Editorial 

Atravesando el desierto

Por Brenda Figueroa | Colaboradora Editorial.

En un día tan caluroso, con un sol que irradia su luz con fuerza ¡Es un alivio poder beber agua fresca! Lo que me recuerda aquellas historias en que se narraba de personas que atravesaban el desierto, y que tras mucho caminar, se encontraron sedientos; casi al punto del desmayo. Pero de pronto su fatiga se desvanecía, pues sus ojos veían un oasis aquí y allá, sin embargo, al final caían en la cuenta de que éstos eran espejismos. Todo era producto de su imaginación, pero ellos lo sentían tan real.

¿No les suena esto a lo que sucede hoy en el plano espiritual? Todos caminamos por un desierto; en los momentos en que dudamos, sentimos miedo, fracasamos o renunciamos al buen camino. Pero tú y yo, y todos aquellos que creemos en Cristo, sabemos que no estamos solos, y que en momentos de gran dificultad obtenemos consuelo en nuestro Señor, quien nos dice con gran amor: “No temas, pues yo estoy contigo; no mires con desconfianza, pues yo soy tu Dios; yo te he dado fuerzas, he sido tu auxilio, y con mi diestra victoriosa te he sostenido” (Is 41,10). Pero aunque transitamos todos por el mismo lugar, nos encontramos con personas que caminan por la vida como si fuera un desierto eterno y sin alivio. Van cargando rencores, poco o nada de amor en sus corazones, ninguna gota de esperanza, alejados de la fe y el amor de Dios, cada vez más exhaustos en el sendero hacia el futuro. Y así, cansados y agotados de atravesar un lugar tan poco habitable, sus ojos se nublan convirtiéndose en una presa fácil para todo aquello que “se viste” de Dios.

Es desafortunado decirlo, pero hoy existen miles de denominaciones cristianas y sectas que, tal como el espejismo del desierto, nos venden la idea de alcanzar la felicidad sin el sufrimiento, o con una idea de Dios que no es la verdadera. No obstante, nosotros sabemos bien que Jesús no nos prometió la vida eterna sin adversidades, sino más bien nos invitó a “negarnos a nosotros mismos y a cargar con nuestra cruz” (Lc 9,23). Esta idea que nos vende, sobre todo lo conocido como Nueva Era o New Age, es totalmente contraria a nuestra fe católica. Tengamos mucho cuidado, pues se encuentra disfrazada de algo bueno y positivo, pero ¿Sabes qué es lo más peligroso? Que ésta se nos presenta mezclada con verdades, de manera que hace más daño el agua diluida con un poco de veneno, ya que el veneno puro lo detectaríamos inmediatamente.

Un caso concreto es cuando se nos habla de los ángeles, algo que puede hacernos bajar la guardia, pues en nuestra fe hablamos de ellos. Sin embargo, lo que nos dicen allá afuera es de comunicarnos invocando sus nombres, que por cierto son bastantes y tampoco se encuentran en la Biblia, pues los reconocidos son los tres arcángeles: Miguel, Gabriel y Rafael. Llamar a cualquier otro “ángel” presenta un peligro, pues al invocarlos invitamos a quién sabe qué o quién en realidad.

Ahora bien, algunas de las ideas que maneja la Nueva Era son: 

1) Cada persona crea su propia verdad, es decir no existe el bien ni el mal, sino que lo que sucede forma parte de una etapa hacia una conciencia plena. 

2) La naturaleza participa de la divinidad, de manera que todo es “dios” y “dios” está en todo

3) Todas las religiones fluyen hacia el mismo punto; son iguales.

4) Hay personas que se comunican con “maestros” invisibles debido a su nivel de conciencia; éstos seres les revelan los secretos del cosmos. 

5) La reencarnación es necesaria para alcanzar un nivel alto de conciencia y volverse uno con la fuerza divina; ser “dios”.

