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Francisco insta a los fieles a “no llegar con retraso a misa, para preparar el corazón a la celeración”

En la audiencia del miércoles, el Papa Francisco desea Feliz Navidad a los fieles y centra su catequesis en los ritos introductorios de la misa. Explicándolos, invita a los fieles a no llegar tarde a la eucaristía y, sobre todo, pide a padres y abuelos que “enseñen a santiguarse bien a los niños”, que, e menudo, hacen garabatos en la cara, en vez del signo de la cruz.

El contacto del Papa con la gente, en el aula Pablo VI, es todavía más cercano y directo que en la Plaza de San Pedro. El pasillo central del aula es toda una catequesis ambulante. El Papa bendice, estrecha manos, acricia a los niños y a los ancianos, sobre todo. Cambia de lado, entre los flashes de los móviles.

Le dicen de todo y le regalan de todo. Desde una tarta a libros, revistas, bufandas, ramos de flores, estampas, camisetas. Y, sobre todo, reparte abrazos y besos. Caricias de ternura.

Lectura de los Hechos de los póstoles: “Eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en las enseñanzas y en las oraciones. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común…Vendían posesiones y bienes y lo repartián en función de las necesidades de cada uno…Eran bienvistos de todo el pueblo”.

Algunas frases de la catequesis del Papa

“Estamos haciendo la catequesis sobre la misa”

“Dos partes: liturgia de la Palabra y liturgia eucarística”

“La celebración es un único cuerpo y no se puede separar”

“Saborear toda su belleza”

“Los ritos introductorios, el saludo, el acto penitencial, el kirye, el gloria y la oración colecta de las intenciones de todo el pueblo, que sube al cielo como oración”

“No es una buena costumbre mirar el reloj y decir llego a tiempo, porque llego después del sermón y, así, cumplo el precepto. La misa comienza con los ritos introductorios, cuando comenzamos adorar a Dios como comunidad. No llegar con retraso, para preparar el corazón a la celeración de la comunidad”

“El sacerdote se inclina y besa el altar, porque el altar es la figura de Cristo. El altar es Cristo”

“La misa es un encuentro de amor con Cristo que, al ofrecer su cuerpo en la cruz, se convierte en altar, víctima y sacerdote”

“El sacerdote traza sobre sí mismo el signo de la cruz…¿Habéis visto cómo se santiguan los niños…así, rápidamemte. No saben lo que hacen. Dan vueltas, hacen un dibujo en la cara que no es el signo de la cruz. Madres, padres, abuelos enseñad a los niños, desde el principio, desde pequeños, a hacer el signo de la cruz. Explicarles que hay que llevar como protección el signo de la cruz”

“La misa es una sinfonía orante…”

“Todos somos pecadores. Si alguno no es pecador, que levante la mano…No hay manos levantadas, está bien. Todos somos pecadores…”

“Confesarse pecadores ante Dios y ante los hermanos, con humldad y sinceridad. Como el publicano en el templo”

“La importancia del acto penitencial, que abordaremos en la próxima catequesis”

“Os recomiendo que enseñéis bien a los niños a santiguarse. Gracias”

Texto completo del saludo del Papa en español

Queridos hermanos y hermanas:

La serie de catequesis sobre la Santa Misa nos lleva a reflexionar en la celebración de la Eucaristía como un único acto compuesto de dos partes: la liturgia de la Palabra y la liturgia eucarística. Hoy, deseo detenerme en los ritos introductorios que preceden a esos dos grandes momentos.

El sacerdote, al inicio de la celebración, se dirige al presbiterio mientras se entona el canto de ingreso, al llegar se inclina ante el altar en signo de veneración, lo besa y lo inciensa. A continuación, el sacerdote que preside traza sobre su pecho el signo de la cruz, y junto con él lo hacen también todos los presentes. Este signo nos recuerda que todo acto litúrgico se cumple «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».
Después, quien preside se dirige a la asamblea con un saludo como éste: «el Señor esté con ustedes», al que el Pueblo responde: «y con tu espíritu».

Este saludo y esta respuesta manifiestan el misterio de la Iglesia reunida, que confiesa una misma fe y desea estar unida con su Señor. Posteriormente, el sacerdote invita al acto penitencial, que no es sólo pensar en los pecados cometidos, sino confesarnos pecadores ante Dios y ante los hermanos, para que podamos resurgir a una vida nueva con Cristo.
***
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. Ante la proximidad de la Celebración del Nacimiento de Nuestro Señor, los animo a vivir con intensidad estos días, participando en la Santa Misa y experimentando la gracia del encuentro personal con Cristo, que ha querido nacer de una Mujer, María, para salvarnos y colmarnos de paz y de alegría.
A todos les deseo una Feliz Navidad.

Que Dios los bendiga. Muchas gracias.

Texto completo de la catequesis del Papa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Retomando el camino de catequesis sobre la Misa, hoy nos preguntamos: ¿Por qué ir a Misa el domingo?

