Evangelio 

Evangelio del día Domingo 26 de Febrero

Octavo Domingo del tiempo ordinario.

Santos del día: San Alejandro de Alejandría, Beata Piedad de la Cruz.

† Lectura del santo Evangelio según San Mateo 6, 24-34.

Dijo Jesús a sus discípulos:
Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero.
Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?
Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos?
¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida?
¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer.
Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos.
Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!
No se inquieten entonces, diciendo: ‘¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?’.
Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.
Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura.
No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.

Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

 

Reflexión del Papa Francisco

Dios no se olvida de nosotros, de ninguno de nosotros, ¿eh? De ninguno de nosotros, nos recuerda con nombre y apellido. Nos ama y no se olvida. Que hermoso es pensar en esto.

“Miren los pájaros del cielo –dice Jesús- ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta.… Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos.” (Mt 6,26.28-29).

Pero pensando en tantas personas que viven en condiciones de precariedad, o incluso en la miseria que ofende su dignidad, estas palabras de Jesús podrían parecer abstractas, si no ilusorias.

¡En realidad son más que nunca actuales! Nos recuerdan que no se puede servir a dos patrones: Dios y la riqueza. Mientras cada uno busque acumular para sí, jamás habrá justicia.

Debemos escuchar bien esto, ¿eh? Mientras cada uno busque acumular para sí, jamás habrá justicia. Si en cambio, confiando en la providencia de Dios, buscamos juntos su Reino, entonces a nadie faltará lo necesario para vivir dignamente.

Un corazón ocupado por la furia de poseer es un corazón lleno de esta furia de poseer, pero vacío de Dios. Por eso Jesús ha advertido varias veces a los ricos, porque en ellos es fuerte el riesgo de colocar la propia seguridad en los bienes de este mundo, y la seguridad, la seguridad definitiva, está en Dios.

En un corazón poseído por las riquezas, no hay más espacio para la fe. Todo está ocupado por las riquezas, no hay lugar para la fe.

Si en cambio se deja a Dios el lugar que le espera, o sea el primer lugar, entonces su amor conduce a compartir también las riquezas, a ponerlas al servicio de proyectos de solidaridad y de desarrollo, como demuestran tantos ejemplos, también recientes, en la historia de la Iglesia.

Y asi, la Providencia de Dios pasa a través de nuestro servicio a los demás, nuestro compartir con los demás. Si cada uno de nosotros no acumula riquezas solamente para sí sino que las pone al servicio de los demás, en este caso la Providencia de Dios se hace visible como un gesto de solidaridad.

Si en cambio alguien acumula solo para sí, ¿qué le pasará cuando será llamado por Dios? No podrá llevarse las riquezas consigo porque -sepan- la mortaja ¡no tiene bolsillos!

Es mejor compartir, porque solamente llevamos al cielo aquello que hemos compartido con los demás. (Reflexión antes del rezo del Ángelus, 02 de marzo de 2014)

Oración de Sanación

Mi Señor, Tú enseñas las cosas de manera sencilla y clara, directo pero amoroso, me invitas a vivir el desprendimiento porque que bien sabes que no vale la pena que yo me desgaste inútilmente por cosas pasajeras.

Quiero vivir confiado en tu Palabra, abandonado a tu divina Providencia en la que me aseguras que si a las aves del cielo nada les falta, cómo podré pensar yo que quedaré apartado de tus bendiciones.

Señor mío, ayúdame a vivir con espíritu de pobreza, a vivir más confiado en tu amor de Padre. Necesito sintonizar mi corazón al Tuyo, aspirar a los bienes de tu Reino y no aquellos que van y vienen como el viento.

Enséñame a vivir una vida austera. Que pueda aprender que tengo y debo atesorar momentos preciosos, no para esta vida, sino para aquella que me tienes guardada en el Cielo

¡Quiero amarte verdaderamente Señor mío!, no sólo proclamarte con mis labios, sino también con mi mente, mi corazón y mis acciones. Ayúdame a estar en sintonía con tu amor

Quiero descansar en Ti y no vivir agobiado por los afanes del mundo. Tú me creaste, soy tu imagen y semejanza, ¿de qué puedo temer si me cuidas más que a los lirios del campo?

Te necesito para seguir adelante, apártame del peligro y aléjame de la tristeza que mata la esperanza, crea angustias y envenena el alma

Cuento con tu bendición que me lleva a desechar toda circunstancia de aflicción que quiera venir desvincular mi corazón del tuyo. Te amo. Amén

Propósito para hoy

Rezaré la Coronilla de la divina misericordia como reparo a las ofensas a Jesús Sacramentado

Frase de reflexión

“Donde haya odio y oscuridad, pongamos un poco de amor y de esperanza, para darle un rostro más humano a la sociedad”. (Papa Francisco)

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