Evangelio 

Evangelio del día Domingo 28 de Enero

 

 

Cuarto Domingo del tiempo ordinario.

Santo del día: Santo Tomás de Aquino.

 

† Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 21-28. 

Entraron en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, Jesús fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. 
Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. 
Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: 
“¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. 
Pero Jesús lo increpó, diciendo: “Cállate y sal de este hombre”. 
El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre. 
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: “¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!”. 
Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea. 

 

Palabra del Señor.
Gloria a ti Señor, Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

El pasaje evangélico presenta a Jesús que, con su pequeña comunidad de discípulos, entra en Cafarnaún, la ciudad en la que vivía Pedro y que en aquellos tiempos era la más grande de Galilea. Y Él entra en aquella ciudad.

El evangelista Marcos relata que Jesús, siendo aquel día un sábado, fue inmediatamente a la sinagoga y se puso a enseñar. Esto hace pensar en la primacía de la Palabra de Dios, Palabra que hay que escuchar, Palabra que hay que acoger, Palabra que hay que anunciar.

Al llegar a Cafarnaún, Jesús no posterga el anuncio del Evangelio, no piensa primero en la disposición logística, ciertamente necesaria, de su pequeña comunidad, no se detiene en la organización.

La preocupación principal de Jesús es la de comunicar la Palabra de Dios con la fuerza del Espíritu Santo. Y la gente en la sinagoga permanece asombrada, porque Jesús les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

¿Qué significa “con autoridad”? Quiere decir que en las palabras humanas de Jesús se sentía toda la fuerza de la Palabra de Dios, se sentía la misma autoridad de Dios, inspirador de las Sagradas Escrituras.

Y una de las características de la Palabra de Dios es que realiza lo que dice. Porque la Palabra de Dios corresponde a su voluntad. En cambio, nosotros con frecuencia pronunciamos palabras vacías, sin raíz, o palabras superfluas, palabras que no corresponden a la verdad. (Reflexión antes del rezo del ángelus, 1 de febrero de 2015)

Oración de Sanación

Señor, Dios y salvador mío, quiero que la autoridad de tu voz resuene en mis entrañas y remueva todo lo que pueda separarme de una vida sin tu amor.

Tu gracia es la energía que le da ritmo a mi vida y la que me impulsa a alcanzar mis objetivos entre aquello que deseo y tu voluntad para mi vida.

Quiero aprender a descubrirte en cada situación. Que ningún “encanto” de este mundo ensordezca mi alma a los susurros de tus inspiraciones.

Tú Palabra es poderosa, trae vida, sanación y liberación. Ayuda a que Ella sea el centro de mi todo, que mis luchas y acciones la tengan como bandera.

Te confieso como mi Señor, el Hijo del Dios vivo, el que vino para restaurar a la humanidad y dar nuevas oportunidades de construir caminos de vida

Ayúdame a vivir centrado en Ti, en tu amor y tu compasión. Destierra de mi vida todo miedo y dolor y hazme una persona más confiada y valiente.

Te alabo y te bendigo por siempre, toda la gloria y alabanza a tu Santo Nombre, a tu Señorío indiscutible por sobre todas las cosas.

Ven y sáname con la fuerza de tu Palabra. Me declaro enteramente tuyo, entregado a tu pasión y confiado en tu bendición sobre mí. Amén

Propósito para hoy

Antes de acostarme, examinaré delante de un crucifijo mis faltas, me arrepentiré, pediré perdón por ellas y haré un buen propósito para el día siguiente.

Frase de reflexión

“Aquí estamos, Señor, con la vergüenza de lo que el hombre, creado a tu imagen y semejanza, ha sido capaz de hacer. Acuérdate de nosotros en tu misericordia.”. Papa Francisco.

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