Evangelio 

Evangelio del día Miércoles 22 de Agosto

Miércoles de la vigésima semana del tiempo ordinario.

Santo del día: Beato Simeón Lukac.

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 20,1-16a.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña.
Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña.
Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza,
les dijo: ‘Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo’.
Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: ‘¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?’.
Ellos les respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Entonces les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.
Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros’.
Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario.
Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario.
Y al recibirlo, protestaban contra el propietario,
diciendo: ‘Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada’.
El propietario respondió a uno de ellos: ‘Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario?
Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti.
¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?’.
Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos».

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

María se convierte en discípula y madre de su Hijo en el momento que acoge las palabras del Ángel y dice: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.

Este “hágase en mí” no es sólo aceptación, sino también apertura al futuro: ¡es esperanza! ¡Este “hágase en mí” es esperanza!

María es Madre de esperanza.

María no sabía cómo podía ser madre, pero se confió totalmente al misterio que iba a cumplirse, y se ha convertido en la mujer de la espera y de la esperanza.

María es consciente de cómo la misión y la identidad de aquel Hijo, que se hizo Maestro y Mesías, supera su ser madre y al mismo tiempo puede generar temor, así como las palabras de Simeón y su profecía de dolor. Y sin embargo, ante todas estas dificultades y sorpresas del plan de Dios, la esperanza de la Virgen nunca flaquea.

Esto nos dice que la esperanza se nutre de la escucha, la contemplación, la paciencia, para que los tiempos del Señor maduren.

Incluso cuando María se convierte en la dolorosa al pie de la cruz, su esperanza no cede, sino que la sostiene en la espera vigilante de un misterio, mayor del dolor que está por cumplirse.

Todo parece realmente acabado; cualquier esperanza podría decirse apagada. También ella, en ese momento, podría haber dicho, si no hubiera recordado las promesas de la Anunciación: “¡Esto no es cierto! ¡He sido engañada!”. Y no lo hizo.

María creyó. Su fe le ha hecho esperar con esperanza en el futuro de Dios. Una esperanza que hoy el hombre no logra tener.

Muchas veces pienso: “¿Sabemos esperar el mañana de Dios, o queremos el hoy, el hoy, el hoy?”. El futuro de Dios es para ella el amanecer de aquel día, el primero de la semana. Nos hará bien pensar en la contemplación, en el abrazo del hijo con la madre.

[…] María es, pues, el testimonio sólido de la esperanza presente en cada momento de la historia de la salvación. Ella, la madre de la esperanza, nos sostiene en los momentos de oscuridad, de dificultad, de desaliento, de derrota aparente, en las verdaderas derrotas humanas.

Que María, nuestra esperanza, nos ayude a hacer de nuestra vida una ofrenda grata al Padre Celestial, un regalo alegre para nuestros hermanos, una actitud que siempre mire hacia el futuro. (Mensaje a las monjas benedictinas camaldulenses del Aventino de Roma, 22 de noviembre de 2013)

Oración de Sanación

Señor, te agradezco todas las intervenciones de amor que has tenido en mi vida con las cuales has incrementado mi deseo de amarte y seguirte.

Gracias por darme el don de la salvación y bendito seas por haberme dejado a tu Santa Madre, quien es madre que me acompaña y me guía hacia tu luz.

Tú escogiste a María por ser una doncella pura, obediente y humilde. La preservaste de toda mancha para que fuese cuna viviente de tu Hijo predilecto.

María, abrió las puertas de su corazón a tu ángel mensajero y aceptó tu proyecto de amor sobre la humanidad para darnos ejemplo de fidelidad.

Quiero, como María, abrirme a tu voluntad y que mi corazón se convierta también en la cuna de tu amor, que nazca en él la luz de tu vida por siempre.

Dios mío, ven y pasa ahora tu mano sanadora sobre mí y que pueda seguir sintiéndome protegido por tu poder, creciendo en el amor y la bondad.

Quiero ser audaz pero sencillo, valiente pero prudente, que guarde tus enseñanzas en mi corazón y las convierta en fuego que impulse mi vida.

En tus manos, y en la de María, te confío todo lo mío y a todos los míos. Gracias por la paz que me das para vivir de acuerdo a tus preceptos. Amén

Propósito para hoy

Hoy, en tres ocasiones, Invoca el auxilio de la Virgen María para que te ayude a superar las tentaciones. Usa esa jaculatoria: “Madre inmaculada, ven en mi ayuda”

Frase de reflexión

“Todos tenemos talentos que Dios nos ha dado. Por eso nadie puede considerarse tan pobre que no pueda dar algo a los demás”. Papa Francisco.

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