Evangelio 

Evangelio del día Martes 26 de Septiembre

Martes de la vigésima quinta semana del tiempo ordinario.

Santo del día: Santos Cosme y Damián, Santa Teresa Courdec.

† Lectura del santo Evangelio según San Lucas 8, 19-21. 

Su madre y sus hermanos fueron a verlo, pero no pudieron acercarse a causa de la multitud. 
Entonces le anunciaron a Jesús: “Tu madre y tus hermanos están ahí afuera y quieren verte”. 
Pero él les respondió: “Mi madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican”. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Estas son las dos condiciones para seguir a Jesús: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica. Esta es la vida cristiana, nada más, eh. Simple, simple.

Tal vez nosotros la hayamos hecho un poco difícil, con tantas explicaciones que nadie entiende, pero la vida cristiana es así: escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica.

He aquí porqué Jesús replica a quien le refería que sus parientes lo estaban buscando:

“Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”.

Y para escuchar la Palabra de Dios, la Palabra de Jesús basta abrir la Biblia, el Evangelio.

Pero estas páginas no deben ser leídas, sino escuchadas. “Escuchar la Palabra de Dios es leer eso y decir: “¿Pero qué me dice a mí esto, a mi corazón? ¿Qué me está diciendo Dios a mí, con esta palabra?”. Y nuestra vida cambia.

Cada vez que nosotros hacemos esto, abrimos el Evangelio, leemos un pasaje y nos preguntamos: “Con esto Dios me habla, ¿me dice algo a mí? Y si dice algo, ¿qué cosa me dice?” esto es escuchar la Palabra de Dios, escucharla con los oídos y escucharla con el corazón.

Abrir el corazón a la Palabra de Dios. Los enemigos de Jesús escuchaban la Palabra de Jesús, pero estaban cerca de él para tratar de encontrar una equivocación, para hacerlo patinar, y para que perdiera autoridad. Pero jamás se preguntaban: “¿Qué cosa me dice Dios a mí en esta Palabra?”.

Y Dios no habla sólo a todos; sí, habla a todos, pero habla a cada uno de nosotros. El Evangelio ha sido escrito para cada uno de nosotros.

Ciertamente, poner después en práctica lo que se ha escuchado no es fácil, porque es más fácil vivir tranquilamente sin preocuparse de las exigencias de la Palabra de Dios. Pistas concretas para hacerlo son los Mandamientos, las Bienaventuranzas.

Contando siempre con la ayuda de Jesús, incluso cuando nuestro corazón escucha y hace de cuenta que no comprende. Él es misericordioso y perdona a todos, espera a todos, porque es paciente. (Homilía en Santa Marta, 23 de septiembre de 2014)

Oración de Sanación

Señor, te doy gracias porque con cada amanecer, siento tu presencia que me hace sentir valioso y lleno de vida, motivado a luchar y a dar lo mejor de mí

Quiero que me ayudes a profundizar en mi vida interior, a sumergirme en mi conciencia y conocerme mejor para corregirme en la línea de tu amor.

Ayúdame a ser más comprensivo y compasivo. Enséñame a amar y perdonar sin dar espacio al rencor, a servir con humildad como tu Santa Madre María.

Que gusto es tener a la Virgen María como el mejor ejemplo de discípulo. Ella me enseña a ser dócil a tu Palabra, a respetarla y meditarla en el corazón.

María es la gran servidora, tu esclava fiel que siempre se dejó guiar por tus promesas. Como ella, quiero vivir esperanzado, creciendo en generosidad.

Gracias por dármela como Madre, gracias por todas las bendiciones que a través de ella me das y por colocarla como la mejor modelo a seguir.

Oh Dios de amor, confío en que me asignas bajo el cuidado de la Santísima Virgen para vivir conducido por la esperanza y la paz de su amor de Madre.

Que pueda hoy y siempre obrar con amor y compasión y cumplir con tu voluntad, para que así me cuentes entre la gran familia de los tuyos. Amén

Propósito para hoy

Elevaré una plegaria de intercesión al Señor, pidiendo por la protección del Papa en todas sus visitas y presentaciones

Frase de reflexión

“Es mejor una Iglesia herida, pero que hace camino, que una Iglesia enferma porque se cierra en sí misma”.
Papa Francisco.

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