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Francisco le regala una rosa de oro a la Virgen de Fátima

Una rosa de oro y una preciosa oración en forma de poema. Son los dos regalos que el Papa Francisco ofreció esta tarde a la Virgen de Fátima. La rosa, que representa la alegría de la Iglesia militante y triunfante. Y la oración, del “peregrino de la esperanza y de la paz”, a los pies de la “Señora de la blanca túnica”, para pedirle que los católico seamos “la alegría del Evangelio” y “derribemos los muros y fronteras, para ir a las periferias”.

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El helicóptero del Ejército depositó a Francisco en al estadio municipal de Fátima y, desde allí, a bordo del papamóvil hasta el santuario, donde le esperaba una auténtica marea humana. Unos hablan de medio millón. Otros, de más de un millón. Y eso que el momento álgido de la peregrinación se espera mañana, con la celebración del centenario de las apariciones.

Banderas de todos los paises del mundo ondean al viento en la esplanada del santuario, mientras el speaker anima a la gente, con cantos y vivas a la Virgen y al Papa. “Sé bienvenido Papa Francisco, peregrino de esperanza y de paz”

En la enorme esplanada del santuario no cabe un alfiler. Todo está a rebosar, excepto el pasillo central y los espacios de seguridad.

Las campanas de la basílica tocan a gloria, señal de que el peregrino de Roma se encuentra cerca del santuario. Y, de pronto, asoma el papamovil blanco del Papa y se desata el clamor entre la gente. Satisfecho, el Papa sonríe, saluda y bendice sin prarar. Es el pueblo de María.

El papamóvil se detiene al lado de la capilla de las apariciones. El Papa desciende y se acerca a la Virgen de Fátima, para depositar, a sus pies, un ramo de rosas blancas. Y se recoge en oración ante Nuestra Señora, que parece mirarlo complacida. Reza concentrado, con los ojos cerrados y la cabeza gacha. Quizás por lo que más desea: la paz del mundo.

Y la gente se une a su oración, en un silencio orante y agradecido. Y, de pronto, levanta la cabeza y sigue rezando, mirándo a la Virgen. Y la gente sigue rezando con él. Un momento mágico.

La oración del Papa se alarga. Y la gente lo sigue acompañando en el silencio orante. Algunso lloran de emoción. Parece que Francisco no se cansa de rezar. Por fin, se santigua y la gente explota en un aplauso emotivo, acompañado de vivas al Papa y a la Virgen.

E inicia la oración en portugués. La oración-poema que dedica a la Virgen de Fátima, “Señora del corazón inmaculado”, intercalada del estribillo de un canto a María.

 

Texto íntegro de la oración del Santo Padre a la Virgen de Fátima

El Santo Padre:

Salve Reina,

Bienaventurada Virgen de Fátima,

Señora del Corazón Inmaculado,

refugio y camino que conduce a Dios.

Peregrino de la Luz que procede de tus manos,

doy gracias a Dios Padre que, siempre y en todo lugar, interviene en la historia del hombre;

peregrino de la Paz que tú anuncias en este lugar,

alabo a Cristo, nuestra paz, y le imploro para el mundo la concordia entre todos los pueblos;

peregrino de la Esperanza que el Espíritu anima,

vengo como profeta y mensajero para lavar los pies a todos, en torno a la misma mesa que nos une.

Estribillo cantado por la asamblea

Ave o clemens, ave o pia!

Salve Regina Rosarii Fatimæ.

Ave o clemens, ave o pia!

Ave o dulcis Virgo Maria.

El Santo Padre:

¡Salve, Madre de Misericordia,

Señora de la blanca túnica!

En este lugar, desde el que hace cien años

manifestaste a todo el mundo los designios de la misericordia de nuestro Dios,

miro tu túnica de luz

y, como obispo vestido de blanco,

tengo presente a todos aquellos que,

vestidos con la blancura bautismal,

quieren vivir en Dios

y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz.

Estribillo…

El Santo Padre:

¡Salve, vida y dulzura,

salve, esperanza nuestra,

Oh Virgen Peregrina, oh Reina Universal!

Desde lo más profundo de tu ser,

desde tu Inmaculado Corazón,

mira los gozos del ser humano

cuando peregrina hacia la Patria Celeste.

Desde lo más profundo de tu ser,

desde tu Inmaculado Corazón,

mira los dolores de la familia humana

que gime y llora en este valle de lágrimas.

Desde lo más íntimo de tu ser,

desde tu Inmaculado Corazón,

adórnanos con el fulgor de las joyas de tu corona

y haznos peregrinos como tú fuiste peregrina.

Con tu sonrisa virginal,

acrecienta la alegría de la Iglesia de Cristo.

Con tu mirada de dulzura,

fortalece la esperanza de los hijos de Dios.

Con tus manos orantes que elevas al Señor,

une a todos en una única familia humana.

Estribillo …

El Santo Padre:

¡Oh clemente, oh piadosa,

Oh dulce Virgen María,

Reina del Rosario de Fátima!

Haz que sigamos el ejemplo de los beatos Francisco y Jacinta,

y de todos los que se entregan al anuncio del Evangelio.

Recorreremos, así, todas las rutas,

seremos peregrinos de todos los caminos,

derribaremos todos los muros

y superaremos todas las fronteras,

yendo a todas las periferias,

para revelar allí la justicia y la paz de Dios.

Seremos, con la alegría del Evangelio, la Iglesia vestida de blanco,

de un candor blanqueado en la sangre del Cordero

derramada también hoy en todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos.

Y así seremos, como tú, imagen de la columna refulgente

que ilumina los caminos del mundo,

manifestando a todos que Dios existe,

que Dios está,

que Dios habita en medio de su pueblo,

ayer, hoy y por toda la eternidad.

Estribillo…

El Santo Padre junto con todos los fieles:

¡Salve, Madre del Señor,

Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!

Bendita entre todas las mujeres,

eres la imagen de la Iglesia vestida de luz pascual,

eres el orgullo de nuestro pueblo,

eres el triunfo frente a los ataques del mal.

Profecía del Amor misericordioso del Padre,

Maestra del Anuncio de la Buena Noticia del Hijo,

Signo del Fuego ardiente del Espíritu Santo,

enséñanos, en este valle de alegrías y de dolores,

las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.

Muéstranos la fuerza de tu manto protector.

En tu Corazón Inmaculado,

sé el refugio de los pecadores

y el camino que conduce a Dios.

Unido a mis hermanos,

en la Fe, la Esperanza y el Amor,

me entrego a Ti.

Unido a mis hermanos, por ti, me consagro a Dios,

Oh Virgen del Rosario de Fátima.

Y cuando al final me veré envuelto por la Luz que nos viene de tus manos,

daré gloria al Señor por los siglos de los siglos.

Amén.

Estribillo…

 

Tras la oración compartida, el Papa coloca la rosa de oro a los pies de la Virgen de Fátima. Su regalo, en nombre de la Iglesia e implorando la paz. Y, al colocarla a sus pies, toca con ternura a la imagen de la Señora.

Después, se pone la estola, para bendecir a la gente. Y, mientras el coro entona un canto, Francisco se vuelve a recoger en oración ante la Virgen.

Finalizada la oración, entre el clamor de la multitud, el Papa se acerca de nuevo a tocar a la imagen de María y se dirige al papamóvil. Pero, de nuevo, rompe el protocolo y se acerca a saludar a los niños. Ya en el papamóvil, recorre roda la esplanada, para saludar de cerca a los peregrinos y compartir con ellos la emoción de la fe y la veneración por la Virgen de Fátima.

Por José M. Vidal | Religión Digital

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