Editorial 

El poder del amor

Por Brenda Figueroa | Colaboradora Editorial.

Quienes viven el amor, y lo comparten con los demás, son realmente felices. Me parece sorprendente la manera en que el amor puede nutrir una vida, y tal como una flor, hacerla florecer hasta su más bello punto. De hecho, existen diversos casos reales de lo que el poder de un gesto lleno de cariño y afecto pueden hacer en los demás y en nosotros mismos. ¿Habrías imaginado que un abrazo o una caricia tienen el poder de salvar de la muerte a un ser humano?

Un ejemplo impresionante es el de Rene Spitz, un psiquiatra y psicoanalista nacido en 1887. En la década de 1940 Spitz realizó un estudio que tendría alta trascendencia, en el que siguió por varios años a una serie de bebés que habían sido puestos en orfanatos. Él llamó este proyecto el “confinamiento solitario”. Esto conllevaba que los niños pasaban su tiempo en las cunas las cuales divididas por sábanas que colgaban de lado a lado, sólo dejaban ver el techo. Cada algún lapso de tiempo, una enfermera pasaba a revisar cómo estaban y les dejaba un biberón de leche. Aunque la higiene de estos hogares era impecable ¡El 37{877fa90fb66d13693bfcb7b05cf413ae046a24ac160df0ab17629c38bb23c4c7} de los bebés en estos lúgubres hospitales murieron! 1

Entonces, el psicoanalista Spitz decidió comparar a este grupo de bebés de los que se habló anteriormente, con bebés que crecieron con sus madres pero en prisiones: en esos casos ninguno murió. En efecto, pruebas más adelante mostraron un mejor desarrollo físico e intelectual. Concluyendo con ello que no se trataba de la higiene o del alimento, sino del cariño que brinda el cuidado maternal. De manera que el estudio de Spitz fue comprobado de nuevo en el 2007, cuando se comparó el crecimiento de bebés en orfanatos con bebés bajo el cuidado de padres adoptivos.2 

Se llevó a cabo en Rumania, y sólo se estudiaron a niños sanos para eliminar la posibilidad de que los resultados fueran afectados por defectos genéticos. ¿Lo más impresionante? Los resultados coincidieron con lo descubierto por Spitz. Los niños que fueron adoptados crecieron más rápido y alcanzaron niveles de IQ nueve puntos más altos. Sin embargo, el 55{877fa90fb66d13693bfcb7b05cf413ae046a24ac160df0ab17629c38bb23c4c7} de los niños en orfanatos desarrollaron algún tipo de enfermedad mental a diferencia de sólo el 22{877fa90fb66d13693bfcb7b05cf413ae046a24ac160df0ab17629c38bb23c4c7} de los niños adoptados. Es decir, los niños adoptados crecieron con menos ansiedad, depresión y con mayor habilidad para poner atención.3

¿Qué nos demuestra lo anterior? En realidad pone de manifiesto que el amor nos da vida; un beso, un abrazo, una mirada llena de cariño, una caricia, una palabra de amor. Todo tiene sentido si recordamos que Dios es el Amor mismo, y al hacernos a su imagen y semejanza, nos ha querido dotar de esa capacidad de dar y de recibir amor puro. Además, Jesucristo resumió los diez mandamientos en dos importantísimos: “Amarás a Dios sobre todas las cosas, y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. En ambas se requiere amar. Por supuesto que él sabía mejor que nadie lo que el ser humano necesita para ser realmente feliz y pleno. Vivir el amor y compartirlo.

San Pablo en su carta a los Corintios, nos dice en el capítulo 13,1: “Aunque hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe”. Y así continúa ejemplificando sobre lo mucho que importa el amor sobre todo lo demás. De hecho en el versículo 8 agrega: “El amor nunca pasará”. De manera que, aquellos que dicen “es que ya no siento nada por él/ella” me pregunto, ¿Sabrán lo que es el amor? Si San Pablo nos dice que el amor no pasará, entonces ¿Por qué lo que ciertas personas sienten sí? Sólo hay una explicación: no es amor real, verdadero, puro lo que experimentaron. Un día leía una frase de gran verdad que decía, “El amor no es un sentimiento, es una decisión”. Y es cierto. Al ser una decisión no se basa en los altos y bajos de mi humor, de mis deseos, de mis caprichos, pues esos van y vienen.

El amor es una decisión; de seguir luchando en la prueba; de seguir a flote a pesar de la tempestad; de amar aunque no crea que tal o cual persona lo merece. Pues en este último punto, reflexionemos algo: si amáramos por mérito viviríamos en mundo de tinieblas. Hasta Dios mismo nos ama aunque estemos muy, muy lejos de merecer su afecto, su cariño, su atención. En la primera carta de Juan, en el capítulo 4, 18-20 encontramos sabiduría: “En el amor no hay temor. El amor perfecto echa fuera el temor, pues hay temor donde hay castigo. Quien teme no conoce el amor perfecto. Amemos, pues, ya que él nos amó primero. Si uno dice “Yo amo a Dios”, y odia a su hermano, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve”.

Ahora te pregunto, ¿Quieres cambiar el mundo? Comienza amando a quienes están en tu entorno más próximo. Ama y respeta a tu esposo, a tus padres, a tus hijos; abrázalos, bésalos, diles y demuéstrales cuántos los amas. Sonríe a tus vecinos, con quienes te encuentren en tu diario andar. Tienes el poder a tu alcance, sólo hace falta que lo decidas y hagas uso de él. Pues con un gesto que podría parecer tan pequeño, el mundo puede volverse poco a poco el paraíso en la Tierra.

Tal como dice aquella frase: Amen. Así, sin tilde.

 

1 MARTÍNEZ, A. (2014) INFORME 21. RECUPERADO DE: HTTPS://INFORME21.COM/AMOR/UN-ESTUDIO-MOSTRO-QUE-LOS-BEBES-QUE-NO-RECIBEN-AMOR-TIENDEN-A-MORIR

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