Editorial 

El desahuciado de la vida

Por Fidel López Eguizábal | Colaborador Editorial.

¿Quiénes están desahuciados en la vida? Quizá los presos condenados a la inyección letal por un delito que cometieron; los que tienen cáncer terminal; quizá ellos, se sientan desahuciados de la vida. De todo. Aunque muchos deseaban vivir, no importa las condiciones. Los seres humanos también están desahuciados de otra cosa; no precisamente es por una enfermedad o delito que cometieron. Muchos seres humanos necesitan de una gran medicina, una medicina que no tiene precio; no se encuentra en ningún hospital o farmacia. A muchos seres humanos les hace falta AMOR. 

En una mañana iba con prisa al trabajo, un vecino me detiene y me dijo: — Vecino, en la tarde pondrán de nuevo el agua. —Muchas gracias, hace falta el agua para bañarse ¿verdad? El vecino mencionó que le hacía falta bañarse debido a que lo operarían.  

Yo llevaba rapidez, pero le di unas palabras de consuelo al enfermo. —¡Espero que le vaya bien en la operación! El vecino con mirada perdida, vos suave y paso lento me contestó: —Gracias vecino, consuelo es lo que necesito en esta vida. Ese ser humano igual que muchos necesitan palabras de aliento. 

Ese vecino tiene esposa e hijos, pero se siente solo o quizá está desahuciado por la misma vida; quizá se portó mal con el prójimo y sabe que está solo. En conclusión, necesita de alguien le anime, que le dé una oportunidad. Así está el ser humano, se levanta sin darle gracias a Dios y, los que no creen en él, se levantan con el deseo de aprovechar el día, pero pensando en ellos mismos, van por la vida sin encontrar razón a su destino y a la vida. No somos perfectos; sin embargo, necesitamos que alguien nos brinde palabras de consuelo para no estar decepcionados o desahuciados de esta vida.  

El que no le siente razón a la vida es porque no le gusta la gente o el prójimo. El que no le encuentra razón a la vida necesita de afecto, de palabras de aliento. El que está desahuciado no le gusta la música, las flores, la naturaleza, y no le agrada la misma vida. Sé que no todos nacieron con una vida de abundancia, sé que cada diez segundos muere una persona de hambre. A todo esto ¿Le ha preguntado a un familiar o amigo que tiene poca vida por una enfermedad sí desea seguir viviendo? De seguro le contestará que querrá vivir un minuto más. Quizá el mismo escritor de historias de vida se haya sentido desahuciado, pero hubo razón para poder seguir viviendo. 

Esta vida no es un cuento filosófico, cada quien tiene que hallarle sentido ¿Por qué razón muchos se sienten desahuciados de la vida? El ser humano es complejo cuando crece, cuando es niño le siente sentido a todo, no se amarga por cualquier tontería. El ser humano se complica la vida buscando la perfección, el ser humano se complica cuando busca cambiar al ser humano torcido en todos los sentidos. El ser humano se siente desahuciado por que el amigo le falló, ya lleva años pagando la cuenta del supuesto amigo al que le sirvió de fiador. El ser humano se siente desahuciado debido a que está enfermo y postrado en un hospital y espera con ansias que los hijos le visiten.  

El ser humano se siente desahuciado porque el prójimo le falla. Amigo lector, pensemos en aquel ser humano quien se sintió defraudado por su propio padre, hermano y amigo. Para que complicarse la vida, pensemos que al mismo Jesús le falló un Apóstol con quien comía en la misma mesa. 

A todo esto, la solución, la medicina perfecta para no sentirse decepcionado, desahuciado por todo lo que nos rodea es: El amor. Una cápsula de amor diaria es suficiente para sentirnos mejor ¿En dónde venden esas cápsulas de la felicidad? No se venden, simplemente está en nuestro corazón, está en el poder de la mente. Simplemente debemos de sacudir todas nuestras malas vibras y nuestros resentimientos, para sentirnos bien.  

En Razones para crecer leí la historia de Herón Badillo Mireles, quien estaba desahuciado. Padecía de leucemia. San Juan Pablo II le tocó y besó la frente y se curó. La fe y Dios hicieron el milagro. Así como estas historias existen miles las que debemos leer para sentirle sabor a la vida.  

Para sentirle razón a esta vida debemos de sanar nuestro corazón, sí muchos, han tenido otra oportunidad, no creo desperdicien la vida amargándose por cualquier tormento. Tenemos que pasar la página y alimentar la fe. Cada ser humano tiene un motor para seguir luchando. Ese motor necesita de una pisca de fe para nunca sentirse desahuciado. Violeta Parra dijo “Gracias a la vida que me ha dado tanto…”, entonces, con solo tener vida es suficiente para sentirnos felices.  

 

Fidel López Eguizábal, docente Investigador Universidad Francisco Gavidia.
flopez@ufg.edu.sv 

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