Evangelio 

Evangelio del día Miércoles 07 de Junio

Miércoles de la novena semana del tiempo ordinario.

Santo del día: San Roberto de Newminster.

† Lectura del santo Evangelio según San Marcos 12,18-27.

Se le acercaron unos saduceos, que son los que niegan la resurrección, y le propusieron este caso:
“Maestro, Moisés nos ha ordenado lo siguiente: ‘Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda’.
Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos.
El segundo se casó con la viuda y también murió sin tener hijos; lo mismo ocurrió con el tercero;
y así ninguno de los siete dejó descendencia. Después de todos ellos, murió la mujer.
Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?”.
Jesús les dijo: “¿No será que ustedes están equivocados por no comprender las Escrituras ni el poder de Dios?
Cuando resuciten los muertos, ni los hombres ni las mujeres se casarán, sino que serán como ángeles en el cielo.
Y con respecto a la resurrección de los muertos, ¿no han leído en el Libro de Moisés, en el pasaje de la zarza, lo que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob?
El no es un Dios de muertos, sino de vivientes. Ustedes están en un grave error”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

El Evangelio nos presenta a Jesús con los saduceos que negaban la resurrección. Y es justamente sobre este tema que ellos dirigen una pregunta a Jesús, para ponerlo en dificultad y ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos.

Los saduceos parten de un caso imaginario: “Una mujer ha tenido siete maridos, muertos uno después del otro”, y preguntan a Jesús: “¿De quién será esposa aquella mujer después de su muerte?”.

Jesús, siempre dócil y paciente, responde que la vida después de la muerte no tiene los mismos parámetros de aquella terrenal.

La vida eterna es otra vida, en otra dimensión donde, entre otras cosas, no existirá más el matrimonio, que está ligado a nuestra existencia en este mundo.

Los resucitados, dice Jesús, serán como los ángeles, y vivirán en un estado diferente, que ahora no podemos experimentar y ni siquiera imaginar. Así lo explica Jesús.

Pero luego Jesús, por así decirlo, pasa al contra ataque. Y lo hace citando la Sagrada Escritura, con una sencillez y una originalidad que nos dejan llenos de admiración ante nuestro Maestro, ¡el único Maestro!

Jesús encuentra la prueba de la resurrección en el episodio de Moisés y de la zarza ardiente (cfr Ex 3,1-6), allí donde Dios se revela como el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob.

El nombre de Dios está ligado a los nombres de los hombres y de las mujeres con los que Él se liga, y este lazo es más fuerte que la muerte.

Y nosotros podemos también decir de la relación de Dios con nosotros, con cada uno de nosotros:¡Él es nuestro Dios! ¡Él es el Dios de cada uno de cada uno de nosotros! Como si Él llevase nuestro nombre. A Él le gusta decirlo y ésta es la alianza. He aquí el por qué Jesús afirma:

“Porque él no es Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él”

Y éste es el lazo decisivo, la alianza fundamental con Jesús: Él mismo es la Alianza, Él mismo es la Vida y la Resurrección, porque con su amor crucificado ha vencido a la muerte.

En Jesús Dios nos dona la vida eterna, la dona a todos, y todos gracias a Él tienen la esperanza de una vida más verdadera que esta.

La vida que Dios nos prepara no es un simple embellecimiento de la actual: ella supera nuestra imaginación, porque Dios nos sorprende continuamente con su amor y con su misericordia. (Reflexión antes del rezo el Ángelus, 11 de noviembre de 2013)

Oración de sanación

Señor Jesús, te encomiendo hoy todas mis acciones, ideas y las buenas cosas que quiero hacer. Tú mejor que nadie conoces mi corazón y sabes que tengo las mejores intenciones de ser agradable a Ti.

Confiado en tu amor, acudo ahora a tu presencia, con el corazón manso y dispuesto para que capacites mi mente, cuerpo y espíritu, y así poder comprender la verdad anclada a tus Palabras.

Te pido perdón por mis faltas, mis dudas, por aquellas veces en las que antepuse mi humana comprensión a tu sabiduría divina. Por no entender que solo Tú eres lo único que necesito para ser feliz.

Mientras más me acerco a Ti, dejándome consolar por tu Sagrado Corazón, más salen a la luz todas mis oscuridades y malos deseos. Tú me vas sanando de ellas y me vas enseñando el camino a seguir.

Oh mi Señor, cuánto deseo que vengas con todo tu poder a mi vida y obres en ella de tal manera que pueda llenarme de entendimiento y aprenda a separar las cosas terrenas y temporales de las de tu Reino.

Ven, Dios mío, sé el dueño de mi vida y de mis acciones. Hazte presente en todos mis pensamientos. Dale luz a mi mente y claridad a mi corazón. Llena mi boca con palabras que solo destilen amor y consuelo.

Contigo a mi lado, no hay dificultad que no pueda vencer. Eres mi auxilio poderoso cuando las dudas me asaltan y se me quiebra la fe.

Tú me has demostrado, a lo largo de mi vida, que soy un bendecido en tu amor y que, a pesar de mis fallas, sigo siendo especial para Ti. Amén

Propósito para hoy

Confiando en que unido a Cristo todo se puede, hoy voy a seguir puntualmente todas las inspiraciones del Espíritu Santo

Frase de reflexión

“Jesús nos enseña a no avergonzarnos de tocar la miseria humana, de tocar su carne en los hermanos que sufren”. Papa Francisco

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