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Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2017

«’No temas, que yo estoy contigo’ (Is 43,5). Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos»: este es el tema elegido por el papa Francisco para la 51ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.

Publicamos a continuación el Mensaje del Papa para la Jornada que este año se celebra, en muchos países, este domingo 28 de mayo 2017, Solemnidad de la Ascensión del Señor.

En el tweet, el Papa escribe @Pontifex_es : “Invito a todos a una comunicación constructiva que rechace los prejuicios hacia el otro y transmita esperanza y confianza en nuestro tiempo.”

He aquí el texto completo del Papa.

AB

Mensaje 2017 del Papa Francisco

Gracias al desarrollo tecnolo?gico, el acceso a los medios de comunicacio?n es tal que muchi?simos individuos tienen la posibilidad de compartir inmediatamente noticias y de difundirlas de manera capilar. Estas noticias pueden ser bonitas o feas, verdaderas o falsas. Nuestros padres en la fe ya hablaban de la mente humana como de una piedra de molino que, movida por el agua, no se puede detener. Sin embargo, quien se encarga del molino tiene la posibilidad de decidir si moler trigo o cizan?a. La mente del hombre esta? siempre en accio?n y no puede dejar de «moler» lo que recibe, pero esta? en nosotros decidir que? material le ofrecemos. (cf. Casiano el Romano, Carta a Leoncio Igumeno).

Me gustari?a con este mensaje llegar y animar a todos los que, tanto en el a?mbito profesional como en el de las relaciones personales, «muelen» cada di?a mucha informacio?n para ofrecer un pan tierno y bueno a todos los que se alimentan de los frutos de su comunicacio?n. Quisiera exhortar a todos a una comunicacio?n constructiva que, rechazando los prejuicios contra los dema?s, fomente una cultura del encuentro que ayude a mirar la realidad con aute?ntica confianza.

Creo que es necesario romper el ci?rculo vicioso de la angustia y frenar la espiral del miedo, fruto de esa costumbre de centrarse en las «malas noticias» (guerras, terrorismo, esca?ndalos y cualquier tipo de frustracio?n en el acontecer humano). Ciertamente, no se trata de favorecer una desinformacio?n en la que se ignore el drama del sufrimiento, ni de caer en un optimismo ingenuo que no se deja afectar por el esca?ndalo del mal. Quisiera, por el contrario, que todos tratemos de superar ese sentimiento de disgusto y de resignacio?n que con frecuencia se apodera de nosotros, arroja?ndonos en la apati?a, generando miedos o da?ndonos la impresio?n de que no se puede frenar el mal. Adema?s, en un sistema comunicativo donde reina la lo?gica segu?n la cual para que una noticia sea buena ha de causar un impacto, y donde fa?cilmente se hace especta?culo del drama del dolor y del misterio del mal, se puede caer en la tentacio?n de adormecer la propia conciencia o de caer en la desesperacio?n.

Por lo tanto, quisiera contribuir a la bu?squeda de un estilo comunicativo abierto y creativo, que no de? todo el protagonismo al mal, sino que trate de mostrar las posibles soluciones, favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las cuales va dirigida la noticia. Invito a todos a ofrecer a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo narraciones marcadas por la lo?gica de la «buena noticia».

La buena noticia

La vida del hombre no es so?lo una cro?nica ase?ptica de acontecimientos, sino que es historia, una historia que espera ser narrada mediante la eleccio?n de una clave interpretativa que sepa seleccionar y recoger los datos ma?s importantes. La realidad, en si? misma, no tiene un significado uni?voco. Todo depende de la mirada con la cual es percibida, del «cristal» con el que decidimos mirarla: cambiando las lentes, tambie?n la realidad se nos presenta distinta. Entonces, ¿que? hacer para leer la realidad con «las lentes» adecuadas?

Para los cristianos, las lentes que nos permiten descifrar la realidad no pueden ser otras que las de la buena noticia, partiendo de la «Buena Nueva» por excelencia: el «Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios» (Mc 1,1). Con estas palabras comienza el evangelista Marcos su narracio?n, anunciando la «buena noticia» que se refiere a Jesu?s, pero ma?s que una informacio?n sobre Jesu?s, se trata de la buena noticia que es Jesu?s mismo. En efecto, leyendo las pa?ginas del Evangelio se descubre que el ti?tulo de la obra corresponde a su contenido y, sobre todo, que ese contenido es la persona misma de Jesu?s.

