Evangelio 

Evangelio del día Lunes 15 de Enero

 

Lunes de la segunda semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Pablo de Tebas, San Francisco Fernández de Capillas.

† Lectura del santo Evangelio según San Marcos 2, 18-22. 

Un día en que los discípulos de Juan y los fariseos ayunaban, fueron a decirle a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacen los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos?”. 
Jesús les respondió: “¿Acaso los amigos del esposo pueden ayunar cuando el esposo está con ellos? Es natural que no ayunen, mientras tienen consigo al esposo. 
Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán. 
Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. 
Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!”. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Jesús nos habla de fiesta, fiesta esponsal, y dice: ¡pero estamos en tiempo de fiesta! Hay algo nuevo aquí, ¡hay una fiesta! Algo que era anticuado y algo que se renueva, que se hace nuevo.

Y es curioso que Jesús al final recurra a la imagen del vino, hasta tal punto que cuando se lee este pasaje no se puede dejar de relacionar esta fiesta esponsal con el vino nuevo de Caná.

En el fondo, es todo un símbolo, que nos habla de novedad. Sobre todo cuando Jesús dice: El vino nuevo debe echarse en odres nuevos. Por lo tanto, a vino nuevo, odres nuevos. Aquí está la novedad del Evangelio. Por lo demás, ¿qué nos trae el Evangelio? Alegría y novedad.

En cambio estos doctores de la Ley estaban encerrados en sus preceptos, en sus prescripciones. Hasta tal punto que san Pablo, hablando de ellos, nos dice que antes que llegara la fe, es decir, Jesús, todos nosotros estábamos custodiados como prisioneros bajo la ley. Pero esta ley no era mala: custodiados pero prisioneros, en espera de que llegara la fe. Precisamente, la fe que se revelaría en Jesús mismo.

El pueblo tenía la ley que le había dado Moisés. Y también costumbres y pequeñas leyes que habían codificado los doctores, los teólogos. Por eso la Ley los custodiaba, pero como prisioneros. Y ellos estaban a la espera de la libertad, de la libertad definitiva que Dios daría a su pueblo con su Hijo.

[…] Cuando Jesús reprende a esta gente, a estos doctores de la Ley, los reprende por no haber custodiado al pueblo con la Ley, por haberlo hecho esclavo de tantas pequeñas leyes, de tantas pequeñas cosas que se debían hacer. Y por haberlo hecho sin la libertad que Él nos trae con la nueva ley, la ley que Él selló con su sangre.

Por consiguiente, esta es la novedad del Evangelio, que es fiesta, es alegría, es libertad. Es precisamente el rescate que todo el pueblo esperaba cuando estaba custodiado por la Ley, pero como prisionero.

Y esto es también lo que Jesús quiere decirnos: ¿qué hacemos ahora, Jesús?. La respuesta es: A la novedad, novedad; a vino nuevo, odres nuevos.

Por esta razón no hay que tener miedo de cambiar las cosas según la ley del Evangelio, que es una ley de la fe. San Pablo distingue bien: hijos de la Ley e hijos de la fe. A vino nuevo, odres nuevos.

Por eso la Iglesia nos pide a todos nosotros algunos cambios. Nos pide que dejemos de lado las estructuras anticuadas: ¡no sirven! Y que tomemos odres nuevos, los del Evangelio.

No se puede comprender, por ejemplo, la mentalidad de estos doctores de la Ley, de estos teólogos fariseos, con el espíritu del Evangelio. Son cosas diversas.

En efecto, el estilo del Evangelio es un estilo diverso, que da plenitud a la ley, pero de un modo nuevo: es el vino nuevo en odres nuevos.

A la pregunta de esos fariseos y escribas, Jesús responde:

“No podemos ayunar como ustedes mientras estamos de fiesta. Días vendrán en que les será arrebatado el esposo”.

Y al decir esto, pensaba en su Pasión, pensaba en el tiempo de la pasión de tantos cristianos, incluso de nuestras pasiones, en las que estará la cruz. (Homilía en Santa Marta, 05 de septiembre de 2014)

Oración de Sanación

Señor, ayúdame a renovar mi espíritu debilitado por la adversidad. Dame la sabiduría para saber ayunar de aquello que obstaculiza mi camino a la felicidad.

No quiero ser como vasija vieja, que está llena de temores, inseguridades, incredulidad, de muchas heridas y dolores guardados por el rencor.

Haz de mí una vasija nueva, límpiame de todo lo viejo que me contamina. Que ya no tenga miedo en mi corazón y pueda ser como un niño, puro y sincero.

Transforma mi corazón y hazlo capaz de perdonar, de olvidar, de descansar en tu amor dejando atrás todas mis cargas y poniendo mi vida en tus manos.

Tú tienes una propuesta de vida nueva, en la que te presentas como mi salvador, mi apoyo incondicional en todos los planes que me propongo.

Ven Señor. Dame la gracia y la fuerza suficiente para sostenerme y seguir creyendo en medio de mis turbios caminos y los distintos desafíos de la vida

Necesito recibir Tú mensaje con un espíritu nuevo para así romper con el molde del conformismo que había mantenido a mi alma envejecida.

Ayúdame a confiar en Ti, a dejarme guiar por tu palabra sanadora, porque Ella me llevará a conocer la verdad que eres Tú y amarte en plenitud. Amén.

Propósito para hoy

Animaré a un familiar o amigo cercano para que asista y sienta la fuerza del Sacramento de la Reconciliación

Frase de reflexión

“El cristiano está siempre lleno de esperanza;nunca puede dejarse llevar por el desánimo”. Papa Francisco.

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