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Pérez Arangüena: “El Papa está buscando el modo de unir, y se encuentra con gente que tira por otro lado”

Vamos a hablar de un insólito caballero que cumple ahora 500 años. Es el Caballero de Gracia. Para ello nos acompaña José Ramón Pérez Arangüena, autor, en colaboración con J. María Sanabria, de un libro sobre la vida de este personaje titulado “El Caballero de Gracia. Vida y leyenda”, editado por Palabra.

Jacobo de Grattis, se llamaba. ¿Quién era el Caballero de Gracia?

Caballero de Gracia fue un señor que ahora mismo va a cumplir 500 años. Tuvo una larga vida, murió a los 102 años, sorprendente. Vivió la mitad de su vida en Italia, y la otra mitad en España. Puesto a subrayar un aspecto, sería su capacidad de simpatía, de ganar amigos y personas, con las que establece contacto.

Muy buen diplomático.

Sí. Él es diplomático por su jefe, que es el futuro papa, Urbano VII, por entonces Jean Battista Castagna. Es el primer personaje con quien entra en contacto, y con el que va a estar 30 años como hombre de plenísima confianza, serán auténticos amigos.

Otro personaje relevante con el que tuvo buena relación relación, fue Felipe II, rey de España.

Probablemente el hombre que más poder ha atesorado en la historia.

Desde luego.

Y el tercer personaje al que le unió una buena relación, fue Lope de Vega, una de las cumbres de la literatura española.

La Iglesia, el Estado y las Artes.

Abarca todo. Es un hombre también de gran iniciativa y muy viajado, porque el estar al lado de Castagna visita una serie de capitales muy sonoras en aquel tiempo.

Cuando se establecen en Madrid la segunda vez que viene, a los dos años le llama Castagna y le pide que vaya con él a Colonia porque hay unas conversaciones muy importantes y tiene que ayudarle. Se quedan año y pico en Colonia, durante las conversaciones, que versan sobre la paz de Flandes, y no tuvieron éxito.Y cuando vuelve, se queda cuarenta años.

Colabora en dos hospitales, el Hospital de Convalecientes con Bernardino Obregón (un célebre personaje de entonces) y el Hospital de los Italianos, que lo más curioso es que estaba al lado de los despachos del Congreso de los Diputados. Es el edificio que está a la izquierda, mirando hacia el Congreso.

Tiene un colegio, que aún sobrevive, Nuestra Señora del Loreto, que lo funda y promueve, para niñas huérfanas, y que está al final de la calle O’Donell, pero que en su tiempo estaba en la calle Atocha.

Durante su primera estancia en España, tiene que ver con la actual Parroquia del Carmen.

Y cuando se establece definitivamente en Madrid, funda dos conventos religiosos en su casa. El primero fracasa y el segundo aún subsiste, pero las monjas están trasladadas a la calle Blasco de Garay. Y también, funda el actual Oratorio del Caballero de Gracia y la asociación que le da vida desde hace cuatro siglos y pico.

¿Cómo entras en contacto con este personaje?

Cuando soy nombrado vicerrector del Oratorio del Caballero de Gracia. Hace año y medio prácticamente sabía de su existencia y poco más.

De la calle y el Oratorio.

Me puse en contacto con ellos y me encuentro con José María Sanabria, el antiguo vicerrector, que ya tenía un libro sobre el Caballero de Gracia, con muchas notas a pie de página. Y yo, lo único que hago es hacer el texto más legible. Ya no queda ni una nota de estas.

Legible, con vistas al quinto centenario, que puede ser un modo de dar a conocer al Caballero de Gracia y el quinto centenario. Lo acabé en septiembre u octubre y se metió en producción en la editorial Palabra. Y ha salido en enero, un mes antes del centenario.

Es un personaje interesante. 101 años en esa época, ya es complicado. Tiene una vida activa muy potente, ahora también hablaremos de ella y de esas claves del lenguaje diplomático, que también nos vienen hoy hablando de la Iglesia y del papa Francisco. Un hombre que al final, se acaba haciendo sacerdote.

