Evangelio 

Evangelio del día Jueves 23 de Noviembre

Jueves de la trigésima tercera semana del tiempo ordinario.

Santo del día: Beato Miguel Agustín Pro.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 19, 41-44. 

Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, 
diciendo: “¡Si tú también hubieras comprendido en este día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos. 
Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes. 
Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios”. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Jesús llora por Jerusalén, porque no ha reconocido a Aquel que trae la paz. El Señor llora por la cerrazón del corazón de la ciudad elegida, del pueblo elegido. Porque no tenía tiempo de abrirle la puerta. Estaba demasiado ocupada y muy satisfecha de sí misma.

Jesús sigue llamando a las puertas, como ha llamado a la puerta del corazón de Jerusalén: a las puertas de sus hermanos, de sus hermanas; a nuestras puertas, a las puertas de nuestro corazón, a las puertas de su Iglesia.

Jerusalén se sentía contenta, tranquila con su vida y no tenía necesidad del Señor: no se había dado cuenta de la necesidad de salvación que tenía. Y por esta razón cerró su corazón ante el Señor. El llanto de Jesús por Jerusalén es el llanto por su Iglesia, hoy, por nosotros.

¿Y por qué Jerusalén no había recibido al Señor? Porque estaba tranquila con lo que tenía, no quería problemas. Pero también, lo dice el Señor en el Evangelio:

“Si hubieras comprendido también tú, en este día, lo que te trae la paz. No has reconocido el tiempo en el que has sido visitada”.

Tenía miedo de ser visitada por el Señor; tenía miedo de la gratuidad de la visita del Señor. Estaba segura en las cosas que ella podía administrar. Estamos seguros en las cosas que nosotros podemos administrar. Pero nosotros no podemos administrar la visita del Señor, sus sorpresas.

Y de esto tenía miedo Jerusalén: de ser salvada por el camino de las sorpresas del Señor. Tenía miedo del Señor, de su Esposo, de su Amado. Y así Jesús llora. Cuando el Señor visita a su pueblo, nos trae la alegría, nos trae la conversión.

Y todos nosotros tenemos miedo no de la alegría, ¡no!, pero sí de la alegría que trae el Señor, porque no podemos controlarla. Tenemos miedo de la conversión, porque convertirse significa dejar que el Señor nos conduzca.

[…] Yo me pregunto: hoy nosotros los cristianos, que conocemos la fe, el catecismo, que vamos a Misa todos los domingos, nosotros los cristianos, nosotros los pastores, ¿estamos contentos de nosotros? Porque tenemos todo ordenado y no tenemos necesidad de nuevas visitas del Señor…

Y el Señor sigue llamando a la puerta, de cada uno de nosotros y de su Iglesia, de los pastores de la Iglesia. Eh sí, la puerta de nuestro corazón, de la Iglesia, de los pastores no se abre: el Señor llora, también hoy”. (Homilía en Santa Marta, 21 de Noviembre de 2014)

Oración de Sanación

Señor, te entrego en tus manos mi vida para que moldees a tu manera y me libres de todas mis fragilidades que me quitan las ganas de seguir luchando.

Ayúdame a conocerte mejor, a amarte y concretar actos de amor en mi vida cotidiana. Cuando dejo de cumplir con esto, Tú lloras de dolor por mí.

Cuando elijo otros caminos que no son los tuyos, sientes una profunda tristeza al saber que abandono la casa que el Padre ha preparado con amor para mí.

Quiero emprender acciones concretas que me lleven a abordar el tren de la fe, esperanza y caridad, y no perder el tiempo en ocupaciones inútiles.

No llores por mí, oh Señor, lamento el dolor que te han causado mis pecados y el rechazo a tu Palabra. Ayúdame a corregirme y a recobrar mi dignidad.

Ayúdame a redescubrirte y encontrarme contigo en la Eucaristía, sacramento bendito con el cual me fortaleces el alma y me fortaleces para alejarme del mal.

Te ofrezco mi vida y todos mis proyectos. Haz de mí, un discípulo amado que nunca te rechace y muchos menos te cause tristezas o pena alguna.

Confío en tu divino amor y en la bendición que ahora recibo de Ti. Ven a mi corazón, aduéñate de él y nunca te apartes de mi lado. Amén

Propósito para hoy

Cuando me vea débil ante una tentación, invocaré al poderoso nombre de Jesús que es más fuerte que Satanás y todas sus fuerzas, diciendo: “Jesús, Sé Tú mi fortaleza y seguridad en todo momento. Amén”

Frase de reflexión

“Jesús comprende nuestras debilidades, nuestros pecados, y si nos dejamos perdonar Él nos perdona”. Papa Francisco.

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