Evangelio 

Evangelio del día Domingo 20 de Mayo

 

Solemnidad de Pentecostés.

Santos del día: San Arcángel Tadini, Beata María Crescencia Pérez, Beato Anton Durcovici.

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 26-27.16,12-15. 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: 
«Cuando venga el Paráclito que yo les enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad que proviene del Padre, él dará testimonio de mí. 
Y ustedes también dan testimonio, porque están conmigo desde el principio. 
Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero ustedes no las pueden comprender ahora. 
Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. 
El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes. 
Todo lo que es del Padre es mío. Por eso les digo: ‘Recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes’.”

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco.

El protagonista del perdón de los pecados es el Espíritu Santo. Él es el protagonista… Jesús resucitado hizo el gesto de soplar sobre ellos, diciendo:

“Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan”.

Jesús, transfigurado en su cuerpo, ahora es el hombre nuevo, que ofrece los dones de Pascua fruto de su muerte y resurrección: ¿y cuáles son estos dones? La paz, la alegría, el perdón de los pecados, la misión, pero sobre todo dona al Espíritu Santo que todo esto es la fuente. Del Espíritu Santo vienen todos estos dones.

El aliento de Jesús, acompañado de las palabras con las que comunica el Espíritu, indica la transmisión de la vida, la nueva vida regenerada por el perdón.

Pero antes de hacer el gesto de soplar y donar el Espíritu, Jesús muestra sus heridas en sus manos y el costado: estas heridas representan el precio de nuestra salvación.

El Espíritu Santo nos trae el perdón de Dios “pasando por “las llagas de Jesús.

Jesús da a los Apóstoles el poder de perdonar los pecados. ¿Pero cómo es esto? Porque es un poco difícil entender como un hombre puede perdonar los pecados.

Jesús da el poder. La Iglesia es depositaria del poder de las llaves: para abrir, cerrar, para perdonar.

Dios perdona a cada hombre en su misericordia soberana, pero Él mismo quiso que los que pertenezcan a Cristo y a su Iglesia, reciban el perdón a través de los ministros de la Comunidad.

A través del ministerio apostólico la misericordia de Dios me alcanza, mis pecados son perdonados y se me da la alegría. (Catequesis, Plaza de San Pedro, 20 de noviembre de 2013)

El Espíritu Santo y la paz

Jesús también da la paz. La paz de Jesús es una Persona, es el Espíritu Santo. Su saludo inicial es: “La paz esté con ustedes. Reciban al Espíritu Santo”. Ésta es la paz de Jesús: es una Persona, es un regalo grande.

Y cuando el Espíritu Santo está en nuestro corazón, nadie puede arrebatarnos la paz, nadie. Es una paz definitiva ¿Cuál es nuestro trabajo?

Custodiar esta paz, custodiarla. Es una paz grande, una paz que no es mía, es de otra Persona que me la regala, de otra Persona que está dentro de mi corazón y que me acompaña toda la vida. Me la dio el Señor”

Esta paz se debe recibir como un niño recibe un regalo, sin condiciones con el corazón abierto. Esta paz es la presencia del Espíritu Santo, gran regalo de Dios, y quien debemos recurrir en toda circunstancia.

Si ustedes tienen esta paz del Espíritu, si tienen al Espíritu dentro de ustedes y tienen conciencia de esto, que no se turbe el corazón de ustedes. Estén seguros.

Pablo nos decía que para entrar en el Reino de los Cielos es necesario pasar por tantas tribulaciones. Pero todos, todos nosotros, tenemos tantas, todos. Más pequeñas… más grandes… Pero que no se turbe el corazón de ustedes: y ésa es la paz de Jesús.

La presencia del Espíritu Santo hace que nuestro corazón esté en paz. No anestesiado, no. Consciente, en paz: con esa paz que sólo da la presencia de Dios. (Homilía en Santa Marta, 20 de mayo de 2014)

Oración de sanación

Mi Señor, Bendito seas que ante las dificultades me sostienes y me llenas de coraje. Quiero crecer contigo en el amor, sabiduría, paz y en misericordia.

Me has prometido que vendrá sobre mí el gran Consolador, ese que lleva al Espíritu a la calma, lo llena de alegría y saca lo más valioso que llevo dentro.

Envía sobre mí la fuerza del Espíritu Santo para poder dar testimonio de tus palabras y poder así, acercar a los míos y a los demás a tu Divina Presencia.

Quiero ser lámpara de vida. Dame ese don precioso del Espíritu que libera de tristezas, temores y angustias y me da la serenidad en los momentos turbios.

Sé que vendrán persecuciones y desafíos por seguirte; pero el poder de tu Espíritu me cobija, guía mis pasos y me capacita para no dejarme derrotar.

Señor, consuélame, protégeme y hazme consciente de que sólo la verdad de tu Espíritu Santo, es la que me hará libre, fuerte y capaz de salir adelante.

Confío en Ti, confío en el Padre que me ama, confío en que el Gran Defensor me asistirá en todo momento y colmará mi vida con todos sus dones.

Ven a mi corazón, anida allí la esperanza. Pon palabras de ánimo y bendición en mi boca para llevarte a los que aún no han abrazado tus maravillas. Amén

Propósito para hoy

Por amor a Jesús, hoy voy a hacer un acto consciente de caridad a esas personas necesitadas que el Espíritu Santo ponga en mi camino

Frase de reflexión

“Pidamos al Espíritu Santo la gracia de tomar decisiones concretas en nuestra vida de acuerdo a la lógica de Jesús y de su Evangelio”. Papa Francisco.

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