Se ordena sacerdote con 70 años. Y te preguntas por qué. No hay ninguna cosa escrita, pero después de leer la vida, él lo dejó bien dicho, se ordena a los 70 años para seguir teniendo actividad. Para poder seguir actuando apostólicamente, cosa que hasta el momento había hecho como laico, como caballero de capa y espada, como él se cita a sí mismo alguna vez.

Cuando se ordena sacerdote dice, “tengo 70 años y quiero seguir haciendo cosas. Ya no puedo seguir trabajando en la Nunciatura”, donde trabajó hasta los 75 años. Pensaba esto y todavía le quedaban 25 años en los que fundó la asociación, el Oratorio, etc.

El resto ya estaríamos más que cansados.

O muertos.

Claro, en aquella época la esperanza de vida era muy inferior a la actual.

Un poco posterior a él, el Conde Duque de Olivares, a los 45 años, escribe en una carta: “ahora que estoy entrando en la vejez…” Imagínate, a esa edad ya tenían la idea de que estaban llegando a viejos.

Hay una segunda parte curiosa, pero real, del Caballero de Gracia, que es su leyenda. La leyenda se la crea un señor llamado Antonio Capmani y Montpalau. Hay dos Antonios con el mismo nombre, uno es más famoso y es de finales del siglo XVIII y muere en Cádiz en las Cortes.

Y 50 años más tarde, se publica un libro con el mismo nombre y apellidos, pero no está claro si tienen parentesco, que escribe dos libros. Uno sobre las calles de Madrid y el otro es la “Historia del convento del Caballero de Gracia”

Se inventa todo lo que quiere. Hasta el significado del apodo, Caballero de Gracia. Le va poniendo chulapón.

Cuando en realidad el sobrenombre viene de la traducción de su apellido.

Efectivamente, Gracia viene de Grattis, y Caballero viene porque por su amistad con la hermana de Felipe II, Juana, madre de Sebastián de Portugal, que pidió para él el hábito de Caballero de la orden de Cristo. Fue investido caballero de la orden portuguesa.

Cuéntanos la leyenda.

Debía de ser una época de inventar leyendas. Al maestro Mateo también se la inventaron, por las mismas fechas.

A nuestro personaje, con ese nombre y este título de caballero, le ponen como un casanova. Como un Juan Tenorio. Al cabo de poco tiempo se piensa que se ha querido crear un Tenorio madrileño.

Hay otros que escriben alguna cosa más y está también el vals del Caballero de Gracia de la zarzuela “La Gran Vía”, que fue un éxito espectacular, y contiene la misma idea que se hizo popular.

Y así ha seguido la leyenda. Cuando preguntas, unos no tienen ni idea y otros te dicen directamente la leyenda: que era un casanova y un bon vivant. Y lo cierto es que era un bendito con una capacidad de relación y una iniciativa grandes.

¿Qué nos puede enseñar el Caballero de Gracia, como gran diplomático, en el momento actual? Y más en un momento en el que la Santa Sede del pontificado de Francisco aparece como el gran eje sobre el que pueden girar los equilibrios. Una época, cuando menos, difícil.

Como siempre, los cambios de época siempre son complicados. A él le pilló una curiosa desde el punto de vista diplomático. Estamos en en la Contrarreforma, él asiste a la tercera sesión del Concilio de Trento, y está en la concertación de la Liga Santa que llevará a la batalla de Lepanto. No hay documentación, pero un historiador afirma que hizo tres viajes a Roma desde Madrid y dos a Venecia. Y es lógico, pues era un hombre de enlace para concertar esa Liga santa, que luego llevó a la batalla de Lepanto, decisiva para evitar el peligro turco en el siglo XVI.

