Editorial 

El revanchismo, ¿vale la pena? (Parte 1)

Por Mónica Suriano | Colaboradora Editorial.
Creo yo que este país está cansado de revanchas y venganzas, de falta de espíritu de servicio, alegría y amor al trabajo, cuando antes nos caracterizaba tanto. Una persona ética que respeta a los demás con responsabilidad social en El Salvador puede terminar, disculpen la terminología a los no cristianos, “cruficados”, bullied, ridiculizado, envidiado, juzgado y marginado.

¿Cuándo se convirtió nuestra sociedad en un ambiente tan ambivalente, como no respetar a los demás, ser “Dios” si somos criaturas y si todos somos ciudadanos del mismo país?

Por un relativismo moral mal entendido (porque no hay que confundir la moral con ser inflexibles, la virtud es flexible), nos sobran las excusas de revanchas, tú me hiciste esto, yo te hago lo otro: “porque este tiene más que yo”, “porque este tiene algo que yo no tengo”, “porque este hace 10 o 5 años me hizo esto” “porque yo nací para dominar a los demás”, ¿y te has puesto a pensar que “dominarías”? ¿Una revolución de odio, envidia, feudalismo, totalitarianismo o una revolución de Amor, Responsabilidad, justicia, caridad y solidaridad? A veces queremos liderar por “tener más” por venganza, “me has hecho mucho daño con tu manera de actuar y lo pagaras antes o después, sea como sea.” O con palabras de Lersch: “En la venganza existe siempre un ajuste de cuentas. Su motivación dice así: “Tú me has hecho este daño y debes pagar por él. Solo sabiendo que el otro sufre igual desgracia, el mismo daño queda aliviada la conciencia del mal sufrido.”

En estos casos, por tanto, la reacción incluye la intención de la realizar una acción semejante a la recibida. Es cierto que el resentimiento suele aparecer como reacción a un estímulo negativo que hiere el propio yo, y ordinariamente se presenta en forma de ofensa o agresión. “Evidentemente no toda ofensa produce un resentimiento, pero todo resentimiento va siempre precedido de una ofensa.” (Francisco Ugarte Concuera).

Pero lo que importa es nuestra reacción. Me parece que si sufres una injusticias lo dediques a algo bueno y que de esta prueba saques virtudes más probadas y verdaderas. No tomar el revanchismo pero dejar que todo caiga y ponlo en las manos de Dios. También sugiero no caer en esta actitud de una forma muy inversa y desviada sin analizar tus acciones, “¿Si Dios conmigo, quien contra mí?”. No hay que ser “justicieros” y cometer una injusticia. Me parece que lo mejor es no tomar el revanchismo pero fortalecer tus virtudes, y ponerlo en las manos de Dios. Y lo importante en este momento es evitar el resentimiento, para que el ofendido no quede resentido ante la injusticia, hay que disculpar, siempre hay una excusa que puedas hacer para tu prójimo decía San Juan de la Cruz, de primero puede ser. “que no conoce a Dios, que nadie le ha explicado, no sabemos que noticia ha recibido hoy o en los últimos años, que se ha de sentir muy mal y le cuesta expresar su tristeza, embotellado y resentido, que necesita guía y consejos de personas ejemplares con virtudes, etc.” “y de ultimo si no se te ocurre ninguna razón, por la cual deberías disculpar a tu prójimo debes de asumir “la tentación fue tan grande que cayo.” (San Juan de la Cruz)

Y “perdonar las ofensas representa, en cierto modo, lo más divino que puedan realizar los hombres. No se queda solo en una obra de misericordia, pero también es condición y plegaria para que Dios remita nuestros pecados.” (Mons. Echeverría)

¿Que, si es para que seas perdonado, redimido, una acción de enmienda para Dios, más bueno, más integro, más transparente, más honrado, más honesto, más recto, y más sincero contigo y los demás? Y vaya dichosa alegría, que en esos días vas mejorando cada día más desde adentro hacia afuera. ¿Es una medicina amarga, un sufrimiento, un mal rato, pero te aseguro que luego la vida te corrige y serás más generoso con Dios y los demás? Y por generosidad, me refiero a poder decir “que estos frutos que he cosechado caigan para el bien de los demás, para un mundo mejor, para los que más lo necesitan, no solo para mí y los míos.”

Renunciemos al revanchismo, y como dice un antiguo refrán “El respeto al derecho ajeno, es la paz.”

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