Evangelio 

Evangelio del día Miércoles 23 de Mayo

Miércoles de la séptima semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Crispin de Viterbo.

† Lectura del santo Evangelio según San Marcos 9, 38-40. 

Juan le dijo a Jesús: “Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros”. 
Pero Jesús les dijo: “No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. 
Y el que no está contra nosotros, está con nosotros. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

Reflexión del Papa Francisco

El pasaje del Evangelio de Marcos (9,38-40) proclamado durante la misa hace referencia a la queja de los discípulos por una persona que hacía el bien pero no era del grupo. Jesús les corrige:

“No se lo impidan, déjen que haga el bien”.

Los discípulos sin pensar, querían cerrarse entorno a una idea: sólo nosotros podemos hacer el bien, porque nosotros poseemos la verdad. Y todos aquellos que no tienen la verdad no pueden hacer el bien

Se trata, sin embargo, de una actitud equivocada. Y Jesús le corrige. A este punto es lícito que nos preguntemos: ¿quién puede hacer el bien y por qué? ¿Qué significa este “no se lo impidan” de Jesús? ¿Qué hay detrás de esto?.

En este caso los discípulos eran un poco intolerantes, pero Jesús amplía el horizonte y podemos pensar que dice: Si este puede hacer el bien, todos pueden hacer el bien. Incluso aquellos que no son de los nuestros.

Un mandato que todos llevamos dentro

Pero, ¿cuál es la raíz de esta posibilidad que pertenece a todos los hombres? Pienso que sea precisamente la creación. El Señor nos creó a su imagen, y si Él hace el bien, todos nosotros tenemos en el corazón este mandamiento: Haz el bien y no hagas el mal. Todos.

Y ante quien dice: “Pero padre, este no es católico, no puede hacer el bien”, respondamos:

“Sí puede hacerlo, debe hacerlo; no puede sino que debe, porque lleva este mandato dentro, en su corazón”.

Pensar que no todos pueden hacer el bien es una cerrazón, un muro que nos conduce a la guerra y a lo que algunos pensaron en la historia: matar en nombre de Dios.

Nosotros podemos matar en nombre de Dios. En efecto, decir que se puede matar en nombre de Dios es una blasfemia.

El Señor redimió a todos con la sangre de Cristo, todos, no sólo a los católicos. Todos. ¿Y los ateos? También ellos, todos. Es esta sangre que nos hace hijos de Dios. He aquí por qué todos nosotros tenemos el deber de hacer el bien.

Haciendo el bien nos encontramos

Este es también un hermoso camino hacia la paz. Si cada uno hace su parte de bien, y lo hace hacia los demás, nos encontramos haciendo el bien. Y así, construimos la cultura del encuentro; tenemos gran necesidad de ello.

Ningún obstáculo, por lo tanto, respecto a los ateos o de quien piensa de otra manera. Haz el bien, nos encontramos allí porque por este camino de vida el Señor hablará a cada uno al corazón.

Hacer el bien es un deber, es un carnet de identidad que nuestro Padre dio a todos, porque nos hizo a su imagen y semejanza. Y Él hace el bien siempre.

Hoy quisiera pedir al Señor esta gracia para todos: Descubrir el mandamiento que todos nosotros tenemos: haz el bien, no hacer el mal, y trabajar sobre este encontrarnos haciendo el bien. (Reflexión antes del rezo del ángelus, 22 de mayo de 2013)

Oración de sanación

Señor, que bueno es sentir tu presencia amorosa que me respalda cada día y me empuja a querer seguir amándote con humildad y pobreza de corazón.

Quiero llenarme de tus dones y encontrarme con la calidez de tus consuelos que me ayudan a hacer el bien y a ser uno que sirve, acompaña y consuela.

Tú lo has dicho, no hay otro camino para llegar a ser grande, ser primero, sino el de seguir tu estilo, que es vivir en el servicio alegre hacia los demás.

Tú has impreso en mi corazón un decreto puro de hacer el bien, es por ello que deseo seguir creciendo en tu amor, brindando mi apoyo a los demás.

Señor, cúbreme con tu manto poderoso y protégeme de esa inclinación al mal, de ese deseo de sobresalir y de triunfar pisoteando los sueños ajenos.

Confío en Ti, en que vienes a erradicar el miedo de mi corazón para así vivir los riesgos de una libertad plena en tu amor que me capacita para triunfar.

Quiero vivir sin complejos, con la certeza de saberme amado por Ti. Ayúdame a vivir el amor y tu compasión para ser restaurado por tu fuerza espiritual.

Con el soplo poderoso de tu Espíritu, hazme valiente en mis decisiones. Quiero hacer de mi vida la mejor oportunidad para adorarte y amarte. Amén.

Propósito para hoy

Haré un examen de conciencia, revisaré todas esas situaciones de dolor que no he podido superar y las encomendaré a la Virgen

Frase de reflexión

“No hay mayor libertad que la de dejarse guiar por el Espíritu Santo y permitirle que nos conduzca hacia donde Él quiera”. Papa Francisco.

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