Por supuesto que suena interesante y llegamos al punto de cuestionarnos: ¿Entonces sí puedo ser como Dios? ¿Una terapia de Reiki puede sanarme de tal o cual cosa? ¿Hacer yoga me dará la paz que tanto busco? De hecho, aclaremos algo que no muchos saben: la palabra yoga está tomada de la raíz “yuj” que significa unión. Y la pregunta es ¿unión con qué o quién? De acuerdo a lo que se dice es que así como dos pedazos de metal se funden en uno solo, la finalidad es abrir el “tercer ojo” y alcanzar una relación con el dios cósmico, pero la pregunta es ¿quién es ése? La respuesta se encuentra en la siguiente frase que bastante se ha pronunciado: “no existe el hinduismo sin yoga, así como no hay yoga sin hinduismo”. Por lo que practicar yoga no es solamente realizar posturas al azar para dolores de columna o mejorar nuestra figura, sino que va acompañada de ciertos niveles con una finalidad. Además, la Masonería -que es ampliamente condenada por la Iglesia bajo excomunión- promueve dicho ejercicio.

De manera que, día tras día, nos encontramos atravesando un desierto al cual llegamos cansados y sedientos de obtener finalmente agua fresca; de esa agua viva que nos llene de vitalidad y nos ayude a continuar el camino con menor dificultad. Pero ¿En qué oasis saciamos nuestra sed? ¿En un espejismo que no es más que arena, o realmente en aguas profundas e inagotables? Jesús lo dejó claro: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6). ¿Por qué buscarlo en aquello que no es verdad ni tampoco conduce a la vida eterna?

Muchos podrían decir “pero cuando yo fui aquí o allá me sanaron”, “al untarme tales aceites, prenderle la velita a tal ángel o conocer mi futuro, todo cambió”. No olvidemos que Satanás, al tentar a Jesús precisamente -en el desierto- ¡Le mostró y ofreció riquezas y poder! Pero nada le pertenece; él juega sucio. Puede prometerte un gran bien, pero la factura llegará tarde o temprano. Ya nos advertía nuestro Señor desde hace más de dos mil años: “Cuídense de los falsos profetas: se presentan ante ustedes con piel de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Ustedes los reconocerán por sus frutos” (Mt 7,15). Asimismo, el apóstol Pablo escribía: “En realidad son falsos apóstoles, engañadores disfrazados de Cristo. Y no hay que maravillarse, pues si Satanás se disfraza de ángel de luz, no es mucho que sus servidores se disfracen también de servidores del bien. Pero su fin será el que merecen sus obras” (2 Cor 11,13).

Yo quiero invitarte a que tengas cuidado, te informes y conozcas más sobre la postura de nuestra Iglesia Católica sobre todo tema que tengas dudas. Sabes, el camino a la santidad es atravesando el desierto, pero con los ojos puestos en Cristo; quien es el verdadero Camino, la Verdad y la Vida.

No te preocupes si en momentos te sientes desfallecer o a punto de rendirte, Dios está contigo. También quiero animarte a realizar un gesto que puede cambiar tu vida: en esta Semana Santa que se aproxima, y tomándolo como un hábito, vuélvete adorador eucarístico. Aunque sean 15 minutos diarios. Personalmente lo he puesto en práctica, y en ello he encontrado el oasis profundo e infinito que ha saciado toda mi sed, y sin embargo, sucede algo extraño: siempre quiero más. Una vez que conoces al Señor, buscarás más de Él. Precisamente, Él es el oasis que todos requieren en aquel duro desierto para colmar su necesidad, pero al distraerse o caer en lo que “parece ser” un refugio, jamás lo encuentran.

Cristo saciará tu sed, te lo aseguro. Él te ha esperado y aún te espera en algo que puede parecer un pequeño pedazo de pan. Y es ahí en donde se escapa de nuestro entendimiento. ¿Puedes creer que el Infinito, el Todopoderoso, el Alfa y Omega se ha quedado entre nosotros en un pedazo de pan? Y sin embargo, muy pocas veces le agradecemos tan inmenso regalo.

Sabes, solemos creer que encontrarse en el desierto es un castigo. No obstante, atravesarlo en compañía de Jesús nos llevará a su lado. Carguemos nuestras cruces y tengamos fe, pues como lo dijo nuestro Señor al Padre: “Yo les he dado tu mensaje y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los defiendas del Maligno” (Jn 17,14-15).

No busques la salida de aquel lugar ¡sino más bien al Señor; el oasis del agua viva!

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