, una hija, niño, muchacho, muchacha y me dicen: “se fue”. La mirada es tan dolorida. La muerte toca y cuando es un hijo toca profundamente.

[…] En el pueblo de Dios, con la gracia de su compasión donada en Jesús, tantas familias demuestran, con los hechos, que la muerte no tiene la última palabra y esto es un verdadero acto de fe.

Todas las veces que la familia en el luto – incluso terrible – encuentra la fuerza para custodiar la fe y el amor que nos unen a aquellos que amamos, impide a la muerte, ya ahora, que se tome todo.

[…] Nuestros seres queridos no desaparecieron en la oscuridad de la nada: la esperanza nos asegura que ellos están en las manos buenas y fuertes de Dios. El amor es más fuerte que la muerte.

[…] Yo quisiera subrayar la última frase del Evangelio que hoy hemos escuchado. Después que Jesús trae de nuevo a la vida a este joven, hijo de la mamá que era viuda, dice el Evangelio: “Jesús lo restituyó a su madre”. Y ésta es nuestra esperanza

Todos nuestros seres queridos que se han ido, todos el Señor los restituirá a nosotros y con ellos nos encontraremos juntos y esta esperanza no decepciona.

Recordemos bien este gesto de Jesús; “Y Jesús lo restituyó a su madre”. Así hará el Señor con todos nuestros seres queridos de la familia (Catequesis, audiencia general, 17 de junio de 2015)

Oración de Sanación

Señor, Tú me has mostrado lo que es el amor y me haces sentir tranquilo en la adversidad. Reconozco tu inmenso poder y te hago el Rey de mi vida.

Rompe con ese muro de indiferencia en la que mi alma se encuentra y que mantiene a mi espíritu desolado, lleno de angustias, robándome la alegría.

Dios de Luz, Tú lo sabes todo de mí, hasta las miserias que han recorrido mi carne y han dejado todos mis sentidos atados a la desesperación y el dolor.

Sana mi corazón de esas cosas que hacen que parezca un hombre muerto caminando. Sólo tu gracia y tu poder puede fortalecerme y levantarme

Ten misericordia de mí, pobre pecador. Acudo al amor de tu Santa Madre, para que me construya peldaños de gracia y me ayude a salir victorioso.

Desde ya siento el poder de tu amor me hace criatura nueva, me da esperanzas y alegría a mi corazón que se encontraba sepultado en el dolor.

Oh mi Dios, acudo a tu bondad para que me lleves al descanso de tus abrazos, a la paz de tus consuelos. Restaurarme con el poder de tu amor.

Ven y sé mi luz, ven y sé mi aliento de vida nueva, siembra en mi corazón la ganas de luchar y triunfar ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

Propósito para hoy

Invocaré a mi Santa Madre, nuestra Señora de los Dolores, para que me alcance la gracia de la fortaleza en tiempos difíciles

Frase de reflexión

“La santidad exige cada día la entrega con sacrificio; por eso el matrimonio es un camino para ser santos”.
Papa Francisco.

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