Evangelio 

Evangelio del día Sábado 04 de Noviembre

Sábado de la trigésima semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Carlos Borromeo.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 1.7-11. 

Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. 
Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola: 
“Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, 
y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: ‘Déjale el sitio’, y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar. 
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: ‘Amigo, acércate más’, y así quedarás bien delante de todos los invitados. 
Porque todo el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado”. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Esta es la vía de Dios, el camino de la humildad. Es el camino de Jesús, no hay otro. Y no hay humildad sin humillación.

Al recorrer hasta el final este camino, el Hijo de Dios tomó la condición de siervo. En efecto, humildad quiere decir también servicio, significa dejar espacio a Dios negándose a uno mismo, despojándose, como dice la Escritura. Esta – este vaciarse – es la humillación más grande.

Hay otra vía, contraria al camino de Cristo: la mundanidad. La mundanidad nos ofrece el camino de la vanidad, del orgullo, del éxito… Es la otra vía.

El maligno se la propuso también a Jesús durante cuarenta días en el desierto. Pero Jesús la rechazó sin dudarlo. Y, con él, sólo con su gracia, con su ayuda, también nosotros podemos vencer esta tentación de la vanidad, de la mundanidad, no sólo en las grandes ocasiones, sino también en las circunstancias ordinarias de la vida.

En esto, nos ayuda y nos conforta el ejemplo de muchos hombres y mujeres que, en silencio y sin hacerse ver, renuncian cada día a sí mismos para servir a los demás: un familiar enfermo, un anciano solo, una persona con discapacidad, un sin techo

Pensemos también en la humillación de los que, por mantenerse fieles al Evangelio, son discriminados y sufren las consecuencias en su propia carne.

Y pensemos en nuestros hermanos y hermanas perseguidos por ser cristianos, los mártires de hoy – hay tantos – no reniegan de Jesús y soportan con dignidad insultos y ultrajes. Lo siguen por su camino. Podemos hablar en verdad de una nube de testigos: los mártires de hoy (Homilía en la Plaza de San Pedro, 29 de marzo de 2015)

Oración de Sanación

Señor, te agradezco cada una de las bendiciones que has derramado en mi vida y por mantener siempre mi corazón lleno de una sana humildad

Tú me escuchas y me hablas directo al corazón. Muestras tu poder con sutileza y tus señales prodigiosas se esconden bajo pequeños gestos de bondad.

Quiero ver mi corazón libre de malos deseos. Que no busque los halagos del mundo y me considere un siervo inútil al que le queda mucho por hacer.

Líbrame del cáncer del orgullo que me lleva a ver a los demás por encima del hombro, y que me conduce por sendas y valles oscuros ausentes de caridad.

Padre, quiero ser sincero en mi oración, profundizar mi relación contigo sintiéndome que hablo con un amigo que consuela y anima a salir adelante.

Transforma mi vida y mi corazón, aduéñate de él, hazme compasivo ante las necesidades de mi prójimo, en mis decisiones y en todo mi proceder.

Lléname de fe y de tu amor. Que mi norte seas Tú, porque sólo Tú eres la esencia de la vida misma que lleva a la abundancia de la felicidad misma.

Un corazón dócil, Tú jamás lo desprecias. Por eso, me siento seguro que me escuchas, acudes a mi llamado y me ofreces tus consuelos y tu amor. Amén

Propósito para hoy

Haré un examen de conciencia para evaluar mis actos de caridad ¿Me he esforzado lo suficiente en dar? ¿he dado sólo lo que me sobraba o he sido generoso? Meditar…

Frase de reflexión

“Aprendamos a decir gracias a Dios, a los demás. Lo enseñamos a los niños, pero luego lo olvidamos”. Papa Francisco.

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