Evangelio 

Evangelio del día Lunes 27 de Noviembre

Lunes de la trigésima cuarta semana del tiempo ordinario.

Santo del día: Ntra Sra de la Medalla Milagrosa, Beato Bronislao Kostowski.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21, 1-4. 

Levantando los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. 
Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, 
y dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie. 
Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir.” 

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Dar lo poco que se tiene, sin atraer la atención sino sólo la de Dios, porque Él es el todo en quien confiamos.

Existen dos tendencias siempre presentes en la historia de la Iglesia. La Iglesia tentada por la vanidad y la Iglesia pobre, que no debe tener otras riquezas que su Esposo, como la humilde mujer del templo:

Me gusta ver en esta figura a la Iglesia que es en cierto modo un poco viuda, porque espera a su Esposo que regresará… Pero tiene a su Esposo en la Eucaristía, en la Palabra de Dios, en los pobres, si: pero espera que regrese, ¿no? Esta actitud de la Iglesia…

Esta viuda no era importante, el nombre de esta viuda no aparecía en los diarios. Nadie la conocía. No tenía títulos… nada. Nada. No brillaba con luz propia. Es esto que me hace ver en esta mujer la figura de la Iglesia.

La gran virtud de la Iglesia debe ser no brillar con luz propia, sino brillar de la luz que viene de su Esposo. Que viene propio de su Esposo. Y en los siglos, cuando la Iglesia ha querido tener luz propia, se ha equivocado.

Es verdad que algunas veces, el Señor puede pedir a su Iglesia, tomar un poco de luz propia, pero eso se entiende, si la misión de la Iglesia es iluminar a la humanidad, la luz que viene donada debe ser únicamente aquella recibida de Cristo en actitud de humildad.

Todos los servicios que nosotros hacemos en la Iglesia son para ayudarnos en esto, para recibir aquella luz. Y un servicio sin esta luz no está bien: hace que la Iglesia se vuelva o rica, o potente, o que busca el poder, o que se equivoque de camino, como ha sucedido tantas veces en la historia y como sucede en nuestras vidas, cuando nosotros queremos tener otra luz, que no es precisamente aquella del Señor: una luz propia.

Cuando la Iglesia es fiel a la esperanza y a su esposo, es feliz de recibir la luz de Él, de ser en este sentido como la “viuda”, en espera, como la luna, del sol que vendrá.

Cuando la Iglesia es humilde, cuando la Iglesia es pobre, también cuando la Iglesia confiesa sus miserias – pues todos las tenemos – la Iglesia es fiel. La Iglesia dice: “Pero, yo soy oscura, pero la luz me viene de ahí”… y esto nos hace tanto bien.

Oremos a esta viuda que está en el Cielo, seguramente, oremos a esta viuda que nos enseñe a ser Iglesia así, dando de la vida todo lo que tenemos: nada para nosotros. Todo para el Señor y para el prójimo.

Humildes. Sin vanagloriarnos de tener luz propia, buscando siempre la luz que viene del Señor. Así sea. (Homilía en Santa Marta, 25 de noviembre de 2014)

Oración de Sanación

Señor Dios, gracias por ser mi Padre, mi dador de cosas buenas. Quiero apreciar todas las bendiciones que me das y saber corresponderte con amor.

Toca mi corazón, hazme sentir tu gracia y tu poder. Que mis palabras sean guiadas por tu sabiduría y que mi fe crezca de forma real y verdadera.

Quiero ser generoso en compasión y perdón, donarme a mí mismo en una entrega desinteresada, apaciguando conciencias heridas con tu esperanza.

Tú no me mides por cuánto doy, sino por la medida en que mi corazón se vuelca completamente hacia la generosidad y se vacía de sus egoísmos.

Gracias por llenarme de tu alegría, por tomar en cuenta cada gesto de amor que nace de mi corazón y por hacer que mi alma se levante en victoria.

Dame de tu fuerza poderosa para tener siempre la capacidad de ceder mis espacios a quien necesite y tender la mano a mi prójimo sin reparo.

Vacíame de toda inseguridad y miedo, de todo bloqueo que tenga mi alma que no le permita dar pasos de santidad. Soy tuyo, sé que tú me fortaleces.

Abro mi corazón, escucho tu voz y doy paso a tu llamado que me guía hacia un camino de servicio, lleno de alegría y de bendiciones. Amén

Propósito para hoy

Reflexionar sobre un pasaje del Evangelio que haga referencia a la Pasión de Jesús, para conocer más de su humildad. Sugerencia: Lucas 22,39-46

Frase de reflexión

“La fuerza espiritual de los sacramentos es inmensa. Con la gracia podemos superar cualquier obstáculo”. Papa Francisco.

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