Evangelio 

Evangelio del día Lunes 24 de Abril

Lunes de la segunda semana de Pascua.

Santo del día: San Fidel de Sigmaringa.

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 3,1-8.

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, que era uno de los notables entre los judíos.
Fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Maestro, sabemos que tú has venido de parte de Dios para enseñar, porque nadie puede realizar los signos que tú haces, si Dios no está con él”.
Jesús le respondió: “Te aseguro que el que no renace de lo alto no puede ver el Reino de Dios. ”
Nicodemo le preguntó: “¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el seno de su madre y volver a nacer?”.
Jesús le respondió: “Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.
Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu.
No te extrañes de que te haya dicho: ‘Ustedes tienen que renacer de lo alto’.
El viento sopla donde quiere: tú oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Lo mismo sucede con todo el que ha nacido del Espíritu”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco:

Los primeros cristianos eran un solo corazón y una sola alma, gracias al Espíritu que los había hecho renacer a una vida nueva. 

La comunidad cristiana del primer año de vida de la Iglesia es un modelo perenne para la comunidad cristiana de hoy.

Nicodemo, no comprende de qué modo un hombre puede «nacer de nuevo». Este nacer de nuevo es la vida nueva que hemos recibido en el bautismo, y que se debe desarrollar con nuestra colaboración.

Debemos hacer todo lo necesario para que la vida se desarrolle en la vida nueva. Es éste un camino laborioso que depende tanto del Espíritu Santo como de la capacidad de cada uno de abrirse a su soplo, a su influencia.

Esto es lo que hicieron los primeros cristianos. Ellos poseían la vida nueva, que se expresaba en el vivir con un solo corazón y una sola alma. Tenían unidad, unanimidad, armonía de los sentimientos en el amor, el amor mutuo…

Hoy día debemos redescubrir estas dimensiones. Por ejemplo, el aspecto de la la mansedumbre en la comunidad, virtud un poco olvidada.

La mansedumbre, la virtud que da un corazón benigno y suave, tiene muchos enemigos. El primero es el chismorreo.

Cuando se prefiere contar chismes de los demás, criticarlos, hablar un poco mal del otro, son cosas cotidianas que suceden a todos, también a mí, se trata de tentaciones del maligno, que no quiere que el Espíritu venga a nosotros y haga realidad la paz y la mansedumbre de las primeras comunidades cristianas.

Siempre se dan estas luchas: en la parroquia, en la familia, en el barrio, entre amigos. Y ésta no es la vida nueva, porque cuando el Espíritu viene y nos hace nacer a una vida nueva nos hace mansos, caritativos.

¿Cuál es el comportamiento adecuado para un cristiano?. En primer lugar, no juzgar a nadie, porque el único Juez es el Señor. Luego «callar», y si se debe decir algo, decirlo a los interesados o a quien puede remediar la situación, y no a todo el barrio.

Si, con la gracia del Espíritu conseguimos no chismorrear nunca, será un gran paso adelante que nos hará bien a todos. (Homilía en Santa Marta, 11 de abril de 2013)

Oración de sanación

Mi Señor, que bueno es sentir tu presencia al despertar y ponerme bajo tu amparo. Maravilloso y prodigioso es tu santo Nombre y tu misericordia que se extiende de generación en generación.

Quiero mirar el mundo a través de tus ojos y para eso debo nacer de nuevo en el Espíritu, por eso, dame la gracia de tener un corazón sencillo en el que sus latidos estén guiados por tu Sabiduría

Dame la capacidad para desarrollar mis virtudes y crecer con un espíritu noble, fuerte y temeroso de tu Santo Nombre para así desprenderme de mis viejos paradigmas siendo renovado en la fe

Quiero vivir en tu gracia, ser transformado por Ti, oxigenar mi alma con el fuego sagrado de tu Palabra y dirigir todos mis pensamientos hacia la construcción de un mundo mejor con una vida nueva.

Ayúdame a experimentar la alegría derramada por Ti en mi corazón. Tu amor me sostiene, me hace grande y valiente y al mismo tiempo me protege de las trampas del mundo.

No te apartes de mi corazón, préstame tu auxilio en la confusión, pues no quiero terminar ahogado bajo la ceguera lo que al mundo le parece correcto, sino que quiero ser guiado por tu justicia y compasión.

Sé mi escudo, mi fuente de bendición, mi trampolín de victorias. Ven y hazme humilde para recibir el poder de tu Palabra y ser así transformado por tu amor.

Hoy, mi corazón arde de deseo en seguirte y servirte. Ayúdame a nacer de nuevo en el Espíritu y hacer de mi vida la mejor oportunidad para adorarte. Amén 

Propósito para hoy

Destinaré un poco de lo que he ahorrado a alguna buena obra de caridad, confiando en que Dios provee siempre a sus hijos y nunca me faltará lo necesario.

Frase de reflexión

“Cada cristiano es misionero en la medida que da testimonio del amor de Dios. ¡Sean misioneros de la ternura de Dios!”. Papa Francisco

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