Esta buena noticia, que es Jesu?s mismo, no es buena porque este? exenta de sufrimiento, sino porque contempla el sufrimiento en una perspectiva ma?s amplia, como parte integrante de su amor por el Padre y por la humanidad. En Cristo, Dios se ha hecho solidario con cualquier situacio?n humana, revela?ndonos que no estamos solos, porque tenemos un Padre que nunca olvida a sus hijos. «No temas, que yo estoy contigo» (Is 43,5): es la palabra consoladora de un Dios que se implica desde siempre en la historia de su pueblo. Con esta promesa: «estoy contigo», Dios asume, en su Hijo amado, toda nuestra debilidad hasta morir como nosotros. En E?l tambie?n las tinieblas y la muerte se hacen lugar de comunio?n con la Luz y la Vida. Precisamente aqui?, en el lugar donde la vida experimenta la amargura del fracaso, nace una esperanza al alcance de todos. Se trata de una esperanza que no defrauda ?porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rm 5,5)? y que hace que la vida nueva brote como la planta que crece de la semilla enterrada. Bajo esta luz, cada nuevo drama que sucede en la historia del mundo se convierte tambie?n en el escenario para una posible buena noticia, desde el momento en que el amor logra encontrar siempre el camino de la proximidad y suscita corazones capaces de conmoverse, rostros capaces de no desmoronarse, manos listas para construir.

La confianza en la semilla del Reino

Para iniciar a sus disci?pulos y a la multitud en esta mentalidad evange?lica, y entregarles «las gafas» adecuadas con las que acercarse a la lo?gica del amor que muere y resucita, Jesu?s recurri?a a las para?bolas, en las que el Reino de Dios se compara, a menudo, con la semilla que desata su fuerza vital justo cuando muere en la tierra (cf. Mc 4,1-34). Recurrir a ima?genes y meta?foras para comunicar la humilde potencia del Reino, no es un manera de restarle importancia y urgencia, sino una forma misericordiosa para dejar a quien escucha el «espacio» de libertad para acogerla y referirla incluso a si? mismo. Adema?s, es el camino privilegiado para expresar la inmensa dignidad del misterio pascual, dejando que sean las ima?genes ?ma?s que los conceptos? las que comuniquen la parado?jica belleza de la vida nueva en Cristo, donde las hostilidades y la cruz no impiden, sino que cumplen la salvacio?n de Dios, donde la debilidad es ma?s fuerte que toda potencia humana, donde el fracaso puede ser el preludio del cumplimiento ma?s grande de todas las cosas en el amor. En efecto, asi? es como madura y se profundiza la esperanza del Reino de Dios: «Como un hombre que echa el grano en la tierra; duerma o se levante, de noche o de di?a, el grano brota y crece» (Mc 4,26-27).

El Reino de Dios esta? ya entre nosotros, como una semilla oculta a una mirada superficial y cuyo crecimiento tiene lugar en el silencio. Quien tiene los ojos li?mpidos por la gracia del Espi?ritu Santo lo ve brotar y no deja que la cizan?a, que siempre esta? presente, le robe la alegri?a del Reino.

Los horizontes del Espi?ritu

La esperanza fundada sobre la buena noticia que es Jesu?s nos hace elevar la mirada y nos impulsa a contemplarlo en el marco litu?rgico de la fiesta de la Ascensio?n. Aunque parece que el Sen?or se aleja de nosotros, en realidad, se ensanchan los horizontes de la esperanza. En efecto, en Cristo, que eleva nuestra humanidad hasta el Cielo, cada hombre y cada mujer puede tener la plena libertad de «entrar en el santuario en virtud de la sangre de Jesu?s, por este camino nuevo y vivo, inaugurado por e?l para nosotros, a trave?s del velo, es decir, de su propia carne» (Hb 10,19-20). Por medio de «la fuerza del Espi?ritu Santo» podemos ser «testigos» y comunicadores de una humanidad nueva, redimida, «hasta los confines de la tierra» (cf. Hb 1,7-8).

La confianza en la semilla del Reino de Dios y en la lo?gica de la Pascua configura tambie?n nuestra manera de comunicar. Esa confianza nos hace capaces de trabajar ?en las mu?ltiples formas en que se lleva a cabo hoy la comunicacio?n? con la conviccio?n de que es posible descubrir e iluminar la buena noticia presente en la realidad de cada historia y en el rostro de cada persona.

Quien se deja guiar con fe por el Espi?ritu Santo es capaz de discernir en cada acontecimiento lo que ocurre entre Dios y la humanidad, reconociendo co?mo e?l mismo, en el escenario drama?tico de este mundo, esta? tejiendo la trama de una historia de salvacio?n. El hilo con el que se teje esta historia sacra es la esperanza y su tejedor no es otro que el Espi?ritu Consolador. La esperanza es la ma?s humilde de las virtudes, porque permanece escondida en los pliegues de la vida, pero es similar a la levadura que hace fermentar toda la masa. Nosotros la alimentamos leyendo de nuevo la Buena Nueva, ese Evangelio que ha sido muchas veces «reeditado» en las vidas de los santos, hombres y mujeres convertidos en iconos del amor de Dios. Tambie?n hoy el Espi?ritu siembra en nosotros el deseo del Reino, a trave?s de muchos «canales» vivientes, a trave?s de las personas que se dejan conducir por la Buena Nueva en medio del drama de la historia, y son como faros en la oscuridad de este mundo, que iluminan el camino y abren nuevos senderos de confianza y esperanza.

Vaticano, 24 de enero de 2017.

 

Fuente ZENIT

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