Evangelio 

Evangelio del día Miércoles 08 de Noviembre

Miércoles de la trigésima primera semana del tiempo ordinario.

Santo del día: Beato Juan Duns Scoto.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 14, 25-33.
 

Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo: 
“Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo. 
El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo. 
¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla? 
No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo: 
‘Este comenzó a edificar y no pudo terminar’. 
¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil? 
Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz. 
De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” 

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Seguir a Jesús no significa participar en un cortejo triunfal. Significa compartir su amor misericordioso, entrar en su gran obra de misericordia hacia cada hombre y hacia todos los hombres.

La obra de Jesús es precisamente una obra de misericordia, de perdón, de amor. Es tan misericordioso Jesús. Y este perdón universal pasa por la cruz. Pero Jesús no quiere cumplir esta obra solo: nos quiere involucrar también a nosotros en la misión que el Padre le ha encomendado.

[…] El discípulo de Jesús renuncia a todos los bienes, porque ha encontrado en Él el Bien más grande, en el que cualquier otro bien recibe su pleno valor y significado: los lazos familiares, las otras relaciones, el trabajo, los bienes culturales y económicos y otros…

El cristiano se desprende de todo y reencuentra todo en la lógica del Evangelio, la lógica del amor y el servicio.

Para explicar esta exigencia, Jesús usa dos parábolas: la de la torre que se debe construir y la del rey que va a la guerra. Esta segunda parábola dice: “¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?

Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz”. Aquí Jesús no quiere afrontar el tema de la guerra, es sólo una parábola.

Pero en este momento en que estamos firmemente orando por la paz, esta Palabra del Señor nos toca en lo más vivo, y, esencialmente, nos dice: hay una guerra más profunda que tenemos que luchar, todos.

Es la decisión firme y valiente de renunciar al mal y a sus seducciones y de escoger el bien, listos para pagar en persona: he aquí el seguimiento de Cristo, he aquí el tomar la propia cruz! Esta guerra profunda contra el mal…

¿De qué sirve hacer guerras, si tú no eres capaz de hacer esa guerra profunda contra el mal? ¡No sirve a nada! No va… (Reflexión antes del rezo del ángelus, 08 de septiembre de 2013)

Oración de Sanación

Señor, ayúdame cada día a descubrir tus bendiciones escondidas bajo lo que creo que son pesadas cargas y que trabajan de modo misterioso en mi vida.

Quiero dar pasos más firmes y seguros, y dar un esfuerzo aún mayor en la consecución de mis objetivos y en la misión de vida que me has asignado.

Tú me pides la vida y el corazón, que ponga mi atención en tu bondad y que viva consciente de tu propuesta de vida desprendiéndome de lo pasajero.

Dios de vida y compasión, mi entrega a Ti debe ser total, una donación radical que transforme mi corazón en una cuna viviente de tu amor.

Quiero centrarme en tu Palabra, hacer de ella un camino de vida. No me apartes de Ti por mis errores, antes bien, corrígeme y lléname de tu poder.

Gracias por todo lo bueno que haces en mi vida. Gracias porque eres mi guardián que no descansa, mi escudo que no cede, mi luz que no se apaga.

Te abro mi corazón, hazme un instrumento de tu amor para que, a través de mí, derrames bendiciones y milagros a todos cuantos se me acerquen.

Guíame, amado mío, hacia la gente que necesita conocerte y que pueda servirles con amor, con desprendimiento, con generosidad y entrega. Amén

Propósito para hoy

Rezaré un Padrenuestro por los cientos de miles de personas en el mundo que viven apegados al dinero y los bienes y se han olvidado de Dios.

Frase de reflexión

“Cada encuentro con Jesús nos colma de alegría, aquella alegría profunda que sólo Dios nos puede dar”. Papa Francisco.

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