Evangelio 

Evangelio del día Domingo 29 de Abril

 

Quinto Domingo de Pascua.

Santo del día: Santa Catalina de Siena.

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 1-8. 

Jesús dijo a sus discípulos: 
«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. 
El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. 
Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. 
Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. 
Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. 
Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. 
Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán. 
La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Jesús es la vid, y a través de Él, pasa a los sarmientos el amor mismo de Dios, el Espíritu Santo. Nosotros somos los sarmientos, y a través de esta parábola Jesús quiere hacernos entender la importancia de permanecer unidos a Él.

Los sarmientos no son autosuficientes, sino dependen totalmente de la vid, en donde se encuentra la fuente de su vida.

Es así para nosotros cristianos. Injertados en Cristo con el Bautismo, hemos recibido gratuitamente de Él el don de la vida nueva; y gracias a la Iglesia podemos permanecer en comunión vital con Cristo.

Es necesario mantenerse fieles al Bautismo, y crecer en la amistad con el Señor mediante la oración, la escucha y la docilidad a su Palabra, leer el Evangelio, la participación a los Sacramentos, especialmente a la Eucaristía y a la Reconciliación.

Si uno está íntimamente unido a Jesús, goza de los dones del Espíritu Santo, que son “amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza, mansedumbre y temperancia” (Gal 5,22); y en consecuencia hace tanto bien al prójimo y a la sociedad, como un verdadero cristiano.

De estas actitudes, de hecho, se reconoce que uno es un verdadero cristiano, así como por los frutos se reconoce al árbol.

Los frutos de esta unión profunda con Jesús son maravillosos: toda nuestra persona es trasformada por la gracia del Espíritu: alma, inteligencia, voluntad, afectos, y también el cuerpo, porque somos unidad de espíritu y cuerpo.

Recibimos un nuevo modo de ser, la vida de Cristo se convierte también en la nuestra: podemos pensar como Él, actuar como Él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús.

Entonces, con su corazón, como Él lo ha hecho, podemos amar a nuestros hermanos, a partir de los más pobres y sufrientes, y así dar al mundo frutos de bondad, de caridad y de paz.

Cada uno de nosotros es un sarmiento de la única vid; y todos juntos estamos llamados a llevar los frutos de esta pertenencia común a Cristo y a la Iglesia.

Confiémonos a la intercesión de la Virgen María, para que podamos ser sarmientos vivos en la Iglesia y testimoniar de manera coherente nuestra fe, coherencia de vida y de pensamiento. De vida y de fe.

Conscientes que todos, según nuestras vocaciones particulares, participamos de la única misión salvífica de Jesucristo (Reflexión antes del rezo del Regina Coeli, 03 de mayo de 2015)

Oración de sanación

Señor, clamo a Ti por una poderosa bendición y así sentir la seguridad de que caminas conmigo y de que inyectas fuerzas a mi corazón en mi día a día.

Aún en momentos dolorosos de mi vida, quiero Creer en Ti, en la certeza de que me regalas nueva vida y me vas incorporando en tus misterios de amor.

Quiero permanecer unido a Ti, porque de Ti provienen todas las gracias, dones y bendiciones que me ayudarán a ejecutar con éxito mi misión de vida.

No quiero vivir un cristianismo lleno de emociones, quiero saber actuar, ponerme en la acción del Espíritu y ser tus manos y pies aquí en este mundo.

De Ti provienen las fuerzas para no sucumbir ante la indiferencia del mundo que ha convencido a muchos de que, siendo autosuficientes, serán felices.

Tú me lo has dicho: “separado de Ti, nada puedo hacer”. Apártame de los caminos de buscar éxitos pasajeros que para nada fructifican mi amor.

Que mi alma, en unidad Contigo, al Padre y al Espíritu Santo, sólo busque los tesoros espirituales, los cuales, al final de mis días, tendré que presentarte.

Confío en que este momento vienes a mi corazón sanando todas mis heridas y llenando todos mis vacíos, para llenarme de dicha y felicidad junto a Ti. Amén

Propósito para hoy

Disculparé y tendré un acercamiento amistoso con esa persona que he juzgado con mucha dureza.

Frase de reflexión

“Queridos jóvenes, no tengan miedo a casarse. Unidos en matrimonio fiel y fecundo, serán felices”. Papa Francisco.

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