Es un momento muy delicado en el que se está rompiendo la unidad cristiana, con el Luteranismo, el Calvinismo, los turcos intentando ampliar terreno…

Era una época de choque. Ahora no estamos en choque. Podemos decir que estamos intentando unirnos, aunque ha salido un señor Trump en Estados Unidos, que vete a saber adonde nos quiere llevar.

Con el Papa como el único contrapeso posible para la versión más mala de Trump.

Y creando muros, o acabando de cerrarlos, porque ya existían. El papa Francisco está buscando el modo de unir. Acaba de celebrar hace una semana la Semana de Oración por la Unión de los Cristianos. Y se está encontrando con gente que va tirando por otro lado.

¿Qué ejemplo nos da? En la medida que es un diplomático de la Santa Sede en proceso de canonización, que ese es otro tema, puede ayudar a superar dificultades en el día de hoy.

Puede ser un patrón de los diplomáticos perfectamente. ¿Cómo está el proceso?

Parado. Bueno, más que parado, está perdida la documentación desde 1650. Porque el proceso empezó muy pronto, prácticamente muere en olor de santidad. Tirso de Molina escribe una obra de teatro uno o dos años después de su muerte. Era amigo suyo y le había cautivado. Alonso Remón, otro escritor conocidísimo, escribe su biografía al año siguiente.

El proceso lo empieza San Simón de Rojas y la última referencia que hay es de 1644, cuando se pierde toda la referencia a la causa de la beatificación. Un siglo más tarde, la asociación Eucarística intenta reactivar el proceso y pide la documentación. Y en el convento de los dominicos de Atocha, la documentación ha desaparecido porque ha habido un incendio, o porque se ha traslado una parte a otro sitio…, total, que no está.

Estamos intentando reactivar el proceso: hemos editado hojas informativas, tenemos una postuladora ya nombrada y una comisión de historiadores para que lo muevan. Los procesos históricos son así, ya no hace falta la documentación. Si no ha aparecido, vas por otro lado. Pero es una pena que no aparezca.

Está habiendo ya favores creando fama de santidad. Incluso hemos saltado al otro lado de los mares. En Colombia han llegado al menos dos favores, que no milagros. Pero sí favores. Esto significa que va creándose una cierta madre de fama de santidad.

Para la venerabilidad.

Efectivamente.

Y estáis preparando una serie de actos para el centenario, que casi se va a juntar con el otro centenario que decías, el de la muerte.

Este mes de febrero tenemos algunos. Por un lado, este mismo domingo ya viene a celebrar misa monseñor Martínez Camino. Y el 5 de marzo vendrá el cardenal de Madrid. Entretanto tenemos una serie de actos, el 24 y el 25. Y aparte, hay una exposición.

Está todo en la web, donde se puede se puede consultar el calendario de eventos y además se puede visitar el Oratorio del Caballero de Gracia, que es una preciosidad.

Doy fe porque, además, después del tiempo que llevo, me sigue llamando la atención las catorce columnas de seis metros de altas, monolíticas de granito, traídas hace hace 225 años, no sé cómo, que levantan un templo griego. Porque es literalmente neoclásico, de Juan de Villanueva. Es precioso. Y metió un elemento barroco, porque se lo pidieron, sin romper la perspectiva neoclásica, que es una cúpula.

Está en pleno centro de Madrid.

Es poco conocido porque la calle, caballero de Gracia, está por detrás de la Gran Vía. Aunque tiene una pequeña entrada justo al lado de los juzgados, en la misma Gran Vía, pero que no se aprecia. Todo el mundo se admira de su belleza cuando la conoce.

Una de las perlas desconocidas de Madrid.

José Ramón, muchísismas gracias. “El Caballero de Gracia”, editado por Palabra en el quinto centenario de su nacimiento y casi en puertas del cuarto centenario de su fallecimiento. Un hombre que vivió 102 años y que tuvo mucho que ver en el desarrollo de la España y de la Iglesia del siglo XVI.

Y del Siglo de Oro también, por la parte literaria.

Por la parte de Lope y de Tirso. José Ramón, un placer.

A ti.

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