Evangelio 

Evangelio del día Domingo 30 de Julio

Decimoséptimo Domingo del tiempo ordinario.

Santo del día: San Pedro Crisólogo.

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 13, 44-52.
 

Jesús dijo a la multitud: 
“El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. 
El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; 
y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.” 
El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. 
Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. 
Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, 
para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. 
¿Comprendieron todo esto?”. “Sí”, le respondieron. 
Entonces agregó: “Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo”. 

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Cuando pensamos en el regreso de Cristo y su juicio final, que revelará, hasta sus últimas consecuencias, lo que cada uno haya hecho o dejado de hacer durante su vida terrena, percibimos que estamos ante un misterio que nos supera, que ni siquiera podemos imaginar.

Un misterio que despierta casi instintivamente en nosotros un sentimiento de temor, y quizás incluso trepidación.

Sin embargo, si pensamos con atención acerca de este hecho, sólo puede agrandar el corazón de un cristiano y ser una gran fuente de consuelo y confianza.

Si pensamos en el juicio desde la perspectiva de la espera de Jesús, el miedo y la duda desaparecen y dejan espacio a la espera y a una profunda alegría: será el momento en que seremos juzgados finalmente, listos para ser revestidos con la gloria de Cristo, como con un vestido nupcial, y llevados al banquete, imagen de la comunión plena y definitiva con Dios.

Qué hermoso saber que en ese momento, además de Cristo, nuestro Paráclito, nuestro Abogado ante el Padre, podremos contar con la intercesión y buena voluntad de tantos de nuestros hermanos y hermanas que nos han precedido el camino de la fe, que han dado su vida por nosotros y que continúan amándonos de manera indescriptible.

“El que cree en él no es condenado; pero el que no cree ya ha sido condenado, porque no ha creído en el unigénito Hijo de Dios”. ( Jn 3,17-18 )

Esto significa que aquel juicio final ya está en marcha, que empieza ahora en el curso de nuestra existencia.

Este juicio se pronuncia en cada momento de la vida, como reflejo de nuestra aceptación con fe de la salvación presente y operante en Cristo, o con nuestra incredulidad, con el consiguiente cierre en nosotros mismos.

Pero si nos cerramos al amor de Jesús, somos nosotros mismos los que nos condenamos. La salvación está en abrirse a Jesús, y Él nos salva; si somos pecadores, y todos lo somos, le pedimos perdón y si vamos a Él con el deseo de ser buenos, el Señor nos perdona.

Somos nosotros, pues, los que podemos llegar a ser, en cierto sentido, los jueces de nosotros mismos, auto condenándonos a la exclusión de la comunión con Dios y con los hermanos.

No nos cansemos, por lo tanto de velar por nuestros pensamientos y nuestras actitudes, para gustar ya ahora con anticipo la calidez y la belleza del rostro de Dios y esto va a ser hermoso, lo contemplaremos en la vida eterna en toda su plenitud. (Audiencia general, 11 de diciembre de 2013)

Oración de sanación

Señor, te agradezco el don que me has dado de saber actuar en medio de tanta confusión en el mundo, y dirigir mis pasos hacia Ti con decisión.

Quiero llenarme de tu poder renovador. Tu fuerza me va restaurando poco a poco, me va cincelando y modelando como Tú quieres que yo sea.

Confío en tus promesas, en que, en aquel día, vendrás como Juez justo y darás a cada uno según sus obras, según cómo han dirigido sus vidas

Ven Señor, continúa trabajando en mi corazón para que lo hagas tan dócil como el tuyo. Quédate a vivir en él para no apartarme de tus bendiciones.

Quiero encontrarte en aquellos que más les hace falta tu amor, porque sé que en cada uno de ellos estás vivo, esperando por mi compañía y atención.

No permitas que mis emociones se vean turbadas y me dominen con temor. Cuento con tu mano generosa para seguir luchando por mi salvación.

Te entrego mis situaciones, todos mis problemas y mis angustias para que me ayudes a mantener estable y saber vivir apegado a tu justicia y tu verdad.

Confío en que Tú me sostienes y me ayudas a vencer todos los obstáculos para que, en libertad, pueda proclamarte como mi Rey y mi Señor. Amén

Propósito para hoy

Leer el capítulo 26 del Libro de Proverbios y extraer una frase con la que se identifiquen tus emociones en este momento. Medítala

Frase de reflexión

“Custodiar el sacro tesoro de toda vida humana, desde la concepción hasta el final, es el mejor modo de prevenir cualquier forma de violencia”. Papa Francisco.

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