Evangelio 

Evangelio del día Lunes 03 de Septiembre

Lunes de la vigésima segunda semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Gregorio Magno I.

 

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 4,16-30.

Jesús fue a Nazaret, donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó para hacer la lectura.
Le presentaron el libro del profeta Isaías y, abriéndolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos
y proclamar un año de gracia del Señor.
Jesús cerró el Libro, lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos en la sinagoga tenían los ojos fijos en él.
Entonces comenzó a decirles: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.
Todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: “¿No es este el hijo de José?”.
Pero él les respondió: “Sin duda ustedes me citarán el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún”.
Después agregó: “Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra.
Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país.
Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón.
También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio”.
Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron
y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Los leprosos y las viudas en aquel tiempo eran marginados. Y sin embargo, estos dos marginados, acogiendo a los profetas, fueron salvados.

En cambio, los nazarenos no aceptan a Jesús porque estaban tan seguros en su fe, tan seguros en su observancia de los mandamientos, que no tenían necesidad de otra salvación.

Es el drama de la observancia de los mandamientos sin fe: “Yo me salvo solo, porque voy a la sinagoga todos los sábados, trato de obedecer a los mandamientos, pero que éste no venga a decirme que eran mejor que yo aquel leproso y aquella viuda”. Esos eran marginados. Y Jesús nos dice:

“Pero, mira, si tú no te marginas, no te sientes en el margen, no tendrás salvación”.

Ésta es la humildad, el camino de la humildad: sentirse tan marginados que tenemos necesidad de la salvación del Señor. Sólo Él salva, no nuestra observancia de los preceptos. Y esto no gustó, se enojaron y querían matarlo.

[…] Es éste el mensaje de hoy… si queremos ser salvados, debemos elegir el camino de la humildad.

María en su Cántico no dice que está contenta porque Dios ha mirado su virginidad, su bondad y su dulzura, tantas virtudes que ella tenía. No. Sino porque el Señor ha mirado la humildad de su sierva, su pequeñez, su humildad. Es lo que mira el Señor. Y debemos aprender esta sabiduría de marginarnos, para que el Señor nos encuentre…

La humildad cristiana no es la virtud de decir: “Pero, yo no sirvo para nada” y esconder la soberbia allí, no, no. La humildad cristiana es decir la verdad: “Soy pecador, soy pecadora”. Decir la verdad: es ésta nuestra verdad. (Homilía en Santa Marta, 25 de marzo de 2015)

Oración de sanación

Mi Señor, Gracias por voltear tu mirada hacia este pobre pecador y mirarme con misericordia acogiéndome entre los tuyos y dándome vida nueva.

Ahora, necesito de Ti, de tu amor, de tus caricias y de tu poder. Son tantas las dificultades por las que atravieso y cuento Contigo para darme la paz

A veces te siento ausente, en silencio y eso me entristece, pero Tú nunca abandonas a nadie, sino que esperas el momento oportuno de actuar.

Ven a mi vida, ven a mi corazón, te suplico que con tu poderosa presencia me llenes del néctar de tu fuerza y me prepares para salir vencer

Me reconozco débil, pecador y atorado en mis propias frustraciones; pero confío en tu auxilio, en que pronto escucharás mis ruegos y me levantarás

Quiero ser testimonio de tu amor para todos los que están a mi lado, en especial para los míos, por eso dame tu perdón, tu sanación y tu gracia.

Tú me acoges, me escuchas y me acompañas para darme fuerza y resistir humildemente a las situaciones dolorosas a las que soy sometido.

Cuento con tu bendición que protege, que me arropa y me anima para salir a dar lo mejor de mí mientras me llenas de paz y seguridad. Amén

Propósito para hoy

Examinaré mis faltas y me animaré a corregir mi comportamiento que puede dañar a los demás

Frase de reflexión

“El actual sistema mundial es insostenible desde diversos puntos de vista”. Papa Francisco.

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