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Dolor, sufrimiento y muerte, una mirada espiritual desde los cuidados paliativos

El trabajo de los cuidados paliativos tiene como principio valorar globalmente a la persona y considera la enfermedad avanzada como un proceso biológico y, a la vez, histórico-biográfico y a la muerte no como un fracaso, sino como un misterio. Solo así podemos comprender y dar respuesta a lo complejo que es el camino que llevan los enfermos avanzados. Al acompañar a estos pacientes, el profesional se aproxima a un espacio sagrado donde el conocimiento técnico-científico es útil, pero se hacen también necesarios recursos que ayuden a atender y acompañar el sufrimiento.

Desde esa perspectiva, el profesional de salud podrá acercarse al enfermo avanzado convencido de que tiene un límite, pero al mismo tiempo privilegiado de acompañarlo. Procura aliviarlo con su ciencia y también con su compasión, compresión, escuchando al enfermo y a su familia. Recuerdo aquí la frase de un enfermo que dejé de ver por varios motivos y cuando lo volví a encontrar me dijo: “doctor, ya me hacía falta su presencia física”.

Todo esto lo entendemos cuando nos damos cuenta de que el sufrimiento no solo es causado por un dolor físico, sino también por una dimensión existencial, espiritual, por los pendientes que no han logrado cerrar en sus vidas, etc. Todo ello es lo que la pionera de los cuidados paliativos a nivel mundial, la Dra. Cicely Saunders, llama “dolor total”.

Copio unas palabras suyas: “Sin duda, tenemos que aprender qué es el dolor. Aún más, tenemos que aprender lo que se siente al estar tan enfermo, al ir perdiendo la vida y su actividad; al darte cuenta de que tus facultades te están fallando y de que vas dejando atrás afectos y responsabilidades. Debemos aprender a sentir ‘con’ los pacientes, sin sentir ‘como’ ellos, si queremos darles la clase de escucha y el apoyo firme que necesitan para encontrar su propio camino”.

Los profesionales que hacemos cuidados paliativos (médicos, enfermeras, psicólogos, agentes pastorales, trabajadoras sociales, entre otros) ayudaremos no solo con esto a aliviar un síntoma fisco, existencial o espiritual, sino también iremos más allá: daremos la posibilidad al enfermo de canalizar mejor su sufrimiento. El psiquiatra Víctor Frankl enseña que el sufrimiento es mejor llevado si se tiene un sentido por qué vivirlo. Ese sentido el paciente lo busca constantemente y nosotros, como equipo multidisciplinar, podemos ayudar a encontrarlo.

Es natural que el ser humano tiemble ante el dolor, el sufrimiento y la muerte. La actitud del profesional en medicina paliativa será la de aliviarlo siempre. Pero hay situaciones, como el dolor total, donde nos quedamos cortos y probablemente nadie tenga una respuesta, solo aproximaciones para llevarlo de mejor manera.

Sí podemos decir que de la forma en cómo se afronte y los recursos que el paciente tenga, así será el camino a recorrer. Si el paciente tiene un soporte espiritual, ayuda familiar, comunicación fluida con el médico que ha explicado su pronóstico, él podrá sacar de ese sufrimiento cosas positivas: madurez, cerrar pendientes, ejercer su libertad hasta el último momento, conversión de vida, perdonarse y perdonar. En otras palabras, la tranquilidad que da tomar las riendas de su vida en esas circunstancias tan difíciles.

La aproximación espiritual al sufrimiento, aunque no da una repuesta definitiva del por qué sucede, sí puede enseñar la manera de sobrellevarlo.

Finalizo con otras palabras de Cicely Saunders, que describen cómo los servicios de cuidados paliativos deben tener en cuenta la espiritualidad de los enfermos: “Pienso que aquí vemos la gran necesidad de tener una fundamentación religiosa. Pero tenemos que recordar que pertenecemos a una comunidad mucho más grande, a la comunidad de toda la Iglesia, a la comunión de todos los Santos y, ciertamente, a la comunidad de todos los hombres. No ayudamos a los pacientes a atravesar esta parte de la vida si negamos que a veces puede ser muy duro. No lo vemos desde la verdad si pensamos solo de modo vago en la inmortalidad y en “ir tirando”, en vez de pensar en la muerte seguida de una resurrección. Renacer después de morir ha sido un concepto dominante en la religión del hombre desde los inicios de la fe”.

Artículo publicado en elsalvador.com

 

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