Evangelio 

Evangelio del día Domingo 01 de Julio

 

 

Décimotercer Domingo del tiempo ordinario.

Santo del día: San Simeón el loco.

† Lectura del santo Evangelio según San Marcos 5, 21-43. 

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. 
Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, 
rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva”. 
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. 
Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. 
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. 
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, 
porque pensaba: “Con sólo tocar su manto quedaré curada”. 
Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal. 
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?”. 
Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?”. 
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. 
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. 
Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad”. 
Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”. 
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”. 
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, 
fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. 
Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”. 
Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. 
La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate”. 
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, 
y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Cada vez que Jesús salía, la muchedumbre aumentaba. Los especialistas de estadísticas quizá habrían podido publicar: “Baja la popularidad del Rabí Jesús”… Pero Él buscaba otra cosa: buscaba a la gente. Y la gente lo buscaba a Él: la gente tenía los ojos fijos sobre Él y Él tenía los ojos fijos sobre la gente. “Sí, sí, sobre la gente, sobre la multitud”. “¡No, sobre cada uno!”.

Y ésta es la peculiaridad de la mirada de Jesús. Jesús no masifica a la gente: Jesús mira a cada uno”.

Este Evangelio relata dos milagros: Jesús que cura a una mujer que padecía hemorragias desde hacía doce años y que, en medio de la muchedumbre, logra tocar el manto del Señor. Y dice que Él se da cuenta de haber sido tocado.

Y después, la resurrección de la hija de Jairo, uno de los jefes de la sinagoga, que tenía doce años. Él se da cuenta de que la muchacha tiene hambre y le dice a sus padres que le den de comer:

La mirada de Jesús va a lo grande y a lo pequeño. Así mira Jesús: nos ve a todos, pero mira a cada uno de nosotros. Ve nuestros grandes problemas, nuestras grandes alegrías, y ve también nuestras cosas pequeñas. Porque está cerca. Jesús no se asusta de las grandes cosas, sino que también tiene en cuenta las pequeñas. Así nos mira Jesús.

Si corremos con perseverancia, teniendo fija la mirada en Jesús nos sucederá lo que le sucedió a la gente después de la resurrección de la hija de Jairo, que fue acogida con gran estupor.

Yo voy, miro a Jesús, camino delante, fijo la mirada en Jesús y ¿qué encuentro? ¡Que Él tiene fija la mirada sobre mí! Y esto me provoca gran estupor. Es el estupor del encuentro con Jesús.

Pero no tengamos miedo. No tengamos miedo, como aquella anciana que no tuvo miedo de ir a tocar el borde del manto. No tengamos miedo. Corramos por este camino, siempre con la mirada fija en Jesús. Y tendremos esta bella sorpresa: nos henchirá de estupor. El mismo Jesús tiene fija su mirada sobre mí. (Homilía en Santa Marta, 31 de enero de 2017)

Oración de Sanación

Señor mío, gracias por este momento de paz que me regalas delante de Ti. Quiero entregarte todo mi ser, sé que es todo tuyo, pero vuelvo a dártelo.

Quiero experimentar todo el amor que has sembrado en mi corazón y que por mis vanidades no he sabido aprovechar. Hazme sentir amado y bendecido.

Algunas veces me aparto de Ti y vivo según otros valores. No lo hago con mala intención, sino que me confunden y arrastran las corrientes del mundo.

Sé que, en ninguna otra parte podré ser más feliz que estando a tu lado. Quiero vivir para ti y por ello, te suplico que me hagas leal a tus valores.

Pasa tu mano poderosa por todo mi ser y sana todas heridas que me hacen sufrir y así pueda vencer todas las dificultades que por temor experimento.

Quiero poder alabarte con todas mis fuerzas, y para eso quiero estar sano. Te suplico por salud física y emocional. Soy tuyo y mi vida está en tus manos.

Gracias por todas las bendiciones que en este instante pones en mi corazón y en mi vida, todo lo vivo en tu presencia con la seguridad de tu Amor.

Pon en mi espíritu todas las fuerzas para poder enfrentar todos los retos del mañana con alegría y así crecer en tu amor. Te amo, gracias por bendecirme. Amén

Propósito de hoy

Cada vida importa. Desde el momento de la concepción, Dios ha trazado un plan divino para cada uno de nosotros. Reza 1 Padrenuestro por todos los Bebés que están por nacer.

Frase de reflexión

“Cualquier pobreza material y espiritual, cualquier discriminación de hermanos y hermanas es siempre consecuencia del rechazo a Dios y a su amor”. Papa Francisco.

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