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Francisco en Pentecostés: “El perdón da esperanza. Sin perdón no se construye la Iglesia”

Preciosa meditación del Papa Francisco sobre el perdón en la Misa de Pentecostés esta mañana en la Plaza de San Pedro. Perdón que es fruto del corazón nuevo que recibe el pueblo nuevo de Dios por obra del don del Espíritu Santo, ha afirmado el pontífice. Que es garante, también, de la verdadera “unidad en la diferencia” -no la diversidad no reconciliada o la uniformidad sin más- que ha de vivir la Iglesia, cuyo “cumpleaños” se celebra hoy.

Una monja de lengua española se encarga de la primera lectura de la Misa, de los Hechos, 2,1-11. “Se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse”. Un niño corista con gafas de sol lidera el salmo, 103, cuya antífona es “Envía tu Espíritu, Señor, a renovar la tierra”.

Una mujer joven, con mantilla, empieza la segunda lectura. “A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común”, reza el texto de 1 Corintios. Al final de la lectura se da lugar a las estrofas de la secuencia de hoy, la Veni Sancte Spiritus. “Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos”.

Y ahora el centro de la Liturgia de la Palabra, el Evangelio del día: Juan 20,19-23. Una música celestial acompaña al diácono al atril: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. De la perícopa de hoy, así pues: “… sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos'”.

El Papa empieza su sermón enseguida recordando que hoy se cierra el ciclo de Pascua, el tiempo en el que el Espíritu Santo está con la Iglesia de forma especial.

El Espíritu es, en efecto, “el Don pascual por excelencia”, afirma Francisco: “es el Espíritu creador, que crea siempre cosas nuevas”. Cosas nuevas como el pueblo nuevo en el que se convierten los cristianos reunidos en el primer Pentecostés. “A cada uno el Espíritu da un don y a todos reúne en unidad”, observa el pontífice. “El mismo Espíritu crea la diversidad y la unidad y de esta manera plasma un pueblo nuevo, variado y unido: la Iglesia universal”.

Pero la unidad por la que es responsable el Espíritu no es una unidad cualquier, matiza el Papa: “la unidad verdadera, aquella según Dios, que no es uniformidad, sino unidad en la diferencia”. Y esta “unida verdadera”, advierte Francisco, no se alcanza buscando ni la diversidad sin unidad ni la unidad sin diversidad: ambos dones han de encajarse el uno en el otro sin ningún resto.

La “unidad en la diferencia” que es la misión de la Iglesia no es la de “bandos y partidos”, sigue advirtiendo Francisco, ni la de “planteamientos excluyentes” o “particularismos”. Sus defensores no son los “guardianes inflexibles del pasado” ni tampoco los “vanguardistas del futuro”, sino los “hijos humildes y agradecidos de la Iglesia”.

“Nuestra oración al Espíritu Santo consiste entonces”, reflexiona el Papa, “en pedir la gracia de aceptar su unidad, una mirada que abraza y ama, más allá de las preferencias personales”. Hemos “de trabajar por la unidad entre todos”, “de desterrar las murmuraciones que siembran cizaña y las envidias que envenenan”, porque Dios nos llama a ser “hombres y mujeres de comunión”.

Pero si el Espíritu nos constituye como un “pueblo nuevo”, nos da a todos los cristianos un “corazón nuevo” también, explica el Papa: un corazón nuevo fruto del “Espíritu de perdón”.

Y este perdón, según el Papa, es nada menos que “el comienzo de la Iglesia”. El perdón es “el aglutinante que nos mantiene unidos, el cemento que une los ladrillos de la casa”. “El perdón es el don por excelencia, es el amor más grande, el que mantiene unidos a pesar de todo, que evita el colapso, que refuerza y fortalece”, prosigue el Papa en una hermosa meditación.

Pero, ¿para qué sirve ese “aglutinante”, ese “amor”, que es el perdón? El Papa contesta: “El perdón libera el corazón y le permite recomenzar: el perdón da esperanza, sin perdón no se construye la Iglesia”.

Dejándonos guiar por ese Espíritu de perdón y sus caminos de amor, renovación, fortalecimiento y armonía, entonces, nos salvamos de meternos en callejones sin salida, dice Francisco: los juicios apresurados, la soberbia y la tentación de sentirnos autosuficientes, las murmuraciones y censuras a los demás. Solo hay una vía que invita a recorrer el Espíritu, y esa es la “del doble sentido del perdón ofrecido y recibido, de la misericordia divina que se hace amor al prójimo, de la caridad”.

“Pidamos la gracia de que, renovándonos con el perdón y corrigiéndonos, hagamos que el rostro de nuestra Madre Iglesia sea cada vez más hermoso”, cierra su sermón el Papa Francisco. “Sólo entonces podremos corregir a los demás en la caridad”.

 

Fuente Religión Digital.

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