Evangelio 

Evangelio del día Lunes 21 de Mayo

Lunes de la séptima semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Carlos José Eugenio de Mazenod.

† Lectura del santo Evangelio según San Marcos 9, 14-29. 

Cuando volvieron a donde estaban los otros discípulos, los encontraron en medio de una gran multitud, discutiendo con algunos escribas. 
En cuanto la multitud distinguió a Jesús, quedó asombrada y corrieron a saludarlo. 
Él les preguntó: “¿Sobre qué estaban discutiendo?”. 
Uno de ellos le dijo: “Maestro, te he traído a mi hijo, que está poseído de un espíritu mudo. 
Cuando se apodera de él, lo tira al suelo y le hace echar espuma por la boca; entonces le crujen sus dientes y se queda rígido. Le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron”. 
“Generación incrédula, respondió Jesús, ¿hasta cuando estaré con ustedes? ¿Hasta cuando tendré que soportarlos? Tráiganmelo”. 
Y ellos se lo trajeron. En cuanto vio a Jesús, el espíritu sacudió violentamente al niño, que cayó al suelo y se revolcaba, echando espuma por la boca. 
Jesús le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que está así?”. “Desde la infancia, le respondió, 
y a menudo lo hace caer en el fuego o en el agua para matarlo. Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos”. 
“¡Si puedes…!”, respondió Jesús. “Todo es posible para el que cree”. 
Inmediatamente el padre del niño exclamó: “Creo, ayúdame porque tengo poca fe”. 
Al ver que llegaba más gente, Jesús increpó al espíritu impuro, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo ordeno, sal de él y no vuelvas más”. 
El demonio gritó, sacudió violentamente al niño y salió de él, dejándolo como muerto, tanto que muchos decían: “Está muerto”. 
Pero Jesús, tomándolo de la mano, lo levantó, y el niño se puso de pie. 
Cuando entró en la casa y quedaron solos, los discípulos le preguntaron: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?”. 
Él les respondió: “Esta clase de demonios se expulsa sólo con la oración”. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

La liturgia del día nos propone el pasaje del Evangelio en el que los discípulos no logran sanar a un muchacho; el mismo Jesús debe intervenir, lamentando la incredulidad de los presentes; y al padre de aquel chico que le pide ayuda, responde que “todo es posible para el que cree”.

A menudo, también aquellos que aman a Jesús no arriesgan mucho en su fe y no se confían completamente a Él.

Pero ¿por qué, esta incredulidad? Creo que es justamente el corazón que no se abre, el corazón cerrado, el corazón que quiere tener todo bajo control.

Es un corazón que no se abre y no deja a Jesús el control de las cosas, y cuando los discípulos le preguntan por qué no han podido sanar al joven, el Señor responde que aquel tipo de demonio no se puede eliminar sino solo con la oración.

Todos nosotros llevamos un poco de incredulidad, dentro. Es necesaria una oración fuerte, y esta oración humilde y fuerte hace que Jesús pueda obrar el milagro. La oración para pedir un milagro, para pedir una acción extraordinaria debe ser una oración coral, que nos involucre a todos.

Les cuento un episodio ocurrido en Argentina:

una niña de 7 años se enfermó gravemente y los médicos le dieron pocas horas de vida. El papá, un electricista, hombre de fe, enloqueció y en aquella locura tomó un autobús para ir al Santuario mariano de Lujan, distante 70 kilómetro.

Llegó ahí pasadas las 9 de la noche, cuando todo estaba cerrado. Y comenzó a rezar a la Virgen, con las manos aferradas a la reja de fierro. Y rezaba, y rezaba, y lloraba, y rezaba …

Y así, permaneció toda la noche. Pero este hombre luchaba: luchaba con Dios, luchaba junto a Dios por la sanación de su hija.

Luego, después de las 6 de la mañana, fue al terminal, tomó el bus y llegó a casa, al hospital, a las 9, más o menos. Encontró a su esposa llorando. Se imaginó lo peor. “¿Qué ha pasado? ¡No entiendo, no entiendo! ¿Qué ha pasado?”. “Han venido los doctores y me han dicho que la fiebre ha pasado, que respira bien, que ¡no tiene nada! La dejarán en reposo por dos días más, pero no entienden ¡qué cosa ha pasado!”.

¡Esto todavía sucede, ¿eh?, los milagros existen!. Pero es necesario orar con el corazón

Una oración valiente, que lucha por llegar a aquel milagro; no aquellas oraciones de circunstancia, “Ah, rezaré por ti”: rezo un Padre Nuestro, un Ave María y, después me olvido. No: oración valiente, como aquella de Abraham que luchaba junto al Señor por salvar la ciudad, como aquella de Moisés que tenía las manos en alto y se cansaba, rezando al Señor; como aquella de tantas personas, de tanta gente que tiene fe y con la fe reza, reza.

La oración hace milagros, pero debemos creer… (Homilía en Santa Marta, 20 de mayo de 2013)

Oración de Sanación

Señor, tu Palabra es fuente de sanación, es como fuego inextinguible que libera del mal a los oprimidos y sacude los cimientos más sólidos del pecado.

Ayúdame a entender que tu Palabra puede obrar milagros en mi vida, y que, sólo a través de ella, mis oraciones podrán tener los frutos deseados.

Aleja de mi corazón todo sentimiento de desesperanza que me haga ver los problemas más grandes de lo que realmente son y que no los pueda superar.

Agudiza mis sentidos y ponlos en armonía con tu Verdad. Sólo Tú puedes traer un equilibro sano a mi vida para así actuar con decisión y firmeza.

Quiero acercarme más a Ti con la certeza de que me escuchas y de que, con tu poder, puedes crear ambientes luminosos y llenos de vida a mi alrededor.

Con tu Gracia puedo expulsar los demonios que viven habitan en mi interior, los demonios del egoísmo, la vanidad y soberbia que endurecen mi corazón.

Ven mi Señor, Irradia en mi alma todo el poder del Espíritu Santo y con tu fuerza sanadora ábreme caminos de bendición para construir mi felicidad.

Tú eres Palabra que sana y libera, Palabra creadora que despoja de la soledad a todas las almas abatidas restaurándolas con tu amor. Amén.

Propósito para hoy

Hoy me esforzaré en no caer en chismes, hablando cosas privadas de otras personas o participando de una conversación con el fin de desacreditar

Frase de reflexión

“Un saludo agradecido a todos los que se dedican a la enseñanza en las escuelas católicas. Educar es un acto de amor, es como dar la vida”. Papa Francisco.

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