Evangelio 

Evangelio del día Martes 01 de Mayo

Martes de la quinta semana de Pascua.

Santo del día: San José Obrero.

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 14, 27-31a. 

Jesús dijo a sus discípulos: 
«Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! 
Me han oído decir: ‘Me voy y volveré a ustedes’. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. 
Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean. 
Ya no hablaré mucho más con ustedes, porque está por llegar el Príncipe de este mundo: él nada puede hacer contra mí, 
pero es necesario que el mundo sepa que yo amo al Padre y obro como él me ha ordenado.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Paz a ustedes. No es un saludo, y ni siquiera un sencillo deseo: es un don, es más, el don precioso que Cristo ofrece a sus discípulos después de haber pasado a través de la muerte y a los infiernos. Da la paz, como había prometido:

“Les dejo la paz, les doy mi paz. No se la doy como la da el mundo, yo se la doy a ustedes” (Jn 14, 27).

Esta paz es el fruto de la victoria del amor de Dios sobre el mal, es el fruto del perdón. Y es precisamente así: la verdadera paz, esa paz profunda, viene de hacer la experiencia de la misericordia de Dios.

A los Apóstoles Jesús dio, junto con su paz, al Espíritu Santo, para que pudieran difundir en el mundo el perdón de los pecados, ese perdón que sólo Dios puede dar, y que ha costado la Sangre del Hijo (Cfr. Jn 20,21-23)

La Iglesia es enviada por Cristo resucitado a transmitir a los hombres la remisión de los pecados, y así hacer crecer el Reino del amor, sembrar la paz en los corazones, para que se afirme también en las relaciones, en las sociedades, en las instituciones.

Y el Espíritu de Cristo Resucitado expulsa el miedo del corazón de los Apóstoles y los impulsa a salir del Cenáculo para llevar el Evangelio. ¡Tengamos también nosotros más coraje para testimoniar la fe en Cristo Resucitado!

¡No debemos tener miedo de ser cristianos y de vivir como cristianos! Nosotros debemos tener este coraje de ir y anunciar a Cristo Resucitado. Porque Él es nuestra paz. Él ha hecho la paz con su amor, con su perdón, con su sangre, con su misericordia.

Recemos juntos a la Virgen María, para que nos ayude, Obispo y Pueblo, a caminar en la fe y en la caridad. Confiados siempre en la Misericordia del Señor.

El Señor siempre nos espera. Nos ama. Nos ha perdonado con su sangre y nos perdona cada vez que vamos a Él a pedirle perdón. Tengamos confianza en su Misericordia. (Reflexión antes del rezo del Regina Coeli, 07 de abril de 2013)

Oración de sanación

Dios de amor, dame tu bendición para no desesperar antes las situaciones difíciles que me toca vivir, porque sé que solo Tú tienes el control de todo.

Quiero tener esa paz que sólo Tú sabes dar, esa paz que llena el alma de fortaleza y que me impulsa a dar lo mejor, viviendo la alegría de agradarte.

Creo en tu amor que no abandona, en que me has prometido la felicidad plena si sigo tus pasos, por eso, en tu Nombre dedico todas mis conquistas.

Podrán faltarme el trabajo, los bienes y muchas otras cosas, pero que nunca me faltes Tú, porque de Ti proviene la verdadera paz que da vida al corazón.

Solo en Ti soy quien soy. Eres lo más importante de mi vida. Contigo puedo desterrar para siempre esos impulsos dañinos que le hacen mal a mi alma.

Sin la paz que proviene de Ti, nada puedo hacer, andaría sin rumbo, tratando de alcanzar una vana felicidad en cosas que para nada me acercan a Ti.

Señor, quiero confiar que cuidas de mí. No quiero temer a ninguna dificultad que quiera arrebatarme la paz del corazón. Sé Tú mi fuerza y mi poder.

Tu amor procura lo mejor para mí y los míos, es por eso que te confío mi vida y mis sueños para que me muestres siempre el camino para vencer. Amén

Propósito para hoy

Voy a pedir la intercesión de María, voy a renovar mi esfuerzo para ser fiel y perseverante en ese compromiso de oración en el que más fallo

Frase de reflexión

“Pidamos por los seminaristas, para que, oyendo la voz del Señor, la sigan con decisión y alegría”. Papa Francisco.

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