Evangelio 

Evangelio del día Miércoles 02 de Mayo

Miércoles de la quinta semana de Pascua.

Santo del día: San José María Rubio, San Atanasio.

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 1-8. 

Jesús dijo a sus discípulos: 
«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. 
El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. 
Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. 
Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. 
Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. 
Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. 
Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. 
La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Todos podemos permanecer unidos a Jesús de manera nueva. Si por el contrario uno perdiese la comunión con Él, se volvería estéril, es más, dañino para la comunidad. Y para expresar esta realidad Jesús usa la imagen de la vid y de los sarmientos.

Jesús es la vid, y a través de Él – como la linfa en el árbol – pasa a los sarmientos el amor mismo de Dios, el Espíritu Santo.

Precisamente: nosotros somos los sarmientos, y a través de esta parábola Jesús quiere hacernos entender la importancia de permanecer unidos a Él.

Los sarmientos no son autosuficientes, sino dependen totalmente de la vid, en donde se encuentra la fuente de su vida…

Es necesario mantenerse fieles al Bautismo, y crecer en la amistad con el Señor mediante la oración, la escucha y la docilidad a su Palabra, leer el Evangelio, la participación a los Sacramentos, especialmente a la Eucaristía y a la Reconciliación.

Si uno está íntimamente unido a Jesús, goza de los dones del Espíritu Santo, que – como nos dice san Pablo – son “amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia” (Gal 5,22); y en consecuencia hace tanto bien al prójimo y a la sociedad, como un verdadero cristiano.

De estas actitudes, de hecho, se reconoce que uno es un verdadero cristiano, así como por los frutos se reconoce al árbol. Los frutos de esta unión profunda con Jesús son maravillosos: toda nuestra persona es trasformada por la gracia del Espíritu: alma, inteligencia, voluntad, afectos, y también el cuerpo, porque somos unidad de espíritu y cuerpo.

Recibimos un nuevo modo de ser, la vida de Cristo se convierte también en la nuestra: podemos pensar como Él, actuar como Él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús…

Cada uno de nosotros es un sarmiento de la única vid; y todos juntos estamos llamados a llevar los frutos de esta pertenencia común a Cristo y a la Iglesia.

Confiémonos a la intercesión de la Virgen María, para que podamos ser sarmientos vivos en la Iglesia y testimoniar de manera coherente nuestra fe, coherencia de vida y de pensamiento. De vida y de fe. Conscientes que todos, según nuestras vocaciones particulares, participamos de la única misión salvífica de Jesucristo. (Reflexión antes del rezo del ángelus, 03 de mayo de 2015)

Oración de sanación

Mi Señor, que bendición para mí es sentirme acariciado por tu ternura y al mismo tiempo protegido en tus promesas que llenan de fuerza mi corazón.

Sin Ti nada puedo hacer, nada lo puedo lograr. Separado de Ti, solo me espera oscuridad y vías de pecado que me conducen por soledad y perdición.

Para darte frutos, debo permanecer en Ti, vivir obediente a tus mandatos, dejarme guiar por tu Palabra que es semilla de vida y de salvación.

Dame amor y sabiduría para tener la dirección correcta y no dejarme embaucar por fascinaciones temporales que mucho dan; pero poco ofrecen.

Derrama tu gracia sobre mí, la gracia de amarte y servirte en obras buenas y agradables. Solo en Ti podré sentirme útil encontrando mi propia felicidad.

Sólo tu amor me hará una persona fecunda. Quiero dejarme conducir por tu Espíritu Santo y ser instrumento de tu perdón y alivio de tus consuelos.

Oh mi Señor, sin Ti mi vida está incompleta, carente de sentido. Jamás mi alma quiera defraudarte y desperdiciar la oportunidad que me ofreces.

Ven Señor, haz que mi amor sea fuerte ante las pruebas y que permanezca siempre adherido a tu Palabra y a todas las gracias que me das. Amén

Propósito para hoy

Ayunar del uso ocioso de mi celular y otros aparatos electrónicos para dedicar un tiempo adicional a mi oración

Frase de reflexión

“El corazón se endurece cuando no ama. Señor, danos un corazón que sepa amar”. Papa Francisco.

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