Evangelio 

Evangelio del día Miércoles 27 de Septiembre

Miércoles de la vigésima quinta semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Vicente de Paúl.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 9, 1-6. 

Jesús convocó a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar a toda clase de demonios y para curar las enfermedades. 
Y los envió a proclamar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos, 
diciéndoles: “No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno. 
Permanezcan en la casa donde se alojen, hasta el momento de partir. 
Si no los reciben, al salir de esa ciudad sacudan hasta el polvo de sus pies, en testimonio contra ellos”. 
Fueron entonces de pueblo en pueblo, anunciando la Buena Noticia y curando enfermos en todas partes. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Jesús envía a un camino. Un camino que, claro está, no es un simple paseo. Lo que hace Jesús, es un envío con un mensaje: anunciar el Evangelio, salir para llevar la salvación, el Evangelio de la salvación.

Y esta es la tarea que Jesús da a sus discípulos. Por ello, quien permanece paralizado y no sale, no da a los demás lo que ha recibido en el bautismo, no es un auténtico discípulo de Jesús. En efecto, le falta la misionariedad, le falta salir de sí mismo para llevar algo de bien a los demás.

[…] Así, pues, hay un doble camino que Jesús quiere de sus discípulos. Esto contiene la primera palabra que pone de relieve el Evangelio de hoy: caminar, camino.

Está luego la segunda: servicio. Y está estrechamente relacionada con la primera. Es necesario caminar para servir a los demás. Se lee en el Evangelio:

“Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Sanen a los enfermos, resuciten muertos, sanen leprosos, expulsen a los demonios”.

Aquí está el deber del discípulo: servir. Un discípulo que no sirve a los demás no es cristiano.

Punto de referencia de cada discípulo debe ser lo que Jesús predicó en las dos columnas del cristianismo: las bienaventuranzas y, después, el protocolo a partir del cual seremos juzgados, es decir, el que indicó san Mateo en el capítulo 25.

Este debe ser el marco del servicio evangélico. No hay escapatorias. Si un discípulo no camina para servir, no sirve para caminar. Si su vida no es para el servicio, no sirve para vivir como cristiano.

Precisamente en este aspecto se encuentra, en muchos, la tentación del egoísmo. Está quien dice: “Sí, soy cristiano, estoy en paz, me confieso, voy a misa, cumplo los mandamientos”. Pero, ¿dónde está el servicio a los demás? ¿Dónde está el servicio a Jesús en el enfermo, en el preso, en el hambriento, en el desnudo?

Y precisamente esto es lo que Jesús nos dijo que debemos hacer porque Él está allí. He aquí, la segunda palabra clave: el servicio a Cristo en los demás.

Existe una relación también con la tercera palabra de este pasaje, que es gratuidad. Caminar, en el servicio, en la gratuidad… Una cuestión fundamental que empuja al Señor a aclararla bien por si los discípulos no hubiesen entendido. Él les explica:

“No lleven nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tampoco dos túnicas cada uno”.

Como diciendo que el camino del servicio es gratuito porque nosotros hemos recibido la salvación gratuitamente. Ninguno de nosotros ha comprado la salvación, ninguno de nosotros la ha merecido, la tenemos por pura gracia del Padre en Jesucristo, en el sacrificio de Jesucristo. (Homilía en Santa Marta, 11 de junio de 2015)

Oración de sanación

Señor, que bien hace a mi vida tenerte y sentirte cerca en cada despertar. Sentir como me cubres y mes fuerzas nuevas para conquistar mis sueños.

Tú eres mi fuente de vida y de paz. Eres de quien recibo todo el consuelo en los problemas y las circunstancias difíciles a las que muchas veces enfrento.

Te entrego mis cargas y mis problemas sabiendo que tu poder todo lo puede y no me desamparará en los momentos de prueba.

Ser cristiano es un camino. Anunciar tu amor me abre los sentidos para resolver situaciones de un modo diferente a las soluciones humanas.

Me has llamado a proclamarte, a ser consuelo para los demás, a sembrar felicidad, llevar tu mensaje sanador y crear esperanza y vida nueva en Ti.

Ayúdame a que tu mensaje llegue con esperanza de una vida mejor y abra torrentes de bendiciones para los que te acepten y sigan tu Cruz.

Puedo confiar siempre en que Tú jamás te apartarás de mi corazón, sino que más bien, me darás la fortaleza para salir victorioso.

Dame de tu luz para que yo pueda ser como tierra fecunda, un espejo de tu misericordia y proclamador de tu amor en cada rincón del mundo. Amén

Propósito para hoy

Hoy, controlaré mis impulsos a defenderme y aceptaré con humildad y silencio cualquier humillación que me profieran

Frase de reflexión

Dios siempre nos espera, siempre nos comprende, siempre nos perdona”. Papa Francisco.

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