Evangelio 

Evangelio del día Martes 20 de Marzo

Martes de la quinta semana de Cuaresma.

Santos del día: San Martín Dumiense , Santa María Josefa del Corazón de Jesús.

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 8, 21-30. 

Jesús dijo a los fariseos: 
“Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir”. 
Los judíos se preguntaban: “¿Pensará matarse para decir: ‘Adonde yo voy, ustedes no pueden ir’?”. 
Jesús continuó: “Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. 
Por eso les he dicho: ‘Ustedes morirán en sus pecados’. Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados”. 
Los judíos le preguntaron: “¿Quién eres tú?”. Jesús les respondió: “Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo. 
De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo”. 
Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre. 
Después les dijo: “Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó. 
El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada”. 
Mientras hablaba así, muchos creyeron en él. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Al Padre, sólo el Hijo lo conoce: Jesús conoce al Padre… En efecto, es muy grande la unión entre ellos: Él es la imagen del Padre; es la cercanía de la ternura del Padre a nosotros. Y el Padre se acerca a nosotros en Jesús.

Jesús repitió muchas veces: “Padre, que todos sean uno, como tú en mí y yo en ti”. Y prometió el Espíritu Santo, porque precisamente el Espíritu Santo es quien hace esta unidad, como la hace entre el Padre y el Hijo.

El Padre, por lo tanto, fue revelado por Jesús: Él nos hace conocer al Padre; nos hace conocer esta vida interior que Él tiene. Y ¿a quién revela esto, el Padre?, ¿a quién da esta gracia?.

La respuesta la da Jesús mismo, como dice san Lucas en su Evangelio:

“Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños”.

Sólo quienes tienen el corazón como los pequeños son capaces de recibir esta revelación. Sólo el corazón humilde, manso, que siente la necesidad de rezar, de abrirse a Dios, que se siente pobre. En una palabra, sólo quien camina con la primera bienaventuranza: los pobres de espíritu.

Muchos pueden conocer la ciencia, la teología incluso. Pero si no hacen esta teología de rodillas, es decir, humildemente, como los pequeños, no comprenderán nada. Tal vez nos dirán muchas cosas pero no comprenderán nada. Porque sólo esta pobreza es capaz de recibir la revelación que el Padre da a través de Jesús, por medio de Jesús.

Y Jesús viene no como un capitán, un general del ejército, un gobernante poderoso, sino que viene como un brote, según la imagen de la lectura, tomada del libro del profeta Isaías (11, 1-10): “Pero brotará un renuevo del tronco de Jesé”.

Por lo tanto, Él es el renuevo, es humilde, es manso, y vino para los humildes, para los mansos, a traer la salvación a los enfermos, a los pobres, a los oprimidos, como Él mismo dice en el cuarto capítulo de san Lucas al visitar la sinagoga de Nazaret.

Y Jesús vino precisamente para los marginados: Él se margina, no considera un valor innegociable ser igual a Dios. En efecto, se humilló a sí mismo, se anonadó. Él se marginó, se humilló para darnos el misterio del Padre y el suyo.

Pidamos la gracia al Señor de acercarnos más, más, más a su misterio, y de hacerlo por el camino que Él quiere que recorramos: la senda de la humildad, la senda de la mansedumbre, la senda de la pobreza, la senda de sentirnos pecadores Porque es así, concluyó, Él viene a salvarnos, a liberarnos. (Homilía en Santa Marta, 2 de diciembre de 2014)

Oración de Sanación

Señor, desde que entraste a mi vida habitaste mi corazón. Desde ahora solo siento la libertad que me das y las fuerzas para ya no ser esclavo de nada.

Te bendigo por sentir alivio en tu compañía cuando se acercan las pruebas, porque a tu lado puedo respirar cuando los problemas quieren ahogarme.

Nada puede separarme de Ti. Tú eres el gran YO SOY, el que dispuso mi corazón a la salvación para disfrutar de tus maravillas al final de mis días.

Abre mi entendimiento y todo lo que se ha bloqueado en mi alma por las cuales no he sabido acogerte y me hacen navegar por laberintos de miedos.

Ayúdame a vivir de manera diferente. Quiero esforzarme por llegar a ti con la menor mancha posible. Sé que tu poder no me desamparará en este camino.

Si me fío de Ti nada me faltará. Ruego a María, nuestra Madre, para que me guíe en el proceso de saber amarte y meditar tus Palabras en mi corazón.

Ya mi corazón se ha apartado de la soledad, en Ti encuentro el impulso que necesito para romper mis ataduras y alcanzar mis sueños de felicidad.

Acompáñame, oh amado mío, poderoso Rey y amigo incondicional, a construir mis días bajo el tesoro valioso de tu perdón y consuelo. Amén.

Propósito para hoy

Hoy, voy a pedir por la conversión de todos aquellos que ocupan puestos con responsabilidad en el ámbito político, económico y social.

Frase de reflexión

“Dios nos ama. Descubramos la belleza de amar y de ser amados”. Papa Francisco.

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