La celebración dominical de la Eucaristía está al centro de la vida de la Iglesia (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2177). Nosotros los cristianos vamos a Misa el domingo para encontrar al Señor resucitado, o mejor dicho para dejarnos encontrar por Él, escuchar su palabra, nutrirnos en su mesa, y así hacernos Iglesia, es decir, su Cuerpo místico viviente en el mundo.

Lo han comprendido, desde el primer momento, los discípulos de Jesús, los cuales han celebrado el encuentro eucarístico con el Señor en el día de la semana que los judíos llamaban “el primero de la semana” y los romanos “día del sol”, porque ese día Jesús había resucitado de los muertos y se había aparecido a los discípulos, hablando con ellos, comiendo con ellos, donándoles a ellos el Espíritu Santo (Cfr. Mt 28,1; Mc 16,9.14; Lc 24,1.13; Jn 20,1.19), como hemos escuchado en la Lectura bíblica. Incluso la gran efusión del Espíritu en Pentecostés sucede el domingo, el quincuagésimo día después de la resurrección de Jesús. Por estas razones, el domingo es un día santo para nosotros, santificado por la celebración eucarística, presencia viva del Señor entre nosotros y para nosotros. ¡Es la Misa, pues, lo que hace al domingo cristiano! El domingo cristiano gira alrededor de la Misa. ¿Qué domingo es, para un cristiano, aquel en el cual falta el encuentro con el Señor?

Existen comunidades cristianas que, lamentablemente, no pueden gozar de la Misa cada domingo; sin embargo ellas, en este santo día, están llamadas a recogerse en oración en el nombre del Señor, escuchando la Palabra de Dios y teniendo vivo el deseo de la Eucaristía.

Algunas sociedades secularizadas han perdido el sentido cristiano del domingo iluminado por la Eucaristía. Es un pecado, esto. En este contexto es necesario reavivar esta conciencia, para recuperar el significado de la fiesta – no perder el sentido de la fiesta -, el significado de la alegría, de la comunidad parroquial, de la solidaridad, del descanso que repone el alma y el cuerpo (Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2177-2188). De todos estos valores nos es maestra la Eucaristía, domingo tras domingo. Por esto el Concilio Vaticano II ha querido reafirmar que «el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de liberación del trabajo» (Const. Sacrosanctum Concilium, 106).

La abstención dominical del trabajo no existía en los primeros siglos: es un aporte específico del cristianismo. Por tradición bíblica los judíos descansan el sábado, mientras en la sociedad romana no estaba previsto un día semanal de abstención de los trabajos serviles. Fue el sentido cristiano del vivir como hijos y no como esclavos, animado por la Eucaristía, a hacer del domingo – casi universalmente – el día de descanso.

Sin Cristo somos condenados a ser dominados por el cansancio del cotidiano, con sus preocupaciones, y del temor del mañana. El encuentro dominical con el Señor nos da la fuerza de vivir el hoy con confianza y valentía e ir adelante con esperanza. Por esto los cristianos vamos a encontrar al Señor el domingo, en la celebración eucarística.

La Comunión eucarística con Jesús, Resucitado y Vivo en eterno, anticipa el domingo sin ocaso, cuando no existirá más fatiga ni dolor ni luto ni lágrimas, sino sólo la alegría de vivir plenamente y por siempre con el Señor. También de este beato descanso nos habla la Misa del domingo, enseñándonos, en el fluir de la semana, a encomendarnos en las manos del Padre que está en los cielos.

¿Qué cosa podemos responder a quien dice que no sirve ir a Misa, ni siquiera el domingo, porque lo importante es vivir bien, amar al prójimo? Es verdad que la calidad de la vida cristiana se mide por la capacidad de amar, como ha dicho Jesús: «En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros» (Jn 13,35); pero, ¿Cómo podemos practicar el Evangelio sin tomar la energía necesaria para hacerlo, un domingo detrás del otro, de la fuente inagotable de la Eucaristía? No vamos a Misa para dar algo a Dios, sino para recibir de Él lo que de verdad tenemos necesidad. Lo recuerda la oración de la Iglesia, que así se dirige a Dios: «Pues aunque no necesitas nuestra alabanza, ni nuestras bendiciones te enriquecen, tú inspiras y haces tuya nuestra acción de gracias, para que nos sirva de salvación» (Misal Romano, Prefacio Común IV).

En conclusión, ¿Por qué ir a Misa el domingo? No es suficiente responder que es un precepto de la Iglesia; esto ayuda a cuidar el valor, pero esto sólo no es suficiente. Nosotros los cristianos tenemos necesidad de participar en la Misa dominical porque sólo con la gracia de Jesús, con su presencia viva en nosotros y entre nosotros, podemos poner en práctica su mandamiento, y así ser sus testigos creíbles. Gracias.

 

Fuente Religión Digital.

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