Evangelio 

Evangelio del día Domingo 10 de Diciembre

Segundo Domingo de Adviento.

Santo del día: Santa Eulalia de Mérida.

† Lectura del santo Evangelio según San Marcos 1, 1-8. 

Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. 
Como está escrito en el libro del profeta Isaías: Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. 
Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos, 
así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 
Toda la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. 
Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: 
“Detrás de mí vendrá el que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. 
Yo los he bautizado a ustedes con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo”. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

La primera cosa que ha hecho Juan, grande, es anunciar a Jesucristo. Otra cosa que ha hecho, es que no se ha apoderado de su autoridad moral.

A Juan se le había dado la posibilidad de decir “Yo soy el Mesías”, porque tenía mucha autoridad moral, todo el mundo iba donde él.

Y el Evangelio narra que Juan le decía a todos que se convirtieran. Y los fariseos, los doctores veían esta como su fuerza: “Era un hombre recto”.

Le preguntaban si era él el Mesías. Y, en el momento de la tentación, de la vanidad, podía poner una cara de circunstancia y decir: “Pero, no lo sé…” con una falsa humildad.

“No, yo no lo soy. Detrás de mí viene uno que es más fuerte que yo, del que no soy digno ni de atarle la correa de sus sandalias”.

Juan ha sido claro, no ha robado el título. No se ha apoderado del trabajo. Esta, por tanto, es la segunda cosa que ha hecho él, hombre de verdad: No robar la dignidad. (Homilía en santa Marta, 7 de febrero de 2014)

Oración de sanación

Mi Señor, gracias por tu compañía fiel y por hacerme saber por medio de tus acciones milagrosas que estás vivo y no me dejarás solo nunca.

Te entrego mi corazón en este momento para que así con tu poderosa presencia deseches toda herida de abandono y llenes todos mis vacíos.

Quiero darte a conocer por tu amor y tu perdón y declararte como Rey de mi vida. Me rindo delante de ti y permito que obres cosas grandes en mí.

Cambia en mi vida todo aquello que no te agrada y te entristece. Enséñame a odiar con todas mis fuerzas el pecado para nunca ofenderte ni fallarte.

Que mi corazón y todo de mí pueda exhalar tu gloriosa fuerza sanadora y hacer que muchos conozcan tu inmenso poder capaz de levantar y de sanar.

Ayúdame a esforzarme, a clamar a Ti siempre en mis momentos de necesidad y a no desfallecer cuando se presente la prueba y el dolor.

Sé que no abandonarás pues tu amor quiere vivir en mi corazón y llenarme de paz y consuelo para proseguir en mis luchas y dejar que obres tus maravillas.

Ven, amado mío, que seas siempre Tú quien brille a través de mis buenas acciones y que al final del día me hagas un vencedor entusiasta. Amén

Propósito para hoy

Con mi testimonio de vida, con mis palabras y acciones, debo hacer notar a todos mis seres queridos y amigos que el niño Jesús es la salvación y está cerca.

Frase de reflexión

“Miremos hoy a Jesús y repitámosle con el corazón: “¡Acuérdate de mí, Señor, ahora que estás en tu Reino!”.
Papa Francisco.

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