Editorial 

El revanchismo, ¿vale la pena? (Parte 2)

Por Mónica Suriano | Colaboradora Editorial.

 

En esta sociedad acelerada se nos ha ido la capacidad de disfrutar de momentos tranquilos de ser uno más, entre todos; de festejar, convivir, de no compararse, y alegrarse de compartir buenos momentos con otros. Y esto es porque en una sociedad consumista, el materialismo exacerbado como fuente de ser, llama al aceleramiento, y el aceleramiento a la ansiedad y el agobio. Pero hay que recordar que no se trata de tener pero de ser, no es tener más cosas, tenerlo todo, es ser mejor persona, ser mas todo.  Pero a veces puede ser que nuestra envidia, o nuestro deseo de dominar, revanchismo y muchas otras cosas más, nos dominan y queremos tirar para abajo al que está arriba.

No es tema de marxismo, que promueve el odio y la lucha de clases, ojalá así lo fuera de fácil, ahora con un pasmo de buen humor hay que pensar que es un revanchismo máximo “mutante”, adonde nos viene de todas las esquinas, de todas clases sociales por querer “tener”, ser mas, sin merecerlo, y por el relativismo moral que nos ha atacado en todas partes. Y francamente tampoco es paranoia, lastimosamente, a veces, es “sana” paranoia pues nos termina traicionando gente culta, “correcta” y “moral”, que ha entrado en la doblez. Hay una especie como de personas que se enciman o se inflan con aire, y entran en la vida de los demás y no dejar vivir y dejar que los demás vivan lo que han cosechado. Hemos hecho una sociedad adonde muchos le echan la culpa a los demás, muchos se excusan para todo, muchos toma la culpa de nada (de su vida, ni de matrimonio, ni de su familia, ni de su trabajo, ni de su vida social, civica etc), y muchas veces después de todo queremos salir en “caballo blanco”, y falsamente a veces con una pseuda (falsa) luz.

Hay que empezar a ponerse el dedo a uno mismo y empezar a cultivar la vida que es hacer el mundo mejor, hacer el bien al mundo, quererte a ti mismo y a los demás, tener la vida más completa y rica que puedas, no envidiar las glorias ajenas, reconocer nuestros errores y las decisiones que tomaste, alegrarse por el bien de los demás, y seguir tu propia estrella (aunque no siempre “brilles”, hay luz y sombras en la vida) y si te la arrebatan tu “proyecto integral de vida”, como dijo Madre Teresa de Calcuta, “no era para “ellos””, era entre Dios y tú de todas formas” y sigues adelante. Solo así crearemos una sociedad adonde si todos se apuntan el dedo a sí mismos, reina la paz, la justicia, la caridad, la alegría y la concordia.

Por qué todos tenemos estrella, todos tenemos la misma dignidad, somos ciudadanos del mundo, y lo que uno tiene no lo tiene el otro, nadie puede “gloriarse” ante los demás, y todos tenemos nuestra propia aventura e historia que recorrer. Seamos luz para los demás, ejemplo de personas buenas que sacan adelante su vida y contribuyen al bien común, no estrellados, ni revanchistas, ni resentidos, cosechemos lo que hemos sembrado con trabajo y espíritu de servicio, y seamos medicina saludable para los demás, fermento para la masa y que los demás digan  “que bien se esta contigo!” Porque sos un hombre de paz, y de una alegría verdadera.  Y si nos hacen daño, ofrézcamoslo y nunca acudas a la revancha. Para los resentimientos el mejor antídoto, es pensar que la vida no nos debe nada, perdonar al que nos ofende, y dar ejemplo, “vida nada te debo, vida nada me debes, vida estamos en paz.”

Articulo relacionado:

El revanchismo, ¿vale la pena? (Parte 1)

POST RELACIONADOS

Leave a Comment