Evangelio 

Evangelio del día Jueves 07 de Junio

Jueves de la novena semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Roberto de Newminster.

† Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12, 28-34. 

Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: “¿Cuál es el primero de los mandamientos?”. 
Jesús respondió: “El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; 
y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. 
El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos”. 
El escriba le dijo: “Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, 
y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios”. 
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: “Tú no estás lejos del Reino de Dios”. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco:

El Evangelio nos recuerda que toda la Ley divina se resume en el amor a Dios y al prójimo […] Algunos fariseos se pusieron de acuerdo para poner a Jesús a una prueba. Uno de ellos, un doctor de la Ley le dirigió esta pregunta: “¿Maestro, en la Ley cual es el gran mandamiento?”.

Jesús, citando el Libro del Deuteronomio respondió:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento”

Y podría haberse detenido aquí. En cambio Jesús añade algo que no había sido solicitado por el doctor de la ley: Dice de hecho:

“El segundo, después, es similar a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Tampoco este segundo mandamiento es inventado por Jesús, pero lo toma del Libro del Levítico.

La novedad consiste justamente en poner juntos estos dos mandamientos (el amor de Dios y el amor por el prójimo) revelando que estos son inseparables y complementarios, son dos caras de una misma medalla.

No se puede amar a Dios sin amar al prójimo, y no se puede amar al prójimo sin amar a Dios. El papa Benedicto nos ha dejado un hermoso comentario sobre esto en su primera encíclica Deus Caritas Est. (núms. 16-18)

[…] El mandamiento del amor a Dios y al prójimo es el primero, no porque está encima de la lista de los mandamientos. Jesús no lo pone encima, pero en el centro, porque del corazón todo tiene que partir y al cual todo tiene que retornar y hacer referencia.

Ya en el Antiguo Testamento, la exigencia de ser santos, a imagen de Dios que es santo, incluía también el deber de tomarse cuidado de las personas más débiles, como el extranjero, el huérfano, la viuda.

Jesús lleva a cumplimiento esta ley de alianza, Él que une en sí, en su carne, la divinidad y la humanidad, en un mismo misterio de amor.

Así, a la luz de esta palabra de Jesús, el amor es la medida de la fe, y la fe es el alma del amor. No podemos separar más la vida religiosa, la vida de piedad del servicio a los hermanos, a aquellos hermanos concretos que encontramos.

No podemos más dividir la oración y el encuentro con Dios en los sacramentos, de escuchar al otro, de la proximidad a su vida, especialmente de sus heridas.

Acuérdense de esto: el amor es la medida de la fe. ¿Cuánto me amas tu? Y cada uno se de la respuesta. ¿Cómo es tu fe? Mi fe es como yo amo. Y la fe es el alma del amor. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 26 de octubre de 2014)

Oración de Sanación

Señor, gracias por tu amor, por tu confianza y por darle fuerza a mi corazón para tomar acciones vitales que me llevan por tu camino de salvación y vida.

Que importante es escuchar tu Palabra con y ponerla en práctica. Construir mi vida en base a ella y sin vacilaciones me conducirá por aguas tranquilas.

Quiero amarte con todas las fuerzas de mi alma, mente y corazón y para eso, debo desprenderme de todo rencor y emoción negativa anidada en mi vida.

Saca de mí todas esas malas inclinaciones que impiden mi crecimiento y no me dejan caminar en libertad hacia tu presencia que reconforta y da la paz.

Tu amor se manifiesta en la ayuda desinteresada que debo tener por mis semejantes. Ven y guíame para descubrir en los otros el verdadero amor.

Que tu Palabra sea mi guía, porque a través de ella, podré darle orden a mi vida y encaminarme por las sendas verdaderas de amor y el compromiso.

Con tu gracia, te pido que me libres de mis egoísmos y hagas crecer mis habilidades para usarlas en favor de mi alma y conducir a otros hacia Ti.

Confío en tu ayuda fiel, en que inclinas tu oído hacia mí y escuchas mis ruegos. Confío en la fuerza que me darás para enfrentar mis batallas. Amén

Propósito del día

Rezaré la Coronilla de la divina misericordia por la conversión de los pecadores, en especial por la conversión de mi corazón

Frase de reflexión

“Dejémonos guiar con docilidad por el Espíritu Santo para no equivocarnos de camino y no caer en la cerrazón del corazón”. Papa Francisco.

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