Evangelio 

Evangelio del día Miércoles 15 de Noviembre

Miércoles de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario.

Santos del día: San Alberto Magno, San Roque Gonzalez, San Félix de Nola, Beata Isabel Achler.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 17, 11-19. 

Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pasaba a través de Samaría y Galilea. 
Al entrar en un poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia 
y empezaron a gritarle: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!”. 
Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Y en el camino quedaron purificados. 
Uno de ellos, al comprobar que estaba curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta 
y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. 
Jesús le dijo entonces: “¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? 
¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este extranjero?”. 
Y agregó: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado”. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Dios es nuestra fuerza. Pienso en los diez leprosos del Evangelio curados por Jesús: salen a su encuentro, se detienen a lo lejos y le dicen a gritos:

“Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”.

Ellos Están enfermos, necesitados de amor y de fuerza, y buscan a alguien que los cure. Y Jesús responde liberándolos a todos de su enfermedad.

Aquí, llama la atención, sin embargo, que solamente uno regrese alabando a Dios a grandes gritos y dando gracias. Jesús mismo lo indica: diez han dado gritos para alcanzar la curación y uno solo ha vuelto a dar gracias a Dios a gritos y reconocer que en Él está nuestra fuerza. Saber agradecer, dar gloria a Dios por lo que hace por nosotros.

Miremos a María: después de la Anunciación, lo primero que hace es un gesto de caridad hacia su anciana pariente Isabel; y las primeras palabras que pronuncia son: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, o sea, un cántico de alabanza y de acción de gracias a Dios no sólo por lo que ha hecho en Ella, sino por lo que ha hecho en toda la historia de salvación. Todo es don suyo.

Si nosotros podemos entender que todo es don de Dios, ¡cuánta felicidad hay en nuestro corazón! Todo es don suyo ¡Él es nuestra fuerza! ¡Decir gracias es tan fácil, y sin embargo tan difícil!

¿Cuántas veces nos decimos gracias en la familia? Es una de las palabras claves de la convivencia. “Permiso”, “disculpa”, “gracias”: si en una familia se dicen estas tres palabras, la familia va adelante. “Permiso”, “perdóname”, “gracias”.

¿Cuántas veces decimos “gracias” en familia? ¿Cuántas veces damos las gracias a quien nos ayuda, se acerca a nosotros, nos acompaña en la vida?

Muchas veces damos todo por sentado. Y así hacemos también con Dios. Es fácil dirigirse al Señor para pedirle algo, pero ir a agradecerle: “Uy, no me dan ganas”. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 13 de octubre de 2013)

Oración de Sanación

Señor mío, abogado de mi corazón, gracias por todas las cosas que me has dado, por tus bendiciones, mis alegrías y penas que me ayudaron a crecer.

Gracias por mis triunfos y derrotas, por mi bienestar y mis cruces de cada día. Abandono mis preocupaciones y te alabo desde el fondo de mi alma.

Tu Palabra da vida a todo aquel que te sigue, aún en medio de las pruebas, pues tu Palabra es semilla que hace germinar la fe y la fuerza del corazón.

Gracias por las pruebas, porque con ellas fortaleces mi espíritu y escondes una bendición que me servirá en mi camino de vida. Dame vida y salud.

Gracias por las personas que has puesto en mi camino para enseñarme a vivir, amar, comprender y respetar. Tú eres mi defensor y mi refugio seguro.

Gracias porque no me apartarte de mi lado, por darme la fuerza necesaria para construir mi vida al lado de las personas que amo.

Gracias porque sé que, en este momento, me tomas de tu mano, me consuelas y me haces salir vencedor en todas mis batallas.

Gracias por tu acción poderosa en mi vida y por mostrarme el verdadero camino del amor para que nada pueda robarme la paz y la esperanza. Amén

Propósito para hoy

Toma un crucifijo y conversa con Jesús crucificado. Exprésale tu situación, dile una pequeña oración de petición y pídele que te ayude a sanar las heridas de tu corazón

Frase de reflexión

“Ser amigos de Dios significa orar con sencillez, como un niño le habla a su padre”. Papa Francisco.

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