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“Se necesitan constructores de paz, no provocadores de conflictos”

Se necesitan constructores de paz, no provocadores de conflictos; bomberos y no incendiarios; predicadores de reconciliación y no vendedores de destrucción”. El Papa Francisco se fundió en un profundo y emotivo abrazo con Ahmed al Tayeb, el imán de Al-Azhar, durante un histórico encuentro en la Universidad sunnita.

Un encuentro inolvidable, pues ambos líderes, musulmanes y católicos, gritaron con fuerza un rotundo “no” contra la violencia en nombre de Dios. Comenzó el imán, quiendeclaró que “las religiones deben enfatizar el valor de los derechos humanos, sin importar el color, la creencia, la raza o el idioma”, y clamó por “liberar la imagen de las religiones de falsos conceptos, malos entendidos, malas prácticas y una falsa religiosidad, males que propagan el odio e instigan la violencia”.

No debemos responsabilizar a las religiones por los actos de un pequeño grupo de seguidores“, insistió el imán, apuntando que “el Islam no es una religión de terroristas”, se trata de “ignorantes que lo malinterpretan, derraman sangre y propagan la destrucción, Desafortunadamente encuentran fuentes disponibles de financiación, armas y entrenamiento”.

Del mismo modo, añadió, “el Judaísmo no es una religión de terrorismo solo porque un grupo use la religión de Moisés para ocupar territorios que no les pertenecen”, y tampoco es justo acusar de terrorista a la civilización europea “porque tuvieron dos guerras mundiales que dejaron 70 millones de muertos. O la civilización norteamericana, cuyas bombas nucleares cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki”. “Todos trabajaremos juntos para salvar a la humanidad“, concluyó.

Por su parte, Francisco, quien arrancó su discurso con un “Al Salamo Alaikum”, reivindicó Egipto como “tierra de civilización” y reivindicó la importancia de la educación para construir la paz. Por ello, abundó en la necesidad de “dialogar con el otro reconociendo sus derechos y libertades”, y “para construir el futuro”, teniendo presente que  “la única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro”.  Y en esa vía, indicó la necesidad del acompañamiento a los jóvenes para que “como árboles plantados” “transformen cada día el aire contaminado de odio en oxígeno de fraternidad”.

Al tiempo, el Papa clamó por la necesidad de una alianza entre las religiones y las civilizaciones, donde “creencias religiosas diferentes se han encontrado y culturas diversas se han mezclado sin confundirse, reconociendo la importancia de aliarse para el bien común”, para hacer frente a “la peligrosa paradoja que por una parte tiende a reducir la religión a la esfera privada, y por la otra, confunde la esfera religiosa y la política sin distinguirlas adecuadamente”.

“La religión no es parte del problema, sino parte de la solución”, clamó Francisco, quien recordó la voz de Dios en el cercano monte Sinaí, “resonando el mandato de ‘No matarás'”. “Como líderes religiosos estamos llamados a desenmascarar la violencia que se disfraza de supuesta sacralidad“, a “denunciar las violaciones que atentan contra la dignidad humana y contra los derechos humanos”, a “poner al descubierto los intentos de justificar todas las formas de odio en nombre de las religiones y a condenarlos como una falsificación idolátrica de Dios: su nombre es santo, Él es el Dios de la paz”; “rezar los unos por los otros, pidiendo a Dios el don de la paz”, “sin caer – aclaró- en sincretismos conciliadores”.

No sirve de mucho levantar la voz y correr a rearmarse para protegerse, se necesitan constructores de paz, no provocadores de conflictos; bomberos y no incendiarios; predicadores de reconciliación y no vendedores de destrucción”, culminó Bergoglio, quien recalcó que “juntos, repetimos un ‘No’ alto y claro a toda forma de violencia, de venganza y de odio cometidos en nombre de la religión o en nombre de Dios. Juntos afirmamos la incompatibilidad entre la fe y la violencia, entre creer y odiar. Juntos declaramos el carácter sagrado de toda vida humana frente a cualquier forma de violencia física, social, educativa o psicológica”.

Francisco concluyó su discurso llamando a “rezar los unos por los otros, pidiendo a Dios el don de la paz, encontrarnos, dialogar y promover la armonía con un espíritu de cooperación y amistad. Como cristianos «no podemos invocar a Dios, Padre de todos los hombres, si nos negamos a conducirnos fraternalmente con algunos hombres, creados a imagen de Dios»”.

Y todo ello, abogando por “una auténtica fraternidad universal“, que tenga en cuenta la dignidad de todos los hombres y mujeres, sin caer en “populismos demagógicos que ciertamente no ayudan a consolidar la paz y la estabilidad”. En una velada alusión al bombardeo ordenado por Donald Trump en Siria, el Papa señaló que “ninguna incitación a la violencia garantizará la paz, y cualquier acción unilateral que no ponga en marcha procesos constructivos y compartidos, en realidad, sólo beneficia a los partidarios del radicalismo y de la violencia“.

“Para prevenir los conflictos y construir la paz es esencial trabajar para eliminar las situaciones de pobreza y de explotación, donde los extremismos arraigan fácilmente, así como evitar que el flujo de dinero y armas llegue a los que fomentan la violencia”, insistió Bergoglio, quien pidió “ir a la raiz” y “detener la proliferación de armas que, si se siguen produciendo y comercializando, tarde o temprano llegarán a utilizarse. Sólo sacando a la luz las turbias maniobras que alimentan el cáncer de la guerra se pueden prevenir sus causas reales. A este compromiso urgente y grave están obligados los responsables de las naciones, de las instituciones y de la información, así como también nosotros responsables de cultura, llamados por Dios, por la historia y por el futuro a poner en marcha -cada uno en su propio campo- procesos de paz, sin sustraerse a la tarea de establecer bases para una alianza entre pueblos y estados”.

Fuente Religión Digital.

 

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