Evangelio 

Evangelio del día Lunes 03 de Abril

Lunes de la quinta semana de Cuaresma.

Santos del día: San Juan Brittos, Beato Diego Oddi.

† Lectura del santo Evangelio según San Juan 8, 1-11.

Jesús fue al monte de los Olivos.
Al amanecer volvió al Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y comenzó a enseñarles.
Los escribas y los fariseos le trajeron a una mujer que había sido sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio de todos,
dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?”.
Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.
Como insistían, se enderezó y les dijo: “El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”.
E inclinándose nuevamente, siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, todos se retiraron, uno tras otro, comenzando por los más ancianos. Jesús quedó solo con la mujer, que permanecía allí,
e incorporándose, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Alguien te ha condenado?”.
Ella le respondió: “Nadie, Señor”. “Yo tampoco te condeno, le dijo Jesús. Vete, no peques más en adelante”.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús

 

Reflexión del Papa Francisco:

A los escribas y fariseos no les importaba la mujer; no les importaban los adúlteros, quizá alguno de ellos era adúltero… ¡No les importaba! ¡Sólo les importaba tender una trampa a Jesús!. De ahí la respuesta del Señor: «¡Quien de ustedes esté sin pecado, arroje la primera piedra contra ella!».

El Evangelio con cierta ironía, dice que los acusadores se fueron, uno a uno, comenzando por los más ancianos. Y Jesús permanece solo con la mujer, como un confesor, diciéndole: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? ¿Dónde están? Estamos solos, tú y yo. Tú ante Dios, sin las acusaciones, sin las habladurías. ¡Tú y Dios! ¿Nadie te ha condenado?»

La mujer responde: «¡Nadie Señor!”, pero no dice: «¡Ha sido una falsa acusación! ¡Yo no cometí adulterio»; sino que reconoce su pecado.

Y Jesús afirma: «¡Ni siquiera yo te condeno! Ve, ve y de ahora en adelante no peques más, para no pasar un feo momento como este; para no pasar tanta vergüenza; para no ofender a Dios, para no ensuciar la hermosa relación entre Dios y su pueblo».

¡Jesús perdona! Pero aquí se trata de algo más que el perdón: Jesús supera la ley y va más allá. No le dice: «¡El adulterio no es pecado!». ¡No lo dice! Pero no la condena con la ley. Y éste es el misterio de la misericordia. Éste es el misterio de la misericordia de Jesús.

La misericordia es algo difícil de comprender: “Pero, Padre, la misericordia ¿borra los pecados?”,. “No, ¡lo que borra los pecados es el perdón de Dios!”.

La misericordia es el modo con que Dios perdona. Porque Jesús podía decir: «Yo te perdono. ¡Ve!», como dijo a aquel paralítico que le habían presentado desde el techo: «¡Te son perdonados tus pecados!». Aquí dice: «¡Ve en paz!».

Jesús va más allá. Le aconseja que no peque más. Aquí se ve la actitud misericordiosa de Jesús: defiende al pecador de sus enemigos; defiende al pecador de una condena justa.

También nosotros, cuántos de nosotros, quizá deberíamos ir al infierno, ¿cuántos de nosotros? Y esa condena es justa… y Él perdona más allá. ¿Cómo? ¡Con esta misericordia!.

La misericordia va más allá y hace la vida de una persona de tal modo que el pecado es arrinconado.

Es como el cielo. Nosotros miramos el cielo, tantas estrellas, tantas estrellas; pero cuando sale el sol, por la mañana, con tanta luz, las estrellas no se ven. Y así es la misericordia de Dios: una gran luz de amor, de ternura. (Homilía en Santa Marta, 7 de abril de 2014)

Oración de sanación

Amado Señor, te alabo y te bendigo porque Tú eres rico en misericordia y perdón, y desde la creación has defendido a los oprimidos, ayudado a los más débiles y rescatado a los que son despreciados.

Una y otra vez intervienes en cada una de mis debilidades, me acoges, me perdonas y me invitas a convertirme de corazón y a dejar atrás mi vida de dolor y de pecado con las palabras “ve en paz y no peques más”.

Tu bondad es tu bandera. No me condenas de antemano, sino que quieres que regrese a Ti con el corazón renovado. Necesito hoy que me des la fuerza para no abandonar tu camino.

Oh Señor, Tú lo sabes todo, escudriñas mi corazón y ves mi interior, conoces mi debilidad, mis fallas, mi oscuridad; pero también miras mis bondades y mi ánimo por vencer y seguir luchando

Quiero aprender a perdonar y a pedir perdón, a reconocerme pecador y no juzgar a los demás. Acudo a tu Ti, que eres todo compasivo, para que pongas en mí la gracia de ser misericordioso.

Quiero saber inyectar ánimo en vez de condenas, optimismo en lugar de pesadez, confianza en lugar de inseguridad. Derrama tu amor en mi corazón y ayúdame a ser espejo de tu esperanza.

Bendito seas por todo lo que obras en mí. No permitas que sea indiferente ante las personas que necesitan ser consolados y animados

Ven y hazme capaz de brindar entusiasmo a otros en vez de ser una piedra de tranca, y poder hacerles sentir que son piedras preciosas tuyas. Amén

Propósito para hoy

Visitaré a Jesús por 15 minutos en el Sagrario, le daré las gracias por su eterno Amor y ofreceré mis oraciones para que se tengamos más sacerdotes y religiosos santos

Frase de reflexión

“Que la Iglesia sea siempre lugar de misericordia y esperanza, donde cada uno se sienta acogido, amado y perdonado”. Papa Francisco.

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